“Diría que siempre he hablado de la libertad. Sobre todo, de la libertad de las mujeres para hacer su propia vida. En el fondo, es lo que siempre me preocupó desde que era niña: hacer lo que yo quería, y hacerlo como yo quería. Esto no era fácil para las mujeres. Sigue sin serlo”. Estas fueron las palabras de Josefina Molina, un enero de hace nueve años, al ser homenajeada por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España con el Premio Goya de Honor 2012.

En este reconocimiento individual quiso acordarse del colectivo. De todas las compañeras que estuvieron antes y de todas aquellas que estaban buscando su camino hace casi una década. No es fácil ahora, hace diez años lo era aún menos. Cuando Josefina Molina comenzó el suyo propio, a finales de los años sesenta, en una sociedad compleja, era casi imposible. Pero logró diplomarse en Dirección en la Escuela Oficial de Cine, convirtiéndose así en la primera mujer en hacerlo en España. Corría el año 1969, otras tres mujeres estaban ingresadas en la academia y muchas otras tenían la firme determinación de derribar las barreras impuestas históricamente para dedicarse a aquello que amaban.

El cine, en el caso de Josefina. Lo supo con 15 años, contaba con su nombre ya grabado en este Goya. Lo que no podía saber era que terminaría convirtiéndose no solo en un referente: también en la mujer que abrió el camino para muchas otras.

Literatura, imagen, historias y música

Josefina Molina nació el 14 de noviembre de 1936, en Córdoba, en el seno de una familia de clase media acomodada. Pese a la terrible época en la que creció, Josefina tuvo la fortuna de tener un desarrollo completo como estudiante. Llegó a licenciarse en Ciencias Políticas. Podría decirse que de poco sirvió esta carrera universitaria, teniendo en cuenta la trayectoria posterior de la directora. Pero lo cierto es que sus inquietudes y sus intereses encajan bien con esta decisión inicial. También con la época en la que tuvo que tomarla.

Más adelante, dio un paso igualmente fraguado en su interior desde la adolescencia. Desde que empezó a disfrutar de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, desde que empezó a asistir a charlas cinematográficas y teatrales, desde que vio El río de Jean Renoir, en pantalla grande. Josefina Molina quería contar historias y encontró en el cine el escenario perfecto para ello. No en vano, según sus propias palabras este arte era la conjunción única de “literatura, imagen, historias y música”.

Palacio de Viana, Córdoba

Josefina Molina creció a la sombra de las flores de Córdoba | Shutterstock

Llevada por esta pasión fundó en Córdoba, a principios de los sesenta, el Teatro de Ensayo Medea. Este grupo teatral no sólo llevó a cabo diferentes representaciones que animaron la vida cultural de la época. También apostó por la puesta en marcha de conferencias y talleres relacionados tanto con el teatro como con el cine. Josefina Molina ya despuntaba entonces por su conocimiento y por su mirada. Y al final decidió explotar esa mirada. En un momento en que las mujeres no se ponían detrás de las cámaras, Josefina Molina lo dejó todo para apostar por un futuro incierto, soñado y amado.

De su etapa en la Escuela Oficial de Cine se han conservado numerosos recuerdos que explican la dirección que tomaron sus trabajos posteriores, una vez graduada. Una nueva forma de dirigir y una mirada claramente feminista que pone de manifiesto la que ha sido siempre su gran preocupación: el papel de la mujer en el cine. Por un lado, delante de las cámaras, pues las mujeres, en sus películas, son protagonistas. Por otro, detrás de éstas, pues ella, mujer, era quien quería dirigir sus historias.

La primera, la primera de muchas

Función de noche, con Lola Herrera

Función de noche, con Lola Herrera

Directora, guionista, realizadora de cine y televisión, directora también de teatro. Josefina Molina tiene en su filmografía dos decenas de producciones, entre las que destaca la fantástica Función de noche. Tuvo mucho que contar, pero se retiró pronto, quizá para dejar paso a las nuevas generaciones. Sigue, sin embargo, estando ahí. Trabajando por y para el cine desde el nuevo lugar que ocupa como referente, como guía, como mujer cineasta alabada por crítica y público. La primera también, por cierto, en recibir el Premio Nacional de Cinematografía, otorgado por el Ministerio de Cultura y Deporte. Fue en 2019. En su veredicto, hablaron de subsanar una deuda histórica.

Se reconoce orgullo en Josefina Molina cuando habla de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales, conocida simplemente como CIMA. Ayudó a fundar, en 2006, esta comunidad de la que ahora es Presidenta de Honor. Una comunidad que logró que se cambiara “el aislamiento” por “la solidaridad”. También son sus palabras.

Josefina Molina

Josefina Molina ha dedicado su vida al cine y a las mujeres. Al primero, su guía, su todo, una carrera profesional reconocida con la que, en los últimos años y como ya se ha dicho, se han saldado deudas históricas. A las mujeres, a quienes siempre ha puesto por delante. En parte para tratar así de equilibrar la balanza de desigualdad que existía en todos los ámbitos, y en parte porque eran las protagonistas de las historias que quería contar. A las mujeres, a quienes dedicó sus películas, sus proyectos, a quienes ayudó a unir. A quienes sirvió de modelo, de ejemplo, de maestra y de compañera. Inmortal Josefina, la primera de muchas.

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