El modernismo melillense, un arte que abraza todas las culturas

Modernismo melillense

Probablemente a nadie le quedan dudas de que Barcelona es la ciudad española del modernismo por excelencia. Sin embargo, la plata, en lo que se refiere a la cantidad de edificios modernistas, se la lleva una metrópoli bastante inesperada: Melilla. Y es que la ciudad autónoma es la segunda de España con más edificios adscritos a esta corriente artística. De hecho, son más de 900, la mayoría ubicados en el ensanche de Reina Victoria, más comúnmente conocido como el Triángulo de Oro. El modernismo melillense es, así, uno de los rasgos más distintivos de esta ciudad norteafricana.

El nacimiento del Triángulo de Oro

La arquitectura modernista nació en Bélgica a finales del siglo XIX, aunque fue en el siglo XX cuando más se desarrolló. Lo mismo pasó en Melilla. Por aquel entonces la ciudad norteafricana se hallaba sumida en una vorágine urbanística. La inmigración no paraba de crecer a la par que lo hacía la industrialización de la urbe. Los ingenieros militares eran entonces los responsables de la arquitectura melillense. De repente, se vieron en un espacio que se les quedaba pequeño.

calle del ejercito español
Calle del Ejército Español, Melilla. | Flickr bajo los términos cc-by-sa-2.0

En tal contexto, el ingeniero militar Eusebio Redondo Ballester elaboró un proyecto urbanístico cuyo fin consistía en ampliar la urbe. Para hacerlo, el ingeniero imitó los ensanches de Madrid y Barcelona, trazando un paisaje rectangular, salpicado de grandes avenidas. Nacía así el ensanche de Reina Victoria.

El toque mágico del modernismo melillense

Esta remodelación de Melilla se vio acompañada, además, por la llegada de un arquitecto que llevaba años trabajando con el célebre Antonio Gaudí en la Ciudad Condal y había colaborado con el mismo en el diseño de la Casa Milá. Con la intención de desarrollar su propio estilo, este artista se trasladó a Melilla en el año 1909. Su nombre era Enric Nieto i Nieto y el diseño y la forma que le dio a la ciudad es la que ha pervivido a lo largo del tiempo. Su trabajo, atrevimiento y dedicación le valió su nombramiento como arquitecto municipal en 1.931, cargo que desempeñó hasta su jubilación.

A lo largo de tan extensa trayectoria, a Enric Nieto i Nieto le dio tiempo a diseñar decenas de edificios a la par que sirvió de inspiración para otros tantos arquitectos. Tal fue el caso de Emilio Alzugaray o Fernando Guerrero Straxhan. La arquitectura modernista modificó así el clasicismo y eclecticismo (esto es, un estilo que mezcla elementos de diferentes estilos y épocas) tan usual en los edificios melillenses posteriores al siglo XX.

Mezquita Central
Mezquita Central, Melilla. | Wikimedia

Con el tiempo, en las fachadas de Melilla comenzaron a aparecer motivos florales, rostros de mujer y animales. También se hicieron cada vez más frecuentes los colores tierra. Se trataba de un modernismo más suave del que se había desarrollado en Barcelona, pero, sin embargo, le dio a la ciudad una personalidad única. Asimismo, es importante destacar que el modernismo melillense abrazó todo tipo de edificios y culturas. De hecho, Enrique Nieto fue el encargado de diseñar tanto la sinagoga principal, como la Mezquita Central, así como varios edificios de la Iglesia Católica.

Una ruta por los edificios más emblemáticos

Pasear por el centro de Melilla es, por tanto, internarse en las delicias de la arquitectura modernista. El Triángulo de Oro parte desde la plaza de España, presidida por uno de los edificios más emblemáticos: el Palacio de la Asamblea. Construido en 1932 por Enric Nieto, este palacio es la sede de la Asamblea de Melilla. Desde aquí, el ensanche modernista se extiende por la avenida Juan Carlos I, Rey y las calles de López Moreno y el Ejército Español, además de sus aledañas.

Plaza España Melilla
El Palacio de la Asamblea en la plaza de España de Melilla. | Shutterstock

Perpendicular a esta última estaría nuestra segunda parada: la Cámara de Comercio, edificio que en el pasado representó uno de los centros económicos y sociales de la ciudad. Justo en la vía paralela, se ubica otra de las construcciones más célebres, el edificio de El Telegrama del Rif, que fue sede del diario del mismo nombre.

La plaza de Menéndez Pelayo es el siguiente alto en el camino. Rodeada por el edificio de La Reconquista y la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, ambos de estilo modernista, concentra varias pérgolas y bancos inspirados en las formas de Gaudí. Y muy cerquita de la plaza, encontramos otro inmueble religioso, pero de distinto signo: la sinagoga Or Zoruah o de Yamín Benarroch. Junto a la plaza Comandante Benítez, se ubica El Acueducto, un edificio que mezcla el estilo modernista con el clásico y el art decó.

Algo más alejados están las últimas paradas de la ruta: la Casa de los Cristales y la Mezquita Central. El primero se erigió en 1927, albergando las instalaciones del lujoso hotel Reina Victoria. Aparte de ser un punto recurrente de paso para importantes figuras melillenses, fue el primer edificio de la ciudad en contar con un ascensor. El segundo, la Mezquita Central, se ubica en la calle García Cabrelles y se construyó entre 1945 y 1947.

Casa de los Cristales
Casa de los Cristales, Melilla. | Wikimedia

El modernismo melillense, un estilo que vino para quedarse

Como puede verse, en la Melilla del siglo XX daba igual si se trataba de una plaza, una iglesia, una sinagoga, una asamblea o una mezquita. Todos los edificios, tuvieran la función que tuvieran, eran susceptibles de someterse a las normas estilísticas del modernismo y más concretamente a las del arquitecto Enric Nieto. De hecho, todos los edificios mencionados son obra de este mismo autor o, al menos, fueron restaurados o influenciados por él. Un estilo que dejó a Melilla marcada para siempre.