San Sebastián – Donostia

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La capital del veraneo cosmopolita

Reconstruida durante el siglo XIX a inspiración francesa, la Bella Easo se convirtió a principios del siglo XX en uno de los principales destinos turísticos para la realeza y la aristocracia europea. Actualmente es una de las ciudades con un panorama festivo más atractivo y con unos restaurantes y bares de pintxos más famosos de España.

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Hay mucho que ver en San Sebastián, una de las ciudades más bellas de España y con tres excelentes playas. La visita consiste principalmente en paseos por exteriores, habiendo diversas zonas muy interesantes a parte de su conocida “Parte Vieja”; en nuestro apartado Que ver en San Sebastián mencionamos algunos de los parajes más interesantes. Uno de los mayores atractivos de San Sebastián es su gastronomía, siendo muchos los que viajan exclusivamente para comer allí; además son célebres sus tabernas con pintxos, raciones y bocadillos, así como por el buen ambiente que hay en las noches de festivos. Dados los elevados precios y la escasa disponibilidad de plazas hoteleras, conviene buscar con tiempo suficiente el hospedaje más adecuado; en nuestra página dormir y comer en San Sebastián seleccionamos toda clase de establecimientos hoteleros y hosteleros. Dados los accesos a la ciudad, las limitaciones de aparcamiento y los precios, no recomendamos San Sebastián como base para excursiones hacia la provincia; más bien al contrario, puede ser recomendable dormir en las comarcas próximas e ir a pasar el día a la ciudad.

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La historia de Donostia comienza ya en el año 1014, cuando existía en el lugar un monasterio llamado San Sebastián el Antiguo, adscrito a la abadía de Leyre, que sería el que daría el nombre a la ciudad. Unos años más tarde, en 1180, el rey navarro Sancho el Sabio concedió un fuero a una pequeña población (precedente de la actual Donostia – San Sebastián), que estaba asentada al pie del monte Urgull, rodeada por la desembocadura del río Urumea y por la bahía de la Concha y solo conectada con el resto del territorio por una lengua de tierra, que era anegada periódicamente por mareas vivas y riadas.

Como el resto de Guipúzcoa, veinte años después se incorporó al reino de Castilla en el año 1200. Fue además una de las cuatro villas forales en las que, de manera rotatoria, residía el corregidor (designado por el rey) y el diputado general (elegido por las Juntas de los ayuntamientos de la provincia). Su lejanía de las rutas terrestres que finalizaban en Deba y Hondarribia hizo que la pesca constituyese la principal actividad de sus habitantes. Otra fuente de ingresos secundaria provino de ser un lugar de descanso para los peregrinos del Camino de Santiago que va por la costa cantábrica.

En 1282 fue uno de los puertos que fundó la Hermandad de las Marismas de Castilla, una asociación cuya finalidad era prestarse ayuda mutua frente a navíos de otras naciones.

Las construcciones de madera, apiñadas en un recinto fortificado reducido, propiciaron que sufriera hasta doce incendios de gravedad. Estas calamidades, junto con los repetidos ataques franceses, británicos y holandeses, contribuyeron a transformarla en una importante plaza militar. La ciudad se mantuvo inexpugnable a numerosos asedios, hasta que en agosto de 1719, el gran ejército francés comandado por el duque de Berwick la conquistó, permaneciendo ocupada durante dos largos años.

Ya en 1522 recibió el título de “noble y leal“ y, en 1728, el privilegio de comerciar con Venezuela a través de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, una sociedad mercantil que consiguió reanimar la actividad de su puerto. Fue un gran hito de la historia de San Sebastián.

A diferencia de lo que ocurrió en siglos anteriores, en 1794 y en 1808 la ciudad se entregó sin lucha a los invasores franceses. Los comerciantes donostiarras obtuvieron grandes beneficios de los suministros a las tropas de Napoleón, lo que contribuyó al saqueo e incendio de la ciudad por las tropas portuguesas e inglesas en agosto de 1813.

Durante la primera mitad del siglo XIX los habitantes de San Sebastián abrazaron la causa liberal, comenzando a desarrollarse entonces como ciudad cosmopolita. En 1854 se convirtió en capital de provincia y en 1863 se le retiró la categoría de “plaza fuerte“, derribándose sus murallas. El Plan de Expansión de Antonio Cortázar (1864) terminó de configurar un nuevo modelo urbanístico, en el que la ciudad creció hacia el sur con zonas modernistas al estilo de París o de Viena.

En 1885, la reina regente Maria Cristina comenzó a veranear allí, poniendo así de moda la ciudad entre la aristocracia europea, que se dedicó a tomar baños de mar y a jugar en su suntuoso casino (construido en 1887). La prosperidad económica permitió una frenética actividad constructiva, con ensanches en la orilla derecha del río Urumea, en El Antiguo y en el Paseo Nuevo y la construcción de un nuevo barrio sobre las marismas de Amara. Se canalizó el cauce del río y sobre él se tendieron los puentes de Maria Cristina y del Kursaal. Además, también se levantaron de nueva planta edificios como el Hotel Reina Cristina, el Teatro Victoria Eugenia, el Palacio de Justicia, el Balneario de la Perla y el parque de atracciones del monte Igueldo, entre otros.

Barrio de Gros, en San Sebastián

La llamada Belle Époque donostiarra tuvo su cumbre durante la Primera Guerra Mundial, que la transformó en el lugar más chic de Europa, pues fue el refugio de numerosas personalidades extranjeras.

Este periodo de bonanza comenzó a desvanecerse en 1925, cuando el juego fue ilegalizado, lo cual conllevó que las arcas municipales vieran reducidos sus ingresos del casino y el hipódromo. No obstante, ese ambiente sofisticado que se generalizó en aquellos días de gloria puede todavía apreciarse en la San Sebastián actual, que se ha convertido en una moderna, dinámica y cosmopolita ciudad de servicios del siglo XXI.

Donostia – San Sebastián es una hermosa, elegante y señorial ciudad abierta al mar; su bahía de La Concha es una de las más bellas de España, propiciando que se denomine a la ciudad “la Perla del Cantábrico”. Su calidad de vida, su activa vida cultural y la fama de su gastronomía la han convertido en el mejor Destino de Calidad Turística de España en 2011.

Proponemos empezar con lo que ver en Donostia con una intensa visita a la ciudad por la plaza Easo, en el ensanche donostiarra. Como el recorrido es bastante extenso, se puede dividir en dos etapas, según las necesidades del viajero. A la plaza Easo se puede acceder en coche (existen varios parkings en los alrededores), en tren o en tranvía, además de en autobús. Está en la zona centro de la ciudad, fruto del ensanche decimonónico, y por tanto ofrece una amplia colección de edificios del siglo XIX, muchos de ellos modernistas, que son un buen reflejo de la época dorada de San Sebastián, cuando fue conocida como “la Pequeña París” o “la París del Sur”. Desde la plaza nos encaminaremos por la calle de Easo hacia la playa de La Concha, haciendo nuestra primera parada en el Koldo Mitxelena Kulturunea, un centro cultural de la Diputación guipuzcoana que organiza frecuentemente exposiciones, entre otras actividades. Próximo a esta institución se encuentra la Catedral del Buen Pastor, edificio neogótico de inspiración germánica erigido en 1897 que obtuvo la categoría de catedral en 1953. Del templo llama especialmente la atención su torre, sobre el pórtico de entrada, que con su remate en forma de aguja y su altura de 75 metros es visible desde casi toda la ciudad. Otro elemento de interés es la Cruz de la Paz que preside la fachada central, obra del escultor vasco Eduardo Chillida.

Desde la catedral, tomando la calle de San Martín, nos dirigiremos hacia el río Urumea para caminar en agradable paseo por su ribera, desde el paseo de los Fueros al de la República Argentina. A nuestro paso podemos apreciar los distintos edificios fin de siglo, como el del Hotel María Cristina, al lado del Parque Okendo, que aloja cada año a las estrellas de cine que acuden al Festival de San Sebastián, o el Teatro Victoria Eugenia, una edificación neoplateresca que ha sido testigo de los más importantes acontecimientos de la vida cultural de la ciudad, como el propio Festival, que hizo que sus butacas fueran ocupadas por personalidades del mundo del espectáculo como Alfred Hitchcock, Woody Allen, Meryl Streep o Richard Gere.

También son de interés y una característica estampa de Donostia los puentes de diversas épocas que, sucesivamente, salvan el río. Los más importantes son el Puente de María Cristina (1903-1904), el más bello de todos ellos, de estilo ecléctico y decorado con esculturas de Mariano Benlliure; el Puente de Santa Catalina (reconstruido en 1872); y, finalmente, ya en la desembocadura, el modernista Puente de Zurriola (1921), con sus características farolas de influencia modernista austriaca. Cruzando este último pasaremos al barrio de Gros; a la Playa de Zurriola, que es, de las tres que posee la ciudad, la más indicada para hacer surf y la única que, desde 2004, permite el nudismo; y, por supuesto, al moderno y emblemático edificio del Palacio de Congresos del Kursaal (1999), diseñado por Rafael Moneo, que con sus más de 10000 paneles de cristal traslúcido y su estructura de doble cubo se ha convertido en el icono de la San Sebastián moderna.

Volviendo atrás en nuestros pasos para atravesar de nuevo el Puente de Zurriola, nos encaminaremos desde la alameda del Boulevard hacia el Casco Viejo, desplegado entre esta y el Monte Urgull, en el lugar en el que se ubicaba la antigua muralla. El Casco Viejo aglutina la zona de mayor ambiente de la ciudad con sus calles estrechas y sus imprescindibles bares de tapeo y copas, pues no hay que olvidar que esta urbe es la que más estrellas Michelin tiene por metro cuadrado, con lo que disfrutar de su gastronomía es también disfrutar de la ciudad. Paseando por él podemos encontrar la Plaza de la Constitución, plaza porticada y con balcones corridos en tres de sus lados, que sirvió como antiguo coso taurino, como atestiguan los números pintados en cada balcón; la Iglesia Parroquial de San Vicente (principios del siglo XVI), el monumento más antiguo de la ciudad, de estilo gótico, que se combina con la escultura moderna en su fachada lateral, donde se ubica La Piedad de Jorge Oteiza (1999); y la Basílica de Santa María del Coro, del siglo XVIII, con su riquísima portada de estilo rococó que preside todo el recorrido de la Calle Mayor.

También de obligada visita es el Museo de San Telmo, próximo a la basílica y abierto a la Plaza Zuloga. Se ubica en un antiguo convento de padres dominicos del siglo XVI y reabrió sus puertas en 2011 tras una exhaustiva reforma. El museo ilustra la historia y la evolución de la sociedad vasca mediante una excelente muestra etnográfica y audiovisual y una exposición de obras de arte de grandes autores, como Jorge Oteiza y el propio Ignacio Zuloaga. Resulta impresionante la nave de la iglesia del convento, recubierta por 17 enormes lienzos pintados por el artista José María Sert, que explican en tono épico aspectos de la historia de los guipuzcoanos. Se trata de la mejor visita cultural de la ciudad, puede ocuparnos en un día de lluvia durante hasta cuatro horas por un precio muy económico.

En las inmediaciones del casco viejo, encontramos el Puerto, donde viejos barcos pesqueros conviven con nuevas embarcaciones de recreo mientras las redes de pesca rotas se tejen a mano en plena calle. El paseo del puerto culmina con una visita al Acuario y al Museo Naval, ubicado en la antigua casa-torre del Consulado (s. XVIII).

Antes de continuar nuestra visita a la ciudad podemos subir al Monte Urgull desde Santa María del Coro o desde el mismo puerto. El lugar ofrece un agradable paseo hasta su cima, coronada con una escultura del Sagrado Corazón y dotada de una espectacular panorámica de San Sebastián. En él podemos ver el Castillo de la Mota, antigua fortificación medieval actualmente ocupada por la Casa de la Historia; el Cementerio de los Ingleses, uno de los puntos más románticos de la villa, inmóvil testimonio del papel de las tropas inglesas en sus diferentes asedios; y las Baterías de las Damas y del Gobernador. A nuestro descenso, podemos recuperar las fuerzas degustando alguno de los exquisitos pintxos a la venta en los locales del casco viejo, aunque la elección de tan suculento manjar sea difícil a la vista de las rebosantes barras de los bares donostiarras.

Tras haber recuperado fuerzas, o ya en una segunda etapa de nuestra visita a Donostia, podemos continuar en agradable paseo por las playas de La Concha y Ondarreta, esta última considerada durante mucho tiempo como la más aristocrática de la ciudad. A las tres playas mencionadas hasta el momento, que hacen de San Sebastián un destino turístico por excelencia de la costa cantábrica, hay que sumarles, especialmente en época estival, la pequeña playa de la Isla de Santa Clara, en el centro de la bahía.

Catedral del Buen Pasto

La Concha es una de las playas urbanas más famosas de España, símbolo inequívoco de San Sebastián. En su paseo marítimo podremos encontrar su conocidísima barandilla, sus clásicas farolas, los dos relojes del siglo XIX o el Balneario de la Perla del Océano, una antigua casa de baños de madera construida en tiempos de la belle époque donostiarra y actualmente reconvertida en un centro de talasoterapia, con restaurantes y una conocida discoteca. Iniciaremos el recorrido en un extremo de esta playa, junto al Bulevar, donde se encuentran el Ayuntamiento (1887, con función como tal desde 1947), antiguo casino de estilo modernista, junto a los Jardines de Alberdi Eder; y el vecino Real Club Náutico (1930), ejemplo de arquitectura racionalista cuya estructura se asemeja a la de un barco. Un poco más adelante, a la altura de la primera rampa que desciende al arenal destaca el Hotel de Londres, otro edificio representativo de la belle époque donostiarra, con una elegante fachada de reminiscencias francesas e inglesas y remate en cúpula.

La playa de La Concha termina en el Pico del Loro, un promontorio rocoso sobre el que se alza el Palacio de Miramar, construcción de estilo inglés que fue mandada levantar por la reina María Cristina de Habsburgo. El palacio, que ahora acoge los cursos de verano de la Universidad del País Vasco, está rodeado de un bello parque abierto al público diseñado por Pierre Duchase. Después del Pico del Loro nos encontraremos con la playa de Ondarreta y con el Barrio de El Antiguo, inundado de magníficos chalets, los cuales reflejan el poder adquisitivo de los antiguos veraneantes en la villa. En el otro extremo se alza el Monte Igueldo, en cuya parte alta podemos encontrar un anacrónico Parque de Atracciones de principios de siglo XX que hace sonreír a cualquiera que llega hasta él, andando o en funicular. Si ascendemos hasta el mismo, podremos disfrutar de una impactante panorámica de la ciudad, sobre todo si coincide con la hora del atardecer, cuando se encienden los faroles que iluminan los paseos de la Concha y Miraconcha y el mar refleja el óvalo de las playas como una diadema dorada que ciñe la ciudad.

Por último, nuestra visita a San Sebastián finalizará a los pies del Igueldo, donde se halla uno de los puntos más emblemáticos y visitados de la villa: el famoso grupo de esculturas del Peine del Viento (1977), del escultor Eduardo Chillida, tres estructuras de hierro que emergen de la roca retorciéndose en su abrazo y lucha constante contra el aire y contra el mar.

Imprescindibles

Playa de la Concha y Ayuntamiento
Peine del Viento

Datos prácticos

Coordenadas

43° 19′ 17″ N, 1° 59′ 8″ W

Distancias

Irún 22 km, Hondarribia – Fuenterrabia 24 km, Bilbao 100 km, Madrid 452 km

Aparcamiento

Parking Easo y Parking Buen Pastor, ambos de pago

Altitud

5 m

Habitantes

186 500 (2013)

San Sebastián (20 de enero)

Tamborrada (20 de enero), Semana Grande (en torno al 15 de agosto), Festival de Jazz (julio), Festival Internacional de Cine (septiembre)

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