La base Gabriel de Castilla, un pequeño trozo de España en la Antártida

Base Gabriel de Castilla

Un siglo después de que Colón conquistara América, aún había un enorme lugar del mundo que no había sido descubierto. Un lugar más grande que Europa y que dobla el tamaño de Oceanía. El lugar más frío de la Tierra, donde las mínimas rondan los 80ºC bajo cero. Este inmenso continente blanco fue bautizado como la Antártida y se trata de la última de las regiones del planeta que descubrió el ser humano. Lo hizo, curiosamente y según la historiografía española, un español: Gabriel de Castilla, nombre que toma la base española de la Isla Decepción.

Un volcán que parece una isla

En la zona norte del continente, separado de Argentina por un buen trecho del océano Antártico, hay una isla que, a vista de pájaro, presenta la forma de una herradura. Forma de herradura porque su interior lo inunda el agua, moldeando la conocida como Caleta Balleneros. Esta curiosa apariencia no es fortuita: la isla es un volcán inundado con una caldera tan grande que se puede navegar. Un volcán, por cierto, activo.

Isla Decepcion
Vista aérea de la Isla Decepción. | Shutterstock

El cazador Nathan Palmer fue el que bautizó a este enclave de la Antártida como Deception, que en inglés significa engaño. Palmer quería hacer referencia al aspecto ilusorio del lugar, que parecía una isla, pero en realidad no lo era. Debido a una mala traducción, en España se conoce como la Isla Decepción.

La Isla Decepción “es como Lanzarote, pero con frío”, señala José Luis García Bueno. Este funcionario del Ministerio de Defensa acudió a este remoto recodo de la Antártida a principios de 2022 como colaborador de un proyecto del Real Observatorio de la Armada. Decepción “tiene esa ceniza volcánica negra, aunque se ven nevadas las zonas más altas”, apunta García.

Paisaje isla Decepción
Paisaje de la Isla Decepción. | José Luis García Bueno

De la matanza de focas al turismo masivo

La historia de este enclave tiene, por desgracia, mucho que ver con la matanza de focas y ballenas. El primer avistamiento de Decepción vino de la mano, de hecho, de los cazadores de focas William Smith y Edward Bransfield en 1820. Ese mismo año también llegó a ella el anteriormente citado Nathaniel Palmer. Desde entonces, el enclave se convirtió en el epicentro de la caza de focas de las Shetland del Sur. En apenas cinco años, el volumen de la caza fue tal que los foqueros estuvieron a punto de extinguir la población de focas en la isla. Por suerte, en 1825 la abandonaron.

Pero en el siglo XX la caza de estos mamíferos fue sustituida por la de las ballenas. Durante aquellos años la isla estuvo ocupada, cada verano antártico, por cientos de hombres dedicados a esta industria. El explorador y médico Jean-Babtiste Charcot escribió un informe al visitar la isla que decía: “Hay aquí, en Decepción, tres compañías de balleneros: una chilena y dos noruegas”. La caída del precio del aceite de este cetáceo en 1931 hizo que la isla quedara deshabitada durante 10 años.

Después de los estragos de la caza y de varias disputas territoriales, sobre todo entre Argentina e Inglaterra, Decepción ha pasado a convertirse en uno de los enclaves más turísticos de la Antártida, si bien es cierto que también es un lugar recurrente en las investigaciones científicas. “Todos los días no solo llegaban cruceros, sino veleros relativamente pequeños”, señala García, que estuvo en Decepción durante dos semanas. “Sobre todo, llegan a la zona de Balleneros en zodiac. Bajan, pasean un poco, hacen fotos y se vuelven”, añade el funcionario.

Foca
Una foca en una playa de la Isla Decepción. | José Luis García Bueno

La Base Gabriel de Castilla: una familia muy bien organizada

A vista de águila, no solo puede verse la forma de herradura de la isla, también se puede divisar una larga bandera de España que pinta el tejado de los módulos principales de la Base Gabriel de Castilla. Este asentamiento militar se instaló en Decepción entre finales de 1989 y principios de 1990 con la intención de apoyar una serie de trabajos de investigación y levantamientos topográficos. Desde entonces, la base se abre cada verano austral para acoger investigaciones científicas. José Luis García apunta que “después de 35 años [de campaña] lo tienen todo muy organizado”.

El campamento, gestionado por la División de Operaciones del Estado Mayor del Ejército de Tierra y coordinado en su ámbito científico por el Comité Polar Español, consta de diferentes módulos, donde los militares e investigadores desarrollan su rutina. “A las 8 de la mañana se despierta al personal, a las 08:20 se desayuna, a las 09:00 se recoge todo y cada uno se va a hacer las actividades que tenga que hacer. A las 15:00 se come”, indica García. Según el funcionario, la jornada de tarde comienza a las 16:00. Igual que durante la mañana, el personal se dedica a sus propias actividades hasta las 19:30. Luego, a las 20:00 “se hace una reunión en la que se comenta lo que se ha hecho y se programa lo del día siguiente”, señala García.

Base Gabriel de Castilla
Módulos principales de la base Gabriel de Castilla. | José Luis García Bueno

Mientras tanto, según el día y las actividades, los militares se organizan para dar apoyo a los investigadores, sobre todo en lo que se refiere a los desplazamientos. García apunta que “los desplazamientos en la isla no son fáciles”. Al tener forma de herradura, ir de un lado a otro es más sencillo por mar que por tierra. “A las 9 la zodiac está lista, te pones los trajes y tardas como 30-40 minutos. Si necesitas apoyo se quedan y, si no, vuelven a la base para desplazar a otras personas o lo que sea y a la hora que les indicas te recogen. Te dejan una radio y si necesitas ayuda llamas, y vienen”, indica el investigador.

En la base Gabriel de Castilla no hay días de fiesta ni fines de semana, pero José Luis García pudo estar en uno de los contados días especiales que se celebran en la base española: el Día de Reyes. “Hicieron una cabalgata, se disfrazaron, nos dieron un regalo y se hizo algo excepcional”, relata. En Decepción, continúa el investigador, los españoles conviven como si fueran una familia: “Hay personal que lleva 15 años porque están haciendo investigaciones de series largas de datos y están como en familia. Los militares sí rotan, pero siempre hay alguien que repite para que tengan experiencia con respecto al año anterior”.

Una naturaleza prácticamente intacta

Isla Decepción
Isla Decepción. | Shutterstock

Otra de las peculiaridades y atractivos de la isla es su fauna. “Cerca de la base había como dos o tres pingüinos siempre rondando. Y, luego, cuando cruzamos a la otra parte de la isla sí que había bastantes focas. En otra zona vimos un león marino. Y en la zona exterior hay pingüineras grandes”, rememora García. Y tanto que si hay pingüineras. En Decepción se encuentra una de las mayores colonias del mundo, si no la mayor, de pingüino barbijo. Como unas 100.000 parejas.

Para el investigador, el encanto de esta isla volcánica que sigue activa, reside precisamente en su naturaleza: “Es muy bonito poder ir en zodiac, llegar a la playa, que estén ahí las focas o los pingüinos y, sobre todo, que hay muy poca gente porque tenemos el privilegio de ir a zonas que sabes que estás solo y puedes disfrutar de esa naturaleza que está prácticamente intacta”.