En pleno Parque de la Serranía de Cuenca, en la localidad de Valdecabras, se encuentra la Ciudad Encantada de Cuenca, declarada Sitio Natural de Interés Nacional en 1929. Este parque, cuyo origen se remonta hace 90 millones de años en el fondo del mar de Thetis, es uno de los enclaves más importantes para conocer y entender el proceso geológico del karst y disfrutar de sus curiosas formaciones.

Un origen bajo el mar, un futuro en tierra firme

Formación karst de la Ciudad Encantada

Formación karst de la Ciudad Encantada | Shutterstock

El tipo de formaciones de la Ciudad Encantada de Cuenca son lo que se conoce como kársticas. Su origen cabe situarlo durante el Cretácico, hace aproximadamente 90 millones de años. En ese momento el mar de Thetis cubría prácticamente toda la península ibérica. Aguas tranquilas con gran deposición de sales, sobre todo carbonato cálcico que provenía de los esqueletos de animales. Posteriormente todo ese fondo fue emergiendo hacia la superficie y los bancos de sales se convirtieron en piedra caliza que, a merced de los elementos, fueron progresivamente erosionando la roca. La permeabilidad de esta, junto con la acción del dióxido de carbono, la disolvió, formando en su interior galerías y originando las caprichosas formaciones karst.

Un recorrido repleto de curiosidades

Ciudad Encantada, rocas con formas caprichosas

Ciudad Encantada, rocas con formas caprichosas | Shutterstock

Cabe destacar que para visitar la Ciudad Encantada solo existe un recorrido circular de unos tres kilómetros aproximadamente. Unos 90 minutos de paseo. Se trata de un recorrido sencillo y, por supuesto, bien señalizado, que se puede realizar por cuenta propia o con los servicios de un guía experimentado.

Tormo Alto

Tormo Alto | Shutterstock

Cada una de las figuras del camino tiene unas formas caprichosas que recuerdan a animales y elementos del mundo real, y que han originado un nombre sugerente para cada una de ellas. El Tormo Alto, por ejemplo, es uno de los mayores símbolos de Cuenca. Su nombre proviene del latín tumulus, que hace referencia a una roca prominente. Su forma recuerda a una seta y se repite con frecuencia a lo largo de todo el recorrido. Los Barcos recuerdan a tres grandes barcos esperando en el puerto. El Perro es una roca que ha sido moldeada de manera caprichosa hasta dejarle un hocico redondeado y un rabo cortado. El Puente Romano descubre un arco de medio punto que indica, probablemente, el lugar por donde antes discurría una corriente de agua.

Cara del Hombre

Cara del Hombre | Shutterstock

En la Cara del Hombre es posible vislumbrar los ojos, la nariz, los pómulos, la barbilla, los labios y el cuello de una persona. Se ha convertido en uno de los principales objetivos de los fotógrafos. La Foca nos marca el inicio de una red de callejones oscuros que nos llevan a las profundidades de la Ciudad Encantada, empezando por la zona conocida como El Tobogán, una gran hendidura y uno de los rincones más espectaculares. A continuación, el Mar de Piedra, la Lucha entre el Elefante y el Cocodrilo, el Convento, la Tortuga, los Osos, y los Amantes de Teruel, última parte del recorrido y que simboliza el amor imposible entre dos jóvenes.

Datos imprescindibles y todo un entorno por descubrir

Los Osos

Los Osos | Shutterstock

La Ciudad Encantada de Cuenca abre todos los días del año, aunque sus horarios varían en función de la época y por ello es importante consultarlos. Sin duda se trata de un destino ideal para visitar con niños, que en el caso de ser menores de siete años no pagan entrada. Se encuentra a tan solo 30 kilómetros de la ciudad Cuenca. Para llegar se debe tomar la carretera CM-2105 y después la CM-2104. Dispone de un aparcamiento público y gratuito.

Ventano del Diablo

Ventano del Diablo | Shutterstock

Si se visita la zona, esta ofrece multitud de opciones. Antes de llegar, por ejemplo, por la carretera CM-2104 se encuentra el Ventano del Diablo, un doble ventanal desde el que es posible contemplar las vistas de la hoz del rio Júcar. El Parque Cinegético Experimental de El Hosquillo, una reserva de caza mayor, o la Reserva natural de la Laguna del Marquesado, un enclave botánico de gran belleza, permiten disfrutar de bellas especies de flora y fauna. Las lagunas del Tobar, de Cañada del Hoyo o de Uña o las Torcas de los Palancares, permiten ver otro tipo de efecto de la erosión de la caliza que forma una especie de cráteres o depresiones circulares.

Como curiosidad hay que comentar que el paisaje de la Ciudad Encantada ha servido de escenario para numerosos documentales, anuncios publicitarios o películas como Conan el Bárbaro. Federico García Lorca le dedicó en 1935 un soneto.