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El Cristo más alto de España

El Cristo de Otero

Para contemplar el Cristo más alto de España, que cuenta con 21 metros de altura, debemos acudir a la ciudad de Palencia, de la que es emblema. Vamos a conocer un poco más a esta figura imponente que domina la llanura palentina desde las alturas de un cerro.

La historia del Cristo más alto de España

El 15 de junio de 1930 se puso la primera piedra de esta obra escultórica gigantesca, y para febrero del año siguiente, tras apenas ocho meses de trabajos, ya estaba listo el Cristo del Otero, que pesó al nacer 392 toneladas. Curiosamente, 1931 es el año también de la inauguración del famoso Cristo del Corcovado en Río de Janeiro, con el que es inevitable hacer comparaciones.

El Cristo del Otero, uno de los más altos del mundo y una de las esculturas más impresionantes de España, fue obra de un artista local, Victorio Macho (1887-1966), un precursor de la escultura contemporánea en nuestro país. En el momento en que se erige esta escultura, las últimas tendencias artísticas están muy ligadas al art déco, que a su vez tomaba inspiración de movimientos de vanguardia como el cubismo. Esto se traduce en el gusto por las formas geométricas (sobre todo en la ropa del Cristo) y la rotundidad de los volúmenes. Por otra parte, el hieratismo de este Cristo, aunque no está falto de expresividad, puede recordar incluso a algunas obras de la Antigüedad, por ejemplo del arte egipcio.

El Cristo más alto de España
El Cristo más alto de España. | Shutterstock

El encargo de esta obra se hizo en tiempos del gobierno de Primo de Rivera, y la idea inicial era recubrir la escultura de azulejos y bronce, además de marfil y mármol azul para los ojos. Conseguir las 187 000 pesetas de la época para la obra, que era toda una fortuna, fue misión imposible, por lo que el presupuesto se quedó bastante más corto. Además, el proyecto inicial de ponerle los brazos abiertos al Cristo presentaba dificultades técnicas de consecuencias inciertas. Por estas razones, finalmente se optó por esta imagen más austera, que no por ser de hormigón (revestido de granito y piedra artificial, eso sí) tiene menos presencia.

El profesor palentino Segundo Fernández, autor del libro Cristo del Otero. Leyenda, tradición e historia, explica también el rechazo inicial que los habitantes de la ciudad dispensaron a la escultura, reacios a las formas modernas y para ellos extrañas que presentaba. Incluso el Ayuntamiento de la ciudad criticó abiertamente a Macho, no tanto por su obra como por supuestas contradicciones ideológicas. Como colofón de esta inquina popular, se sabe que en 1933 alguien llegó a colocar una bomba en el acceso al Cristo, que por suerte no explotó, aunque parece ser que la idea era más bien atentar contra la romería que protagonizaba la figura. Finalmente, la cabellera de Jesucristo sufrió algunos daños cuando alguien decidió arrancar el pararrayos que coronaba la estatua.

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El Cristo del Otero y sus festividades

El Cristo del Otero
El Cristo del Otero. | Shutterstock

Acercarse a ver ese Cristo depara otros atractivos más allá de la propia escultura. La principal es seguramente el mirador, que permite dominar una vasta extensión de la Tierra de Campos, pero vale la pena visitar también la ermita, inconfundible por su encalado y las numerosas columnas sobre las que descansa. Aquí encontramos también el sepulcro de Victorio Macho, a cuya obra está dedicado un pequeño museo donde se muestran fotografías de otros proyectos suyos, bustos y estatuas más pequeñas. En la tumba puede leerse:

«Mi última jornada:
Aquí a los pies de este Cristo
Vino a descansar su autor.
El escultor
Victorio Macho.
XIII-VII-MCMLXVI».

La figura del Cristo del Otero cobra especial relevancia en Palencia durante dos fechas muy significativas, en las que se convierte en epicentro de una procesión y una romería. La tarde del Domingo de Ramos, una cofradía sube a hombros las imágenes del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz y de Nuestra Señora del Dolor, hasta llegar a los pies del Cristo del Otero. En varios puntos del lugar se les puede ver rezando los misterios del Santo Rosario, en una imagen que expresa como pocas el fervor de la Semana Santa palentina.

También en primavera, en abril, tiene lugar la romería de Santo Toribio. Cuenta la leyenda que Toribio fue a Palencia para que los lugareños abandonaran la herejía de Prisciliano, y que estos lo expulsaron a pedradas. El santo se refugió en la Ermita de Santa María del Otero, y entonces el Río Carrión se desbordó, provocando una calamitosa inundación. Solo tras ese suceso los lugareños se acercaron al otero donde se hallaba Toribio, que al final les perdonó su comportamiento. Hoy día, son las autoridades locales las que apedrean simbólicamente a los palentinos, y lo hacen con bolsas que contienen el tradicional pan y quesillo, en una popular fiesta declarada de Interés Turístico Regional en 2007.