La Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico Nacional sirvieron este pasado lunes como ejemplos de cómo limpiar el coronavirus de edificios patrimoniales sin dañarlos. Fueron miembros de la UME, Unidad Militar de Emergencias, colaborando con restauradores del Ministerio de Cultura los responsables de esta acción destinada a enseñar el proceso. Una actuación que siguió el Plan Nacional de Emergencias y Gestión de Riesgos en Patrimonio Cultural. Con ello pretenden evitar la destrucción de patrimonio mientras se desinfecta de cara a la inminente reapertura de estos espacios culturales, así como a la vuelta total del turismo en julio.

En total participaron en el ejercicio 36 militares y 12 restauradores. Los profesionales se dividieron en equipos para abarcar todo el espacio. En este caso, primero se aplicó una mano de agua y luego otra de solución hidroalcohólica, con etanol al 70%. La coordinación de este plan de emergencias corre a cargo de un perfil técnico, Ángel Luis de Sousa. El experto cuanta que los desinfectantes más típicos, como el cloro, son altamente corrosivos. Lo mismo ocurre con la lejía. Usarlos en ciertos materiales puede llevar a daños irreparables en «roca o metal». Por su parte, precisa que el etanol es más suave pero no inocuo.



Ángel Luis de Sousa indicó que el tipo de emergencia actual cogió por sorpresa. Por ello, todavía hay que plantear cada cuánto tiempo habrá que aplicar desinfecciones. También cómo tratar a obras de arte delicadas, como cuadros o libros, de ser necesario. En todo caso, de momento han querido asegurar la integridad de monumentos que van de los teatros romanos de Mérida o Regina a las catedrales de Santiago o Sevilla. También a los espacios museísticos, como el Prado o los fumigados ayer, que pueden abrir con aforo limitado desde fase 1.

La Junta de Castilla y León ya mandó consejos la semana pasada. Dedicados especialmente al arte sacro que se puede hallar en templos, anticiparon el peligro que por ejemplo la vuelta de las misas podían traer. En todo caso, el Plan Nacional de Emergencias y Gestión de Riesgos en Patrimonio Cultural ha demostrado su eficacia en otras ocasiones. Fue creado en 2010 tras acaecer la experiencia de Cultura y Ejército de Tierra en la gestión de daños del terremoto de L’Aquila, Italia. El seísmo de Lorca, en Murcia, sirvió como una exitosa prueba de fuego y desde entonces el plan se coordina con diversas agencias para asegurar la supervivencia del patrimonio nacional.