La España más brutal: 5 edificios de gran impacto

Edificios representativos del brutalismo en España

Una de las corrientes arquitectónicas que más marcaron la estética de las ciudades en el siglo XX fue el brutalismo. Este movimiento se originó después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, en un momento en que las grandes potencias estaban en crisis y el arte tenía que remar a favor de lo práctico y no de lo estético.

Es así como surge el brutalismo, cuya principal característica está reflejada en su nombre. Fue Le Corbusier quien mencionó por primera vez esta corriente como “betón brut”, traducido como “hormigón crudo” y Reyner Banham adaptó el concepto al inglés dejándolo como lo conocemos hoy: “brutalism”.

Es la definición de Le Corbusier la que da sentido a esta rompedora corriente refiriéndose a la predilección que el arquitecto tenía hacia el hormigón. Hay que valorar que, en una Europa devastada por la guerra, el material más barato y resistente del que disponían era el hormigón. Los arquitectos entendieron que no era momento para ornamentar ni cuidar los detalles. Tomando esto como base surge el Brutalismo. Edificios de grandes proporciones, con el material bruto, el hormigón, como principal protagonista y destinados para ser lugares funcionales como viviendas sociales o instituciones.

Las principales características del brutalismo serían el predominio del hormigón, el gran tamaño que tienen y la falta de ornamentación. Esto dio lugar a tremendos edificios que en su momento sirvieron como grandes lugares públicos y hoy en día se han quedado como impresionantes retazos de otra época.

El brutalismo fue un movimiento a nivel mundial que se extendió en buena parte de los países europeos y latinoamericanos. En España hay grandes referentes de este “brutal” movimiento. Los hay en Barcelona pero, sobre todo, en Madrid, por ser la ciudad que mayores ejemplos conserva.

Torres blancas, la vivienda de lujo del brutalismo

Torres Blancas
Edificio conocido como Torres Blancas. | Shutterstock

Torres Blancas, de Francisco Javier Sáenz de Oiza, es uno de los edificios más característicos del brutalismo en España y está ubicado en Madrid, concretamente en el barrio de Avenida de América. Este edificio ha sido estudiado y referido hasta la saciedad como una de las construcciones más curiosas y especiales de la capital. Su gran interés reside en que, a pesar de ser propiamente de la corriente brutalista, tiene anexadas una serie de características que lo convierte en un edificio único.

La construcción rompe con la norma de que la corriente destinaba las edificaciones a viviendas de carácter social, pues fue uno de los principales edificios habitacionales de lujo en la capital. Además, a pesar de que es el hormigón uno de sus grandes componentes, también usa madera y mármol para las terrazas. A pesar de ser de un enorme tamaño y muy tosco con la estética de la fachada, su ingenioso juego de formas le dota de un equilibrio y sutileza poco vista en el brutalismo.

Su nombre, Torres Blancas, tiene dos posibles teorías. Por un lado están los que defienden que se trataba de un proyecto original basado en dos torres y que el hormigón era lo que le daría su aspecto blanco. Otros, sin embargo, defienden que el edificio en sí consta de un gran número de torres que se van conformando en torno a toda la arbitrariedad de su esqueleto.

El laberinto brutalista de Walden 7

Walden 7
Walden 7. | Shutterstock

Este proyecto arquitectónico de Ricardo Bofill es uno de los edificios, dentro del brutalismo, que más están volviendo a ser novedad entre las nuevas generaciones. Por su particular estética y por su forma laberíntica, que lo ha convertido en todo un atractivo a nivel de diseño. Este enorme edificio fue construido para ser viviendas. En total tiene 31.000 metros cuadrados y en su interior se pueden encontrar todo tipo de apartamentos, desde estudios hasta pisos de varias habitaciones.

El principal objetivo de Bofill era crear un espacio que estuviera dotado de jardines y espacios comunes para que los numerosos vecinos pudieran compartir. Además de esto, tiene dos grandes piscinas en la parte superior del edificio. Todos estos departamentos están articulados en torno a cinco patios, los cuales generan un gran espacio interior en la construcción que genera una sensación de laberinto.

Basado en formas geométricas, el uso de estas enormes proporciones, su austera fachada de hormigón sin ningún tipo de decoración ni detalle y la elección de azulejos lisos para sus patios interiores, dotan al Walden 7 de todas las características. Por eso es uno de los iconos barcelonenses del brutalismo.

Torre de Valencia y su polémico tamaño

Torre de Valencia
Torre de Valencia. | Luis García, Wikimedia

Este enorme edificio, localizado enfrente del Parque del Retiro en Madrid, es otra de las grandes representaciones de edificios habitacionales en la capital. Su historia no es tan enigmática como Torres Blancas, sin embargo, en su tiempo causó gran expectación entre la gente. Fue todo un éxito de ventas justo después de su inauguración.

Javier Carvajal Ferrer lo construyó en 1973 y en ese momento supuso todo un escándalo. Fue muy criticado por romper con la estética de todos los edificios que había alrededor. Pero su privilegiada localización hizo que cientos de vecinos quisieran vivir con las increíbles vistas que hay desde las plantas de arriba del parque y del centro de Madrid. Este enorme rascacielos, a día de hoy, sigue siendo uno de los edificios más altos de la capital, con 27 plantas y 94 metros de altura, siendo visto incluso desde la plaza de Cibeles.

Facultad de Ciencias de la Información, un ejemplo de brutalismo en el cine

Facultad de Ciencias de la Información
Facultad de Ciencias de la Información. | Luis García, Wikimedia

Este edificio es otra de las construcciones brutalistas dentro de la capital española. Es uno de los ejemplos de facultad universitaria que se diseñó en la época. El complejo lo levantaron en 1971 los arquitectos José María Laguna Martínez y Juan Castañón Fariña. Respetaron al pie de la letra las características del brutalismo, construyendo una gran mole de hormigón donde el único detalle que se puede destacar es el revestido dorado de las ventanas.

En su interior, consta de cinco plantas que están distribuidas de manera irregular y sobre las cuales se pueden encontrar numerosos pasillos y aulas sin un orden aparente. Pueden resultar un tanto desconcertantes a la hora de localizar un espacio en concreto. Este edificio, que ha servido durante décadas a los estudiantes de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, se hizo mundialmente conocido por la película Tesis, de Alejandro Amenábar.

Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Filipinas, la iglesia Brutalista

Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Filipinas
Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Filipinas. | Luis García, Wikimedia

Este último ejemplo de los tantos que podemos encontrar en España como representaciones del brutalismo se encuentra de nuevo en Madrid y corresponde a la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas. A pesar de ser enteramente significativa de esta corriente arquitectónica, llama la atención que, a día de hoy, pase tan desapercibida por los transeúntes. Esto se debe a que con el tiempo se han ido construyendo a su alrededor edificios de un tamaño similar, rompiendo con su efecto “brutal”.

Este es un ejemplo más de cómo el hormigón domina toda la estética de la construcción, constando de una gran fachada lisa donde solo se distingue el logo de la iglesia. Su característica más particular es el uso que se hace de la parte superior de la fachada, haciendo que entre en forma de hueco laminado la luz dentro de la iglesia.