Kaos Temple, la iglesia que se convirtió en skatepark

Kaos Temple

Hace más de 100 años, en el concejo asturiano de Llanera, había una colonia erigida en torno a la empresa de explosivos Santa Bárbara. Hoy la fachada mantiene su aspecto original y sus estructuras internas, su esqueleto, perduran. Sin embargo, dentro de la iglesia no hay feligreses ni tampoco curas. Los bancos han sido sustituidos por una pista de skate y sus antiguas paredes están ahora salpicadas por las pinceladas del artista Okuda San Miguel. La iglesia Santa Bárbara ya no existe. En su lugar, se yergue el Kaos Temple, un bello exponente de la convivencia entre lo clásico y lo contemporáneo.

De iglesia a pista de skate

Antes de llamarse Kaos Temple, a este edificio acudían, como ya se ha señalado, los trabajadores de una fábrica de explosivos. Pero, tras la Guerra Civil Española, la empresa cerró. Al no disponer de trabajo, las familias que aún residían en la vieja colonia emigraron a otras ciudades y el enclave quedó deshabitado.

En los años 60 una sociedad privada adquirió los terrenos de la antigua colonia con la intención de usarlos como polígono industrial y la zona pasó a conocerse como polígono Asipo. Fue entonces cuando todos los edificios fueron derribados a excepción de uno: la iglesia de Santa Bárbara, que en la práctica quedó abandonada. Así se mantuvo hasta que en el año 2007 un joven agente comercial, Ernesto Fernández Rey, compró el edificio con la pretensión de erigir una empresa multiservicios. Pero el proyecto de Jernest, como se conocía popularmente a este hombre fallecido en 2016, no salió adelante, por lo que decidió usar el lugar como espacio para su hobby: el skate.

Así, el colectivo Church Brigade, al que pertenecía Jernest, pasó a ocuparse de la remodelación de la iglesia. Cuando el proyecto estaba ya avanzando, el artista Óscar San Miguel Erice, más conocido como Okuda, entró en escena.

La intervención de Okuda: un punto de inflexión

“Realmente es el único proyecto, junto al colegio de Santander, que ha salido de mí y no de una propuesta”, cuenta el pintor. “Yo me enamoré del lugar porque vi en internet una iglesia que tenía una simetría perfecta entre la cúpula del altar y las rampas de abajo”, añade. Después de ver las imágenes, Okuda se puso en contacto con la organización, que le dio vía libre para hacer lo que quisiera en las inmaculadas paredes del edificio.

Kaos Temple
Kaos Temple. | Elchino Po

Para poder financiar el proyecto, Okuda puso en marcha una campaña de crowdfunding que, según indica el artista,  “fue una maravilla”. Así, con la ayuda de diferentes mecenas, entre los que se encontraban algunas marcas, San Miguel consiguió el dinero para continuar con el sueño del Kaos Temple. “Luego ellos han conseguido más dinero para completarlo todo. Todo el suelo es una pista de skate y es lo que lo ha hecho más maravilloso aún”, añade Okuda.

Kaos Temple es la primera iglesia en la que el autor ha intervenido, aunque después vinieron más. Una en Marruecos, conocida como la iglesia de Youssoufia, y otra en Denver, Colorado.  “Este fue un punto de inflexión en mi carrera”, asegura Okuda, que desde aquella iniciativa vio aumentada su fama: “La verdad es que ha dado la vuelta al mundo y a nivel propuestas antes tenía muchas, pero después de esto ha sido una locura”.

El techo del Kaos Temple, un cielo construido en siete días

Techos del Kaos Temple
Techos del Kaos Temple. | Elchino Po

Aunque el artista afirma tardar una media de cuatro o cinco días en la mayoría de sus proyectos, en el caso del Kaos Temple la tarea le llevó más. Concretamente, siete días, irónicamente los que Dios necesitó para crear el mundo. Aunque Okuda y sus ayudantes, Mister Piro, Antonyo Marest y Pablo Hatt, no utilizaron el séptimo día para descansar, sino para trabajar. “Es un número como religioso y me hace bastante gracia”, indica San Miguel.

La demora en este mural se debió a los techos, un espacio que Okuda no está tan acostumbrado a pintar, puesto que se dedica más a espacios abiertos o trabajos de estudio: “Se puso un poco más compleja la cosa por esto, porque al final no es lo mismo en pared que en techo”. Sin embargo, el artista consiguió adaptarse al espacio y quedó encantado con el resultado: “Fue un impacto visual brutal”.

Kaos Temple en construcción
Kaos Temple en construcción en el año 2015. | Elchino Po

Y el resultado es lo que sigue: una iglesia de planta neorrománica con detalles neogóticos coloreada por el particular estilo de Okuda. Todo ello, un continente que abraza una pista de skate, que fue inaugurada en el año 2015 y abierta no solo al colectivo Church Brigade, sino al público general, que hicieron del Kaos Temple una meca del skate [aunque en estos momentos se encuentra cerrada hasta nuevo aviso]. Así, paredes y techos abovedados de principios del siglo XX se ven complementados por figuras geométricas y colores vibrantes, el clásico estilo del artista. ”Allí me enteré que el arte contemporáneo queda increíble con la arquitectura clásica”, señala San Miguel.

Asimismo, la denominación y la disposición de los murales tienen su propia razón de ser. “Uno de mis iconos es un tipo de rosa de los vientos asimétrica”, señala el autor. Este signo es un círculo que marca los rumbos en los que se divide el horizonte. Okuda indica que la idea que simbolizan tanto el diseño de la iglesia como su nombre es justamente eso: “Que si quieres hacer algo lo puedes hacer, sobre todo el hacer tu camino personal”.

Un proyecto muy especial

Escultura Okuda
Escultura de Okuda en Las Vegas, Nevada. | Shutterstock

Hace siete años que Okuda terminó el Kaos Temple. Desde entonces, las obras del artista no han dejado de extenderse por todo el mundo. Desde la falla del Ayuntamiento de Valencia que ardió en las fiestas de 2018 hasta los citados templos de Marruecos y Colorado, pasando por otros proyectos en China, Cuba o Perú. Pero, para Okuda, el Kaos Temple fue muy especial “porque fue de los primeros potentes”. Y porque, entre otras cosas, su familia pudo ir a visitarlo. “Lo que más disfruté fue el estar cerca de casa de mis padres”, indica el cántabro.