El temerario Lupercio Latrás

Encargado por la Corona de prevenir una posible invasión de los protestantes franceses, en 1573 el Señor de Latrás se despeñó con su caballo mientras inspeccionaba las fortificaciones de la zona de Canfranc. Al encontrarse sus hijos mayores combatiendo en el extranjero, la viuda quedó sola para educar a su hijo menor.

felipe II
Felipe II

Fuera por la ausencia de la figura paterna, por la debilidad materna o por su propia genética y tramas infantiles, lo cierto es que Lupercio Latrás demostró un carácter violento y aventurero durante sus correrías juveniles por el valle familiar de Hecho. A los veinticuatro años fue condenado por el homicidio de varios lugareños, escapándose al monte, donde se convierte en bandolero.

papa sixto V
Papa Sixto V

Tras cuatro años de correrías como bandido, cruzó al otro lado de los Pirineos recogiendo información militar sobre los protestantes franceses de la región francesa de Bearn (que amenazaban con invadir Aragón) haciéndosela llegar a las autoridades aragonesas al servicio del rey Felipe II.

Esos servicios y las influencias de su hermano mayor —y nuevo Señor de Latrás— permitieron que Lupercio fuera perdonado por el rey Felipe II, tanto por los homicidios como por los robos. A cambio del perdón Lupercio debía reclutar y pagar a una tropa integrada unos doscientos turbulentos montañeses a cuya cabeza debía de dirigirse hasta la isla de Sicilia donde debían incorporarse al Tercio allí estacionado. Con la ayuda financiera de su hermano y con la autoridad entre ese colectivo por sus pasados golpes de mano, así lo hizo; esta solución tenía una doble ventaja, alejar al joven de Aragón y junto a él a la peor calaña del Pirineo, aportando aguerridos personajes a una zona amenazada de invasión por los turcos. Adicionalmente, como muestra pública de arrepentimiento, Lupercio viajó como peregrino desde Sicilia hasta Roma; allí sus contactos en las altas esferas vaticanas le consiguieron una audiencia privada para pedirle personalmente perdón al Papa Sixto V por sus pasadas fechorías.

alvaro bazan
Álvaro de Bazán

Cansado de la inactividad de Sicilia, en 1587 Lupercio solicitó ser enviado a la guerra de Flandes. Pero durante la navegación su nave fue desviada a las islas Azores. Allí se unió a la Flota de Indias en su viaje de regreso hacia Portugal. Tras un temporal el barco de Lupercio fue acusado de no haber obedecido las ordenes recibidas y haber evitado su obligación de auxiliar a la nave capitana. Por ello en enero de 1588 fue puesto bajo arresto en la casa del almirante Don Álvaro de Bazán.

Indignado por lo que consideró una injusticia, Lupercio desertó y regresó a Aragón. Allí organizó una partida de bandoleros que se ofrecieron como mercenarios a Rodrigo de Mur, lugarteniente del conde de Ribagorza (el principal aristócrata y terrateniente de Aragón).

A causa de las guerras de religión y de la continuada tensión en Francia, el territorio pirenaico resultaba vital para la defensa de Aragón, razón por la que el rey Felipe II trataba de hacerse con su control directo del condado de Ribagorza, pues desconfiaba de la lealtad del conde. Para ello el rey estaba apoyando las reclamaciones de los campesinos del condado de Ribagorza, que habían llegado a sublevarse contra su Señor natural el conde. Por su parte, el conde de Ribagorza apoyaba a los pastores cristianos viejos de su condado, que estaban enfrentados a causa de los derechos de pastoreo con los moriscos de la ribera del Ebro.

En abril de 1588 —junto al también aristócrata zaragozano Antonio Martón participó en el saqueo y las matanzas de la población morisca de los pueblos de Codo y Pina de Ebro. Éste último pueblo pertenecía al Virrey lo que motivó una feroz persecución que acabó con la detención y ejecución de su colega Martón.

En represalia, Lupercio Latrás y su partida trataron sin éxito de conquistar la plaza fuerte de Barbastro. Al recibir un mesaje pidiéndole auxilio Rodrigo de Mur, se dirigió hacia el castillo de Benabarre, donde el lugarteniente del conde de Ribagorza trataba de defender la fortaleza del asedio de los vasallos ribagorzanos rebeldes. Para cuando llegó Lupercio a Benabarre, ya se había pactado una tregua.

castillo benabarre
Castillo de Benabarre
castillo de ainsa
Castillo de Ainsa

Seguidamente, con su partida de unos 50 hombres se dirigió al castillo de Aínsa. Ante la imposibilidad de tomar al asalto esa fortaleza con sus escasos efectivos, se dirigió al alcaide proclamando que se le dejara entrar con sus hombres porque venía de parte de la Diputación de Aragón en una actuación destinada a defender los fueros de Aragón frente a las intromisiones por parte del rey Felipe II. De éste modo Lupercio consiguió hacerse con el castillo de Aínsa y con los caudales allí depositados.

Esa hazaña le brindó una fama y popularidad entre los partidarios del conde de Ribagorza, pero también motivó que el Virrey pusiera precio a la cabeza de Lupercio Latrás. Envalentonado por su éxito y su celebridad, Lupercio empleó su dinero y prestigio para reunir un pequeño ejército con el que se dirigió desafiante hacia la ciudad de Zaragoza. Consiguió acercarse hasta el pueblo de Zuera, en donde Lupercio clavó un pasquín en el cual se proclamaba que era ahora él quien ponía precio a la cabeza del Virrey de Aragón.

lupercio de aragon

El Gobernador de Aragón organizó una unidad represiva que fue persiguiendo al pequeño ejército de Lupercio Latrás hasta conseguir coparlos en el pueblo de Candasnos. Durante el combate murieron la mayoría de los forajidos, ejecutándose inmediatamente a los ochenta compañeros que cayeron prisioneros. Lupercio y algunos de los suyos consiguieron huir al condado de Ribagorza, refugiándose en el castillo de Benabarre. Hasta allí lo persiguieron las tropas del virrey, que asediaron la fortaleza. Lupercio Latrás sobornó a algunos de los sitiadores, consiguiendo escapar.

Durante algunos meses estuvo tratando de reclutar seguidores, pero la oferta de perdón regio para cualquiera que lo denunciase lo aisló completamente. Sin opciones, recurrió a su hermano mayor, que le dio dinero para escapar a Francia; allí de nuevo acudió al recurso de reunir información para hacersela llegar al rey Felipe II y así conseguir el perdón regio; lo mismo hizo después en Inglaterra.

alcazar de segovia
Alcázar de Segovia

Tuvo éxito, consiguiendo enviar información pero antes de ser autorizado a regresar a España volvió a aburrirse o a quedarse sin dinero. Por ello Lupercio Latrás se enroló en un barco corsario inglés que zarpó para atacar naves castellanas que navegasen por el mar Cantábrico. Pero su nave corsaria fue sorprendida por una tormenta, embarrancando en una playa de Santander. Los corsarios fueron apresados y Lupercio fue enviado al Alcázar de Segovia. Allí fue ejecutado por orden de Felipe II en 1590.

Texto de Ignacio Suárez-Zuloaga e ilustraciones de Ximena Maier.

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