María Isabel de Braganza, lo que pudo ser y no fue

María Isabel de Braganza

El día que murió Isabel de Braganza, a los 21 años de edad, todavía quedaban once meses para que el proyecto al que dedicó los últimos meses de su desdichada vida se hiciera realidad. Murió rodeada de extraños que, más allá de su vientre, nunca tuvieron un interés sincero por ella. Murió sin imaginar que tres siglos más tarde miles de personas suspirarían por visitar aquello por lo que luchó.

El día que falleció Isabel de Braganza, se llevó consigo la posibilidad de tener en lo más alto una mujer impulsora de la cultura. Entendida e interesada, comprendida y comprensiva con los artistas. Fue uno de los escasos escenarios en los que se encontró cómoda, en los que se encontró a sí misma. Exiliada, condenada a contraer un matrimonio político, ignorada y, al final, abandonada, María Isabel de Braganza no tuvo una vida feliz. Su historia, sin embargo, está ligada a uno de los mayores orgullos de este país.

 

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