La Orquesta de RTVE inicia temporada con Ives, Britten y Orff

No existe mayor placer que asistir a un concierto en directo. Sentir cómo la música te envuelve y fluye en el auditorio es una sensación inefable. Pero no es sólo el hecho de estar escuchando la música in situ, sino también está el hecho de poder ver a los músicos en acción, de ver cómo cambia su gestualidad cuando lo exige el carácter de la partitura o sentir el silencio expectante de un público antes de arrancar a aplaudir mientras espera que el director baje los brazos indicando que ya ha terminado la obra. Posee lo mágico y lo sagrado del rito. Ayer el Coro y la Orquesta de RTVE, bajo la batuta de Carlos Kalmar, nos regaló un concierto magnífico. La primera parte del programa incluía dos piezas poco conocidas (entiéndase para un público más o menos profano) de Ives y Britten, mientras que la segunda parte la conformaba la archiconocidísima Carmina Burana de Orff. El concierto empezó con un breve discurso del maestro Carlos Kalmar, en el que justificaba la elección del programa. Y es que un buen director debe saber elegir el repertorio para un programa y debe prestar una cuidadosa atención a las obras que se interpretarán; debe encontrar un nexo de unión que las relacione. No hay duda de que Carlos Kalmar es buen conocedor, puesto que en la primera parte del programa pidió al público que no aplaudiera entre The unanswered question y la Sinfonia da Requiem para no romper ese continuum filosófico que las une. The unaswered question es sin duda una pieza notable, ya no sólo por su música, sino por el dilema filosófico que plantea y cómo lo transmite a través de las notas y la textura de la orquesta: el destino del hombre y el inquietante silencio que viene después.

No faltó el talento y el virtuosismo por parte de los músicos, que no sólo estaban totalmente entregados, sino que además podía verse cómo disfrutaban haciendo música; y un intérprete que se divierte y que se deja llevar por su arte, tiene un público ganado. Esto se notó especialmente en los cantantes solistas que interpretaron Carmina Burana; una obra que, aunque no es exactamente una ópera, sino una cantata escenificada, sí que necesita de cierta intención actoral que desde luego no faltó por parte de Raquel LojendioNicholas Phan y, especialmente, Rodion Pogosov, que, tal vez porque su intervención es más reducida que las partes para soprano y barítono, nos hizo creer que estaba realmente en el pellejo de un cisne asado. Nicholas Phan demostró soltura y elegancia en el canto en una obra que puede presumir de tener las piezas para barítono más preciosas del repertorio vocal. Por su parte, Raquel Lojendio hizo un papel correcto, aunque dio la sensación de que se reservó en el Tempus es iocundum para después darlo todo en el Dulcissime, de mayor exigencia vocal.

Por otro lado, el Coro de RTVE, acompañado de la plantilla femenina del Coro Nacional de España y el Coro de Niños de la Comunidad de Madrid, dejó un buen sabor de boca como no podía ser de otra forma en una obra en la que las partes para coro tiene un protagonismo esencial. Las voces estaban bien empastadas y sonaban rotundas. No me resultó convincente que en el Si puer cum puellula, fragmento reservado para el barítono solista y un cuarteto de voces masculinas, cantará todos los miembros masculinos del coro.

Para los que no pudieron asistir ayer a este espectáculo, tenéis la oportunidad de disfrutar de estos tres mojones de la música hoy a las 20:00 en el Teatro Monumental.

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