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Fernando I de León
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Alfonso VI de León.

Para organizar con tiempo la sucesión de sus territorios, en 1063 el rey Fernando I de León reunió a la curia regia (los nobles que le ayudaban en el gobierno del reino). Les anunció que iba a cambiar el sistema testamentario aplicado hasta entonces en el reino de León; pues había decidido aplicar a su testamento los usos del reino de Navarra, que era el tradicional en su linaje. Por ello repartiría sus dominios entre todos sus hijos.

Se ha especulado que la razón de semejante cambio pudo ser el gran amor que el rey tenía con su segundo hijo varón (y el 4º de los 5 que tuvo): Alfonso. Le legó a Alfonso la corona principal: el reino de León. Un trono que Fernando había acumulado cuando su esposa Sancha de León heredó dicho reino tras la muerte de su hermano Bermudo en guerra con los castellanos. También le dejó como herencia a Alfonso las grandes cantidades de dinero que le debía de pagar como tributo el reino taifa de Toledo. Por ello, cuando dos años después muere el rey, su cuarto hijo pasó a reinar como Alfonso VI de León

Sancho I de Castilla
Sancho I de Castilla

A su varón primogénito Sancho le dejó el condado de Castilla. A partir de entonces “ascendía” legalmente Castilla a la categoría de reino. También le legó a Sancho el derecho a cobrar el sustancioso importe del vasallaje que debía de pagarle el reino taifa de Zaragoza.

Para García —su tercer hijo varón— creó un nuevo reino aglutinador de los territorios de la actual Galicia (nombre que adoptó este reino). Así mismo le asignó la cantidad que le pagaban todos los años los reinos taifas de Badajoz y Sevilla.

La herencia de sus dos hijas fue menor que las de sus hermanos: a Urraca le dejó la ciudad de Zamora y para Elvira reservó Toro. A las dos les completó el legado con unas sustanciosas rentas y el ascenso al estatus de reinas de sus respectivas ciudades.

Naturalmente, a Sancho no le gustó tan salomónico testamento. No solo le dejaba un territorio menos importante que a su hermano pequeño, sino que el testamento suponía la ruptura de los usos hereditarios de la corona leonesa. Finalmente, la decisión del rey debilitaba un reino que sus antepasados habían reunido y fortalecido con gran esfuerzo. Pero decidió aceptar la decisión de su padre.

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Poco después de la muerte de su padre, el 27 de diciembre de 1065 Sancho ocupó el trono de Castilla. Una de sus primeras decisiones fue nombrar alférez (general en jefe) a Rodrigo Díaz de Vivar, un noble burgalés que andando el tiempo sería llamado “El Cid Campeador”. Una decisión acertada pues los reinos taifas tributarios interpretaron la división del reino como un signo de debilidad y aprovecharon para tratar de desligarse de los compromisos que habían tenido con Fernando I, dejando de pagar los tributos a cambio de no ser atacados.

El joven rey Sancho no tardó en hacerse acreedor de su apelativo «el Fuerte». Dos años después de la coronación debió de enfrentarse al rey Sancho de Navarra (que le había arrebatado a su padre algunas plazas fronterizas) y al rey Sancho Ramírez de Aragón (que pretendía expandirse por el reino taifa de Zaragoza, tributario de Castilla). El castellano se enfrentó a los dos Sanchos y, aunque estuvo a punto de perder, al final acabó recuperando las plazas fuertes que pretendía.

La viuda Sancha de León consiguió mantener la armonía entre los hermanos hasta su muerte, que acaeció en noviembre de 1067. A partir de ese momento Sancho cambió su actitud hacia sus hermanos.

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Doña Urraca de Zamora

El 19 de julio de 1068 se enfrentó a su hermano Alfonso en el campo de Llantada, cerca de Lantadilla (Palencia). Para evitar una guerra pactaron celebrar un Juicio de Dios (combate que decidiría de parte de quine estaba Dios y por ello tenía razón). El combate lo ganaron los castellanos, pero Alfonso VI se negó a cumplir el resultado y cederle el trono leonés a Sancho.

Aún a pesar de estar enfrentados, poco después ambos hermanos se pusieron de acuerdo para invadir conjuntamente el reino de Galicia, desposeyendo a su hermano García.

Finalmente, Sancho decidió acabar de unificar los reinos de su padre, invadiendo León y derrotando a su hermano. El 12 de enero de 1072 Sancho fue coronado emperador en León.

De este modo, únicamente le quedaba recuperar las ciudades de Toro y Zamora, propiedad de sus hermanas. Elvira no le ofreció resistencia, entregándole Toro; pero Urraca se preparó para defender las poderosas murallas de su ciudad; para ello contaba con la ayuda de los nobles leoneses que estaban enfrentados con Sancho. Después de más de siete meses de resistencia heroica, la situación de la ciudad empezó a volverse muy difícil.

Uno de los nobles leoneses que ayudaban a Urraca a defender Zamora era Bellido Dolfos; el 6 de octubre de 1072 salió de las murallas zamorana desertando al campamento castellano. Al llegar frente a Sancho Bellidom Dolfos le ofreció la posibilidad de mostrarle un portillo a través del cual consideraba que podrían asaltar mejor la fortaleza. Inmediatamente ambos se dirigieron a inspeccionar el lugar. Pero antes de montar en su caballo el rey tuvo que atender a una necesidad fisiológica y se apartó un poco de su séquito. Bellido Dolfos le siguió en su montura y aprovechó que el rey tenía las manos ocupadas y había dejado a su lado su venablo dorado. Bellido recogió el arma del suelo y se la ensartó a Sancho por la espalda; a continuación Bellido galopó hasta una de las entradas de la ciudad sitiada. La escolta del monarca se dispuso a auxiliar al rey herido, mientras Rodrigo Díaz de Vivar se lanzaba velozmente en su persecución.

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Bellido Dolfos le sacaba bastante ventaja y logró alcanzar un portillo por el que penetró en la ciudad, salvando la vida. La muerte del rey causó el desconcierto entre los castellanos y muchos de los sitiadores decidieron marcharse; circunstancia que fue aprovechada por los zamoranos, que atacaron al Cid y a sus fieles, obligándolos a huir.

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Cruz del lugar del asesinato

En el lugar del campamento en que Bellido Dolfos asesinó al rey Sancho se mantiene una cruz conmemorativa. Se ha escrito que Doña Urraca conocía el plan de Dolfos, que a éste se le había prometido una recompensa, e incluso que pretendía casarse con ella. Lo cierto es que nada se confirmó, salvo que no se hizo ninguna clase de juicio o represalias contra Bellido Dolfos.

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Portón de la lealtad o de la traición

Desde hace algún tiempo, las autoridades zamoranas, el día 22 de diciembre de 2010, decidieron sustituir el nombre de “Portón de la traición” por el de “Portón de la lealtad”. La alcaldesa de Zamora oficializó el cambio de nombre con un texto de desagravio para Bellido Dolfos y una placa conmemorativa. El que para los romanceros medievales fue un ejemplo de vil traición es hoy en día un héroe ensalzado en Zamora. Se extendió también el dicho de que “no se tomó Zamora en una hora”. De hecho no se llegó a tomar a “la bien cercada”, pues sus sitiadores se retiraron derrotados. Razón por la cual los zamoranos se enorgullecen de este suceso, incluido el infame asesinato cometido por Vellido.

Texto de Ignacio Suarez-Zuloaga e ilustraciones de Ximena Maier