Los castillos de Luis II de Baviera, el Rey Loco, fueron hechos para parecer sacados de un relato fantástico. El monarca vivió a medio camino de la ficción y la realidad. Debido a ello dejó estampas como las del palacio de Linderhof. Lugares dados a la narrativa, paisajes elegidos por novelistas como John Le Carre que se asocian a Alemania. Sin embargo, hay un espacio muy similar mucho más cerca. Está en Vizcaya y tiene el mismo aire de cuento. Se trata del castillo de Butrón, que en el siglo XIX pasó de fortaleza medieval a la amalgama estilística que es hoy.

Castillo de Butrón y alrededores ajardinados

Castillo de Butrón y alrededores ajardinados. | Shutterstock

El sangriento pasado del castillo de Butrón

El origen de la casa-torre que dio origen al castillo de Butrón es algo confuso. Asociado a la familia y el río que le dan nombre, la tradición sitúa la construcción primigenia en el siglo VIII. Habría sido un caballero, el capitán Gamíniz, quien la elevó. Sin embargo, este tipo de edificios surgieron en realidad en torno al siglo XIV. Dado que la dinastía de los Butrón surgió a principios del XIII, seguramente antes ya hubiera en el lugar una residencia de los mismos.

Descendientes de los Haro, señores de Vizcaya, y con el tiempo de la mitad de las casas reales europeas, fueron muy activos en las Guerras de Bandos. Estos conflictos devastaron las provincias vascas del siglo XIII al XV. Existían dos lados, los oñacinos y los gamboínos. Los Butrón se decantaron por los primeros. El ambiente fue insoportable en toda la región durante aquellos años.



Los nobles de un bando combatían bajo casi cualquier pretexto con el contrario. En medio quedaba el pueblo, que muchas veces era masacrado por estar en el lugar equivocado. Por suerte, la mayor parte de las veces los arrebatos se limitaban a reyertas más que a batallas. Un contexto que recuerda a las guerras de mafias y con el que cada parte pretendía hacerse con el dominio económico y social de Euskadi.

Todo ello acabó siendo el embrión de las Hermandades, a su vez núcleo de las diputaciones. Tales órganos permitieron hacer algo de frente a los nobles. Sin embargo, desde casas-torre como las de Butrón, los banderizos tenían asegurada su posición. En este caso, se trataba de un poderoso edificio de gruesos muros. Anexas tenía un complejo de ferrerías que se hallaban entre las más importantes de Vizcaya. Finalmente, tras la intervención castellana a mediados del siglo XV para poner fin a la cada vez más descontrolada guerra, el espacio se reconvirtió en casa señorial.

Castillo de Butrón, digno de cuento

Castillo de Butrón, digno de cuento. | Shutterstock

De casa-torre a castillo romántico

Durante siglos los Butrón se integraron, y finalmente diluyeron, en el entramado aristocrático castellano. Fueron una familia de importancia y tuvieron presencia hasta el siglo XVIII. Plentzia fue su mayor foco de poder. Asimismo, cabe resaltar que su nombre viene muy probablemente de unos aparejos de pesca reflejados en su escudo.

Torre del homenaje del castillo de Butrón

Torre del homenaje. | Shutterstock

Para mediados del XIX la fortaleza medieval estaba en manos del VII marqués de la Torrecilla. Fue él, Narciso de Salabert y Pinedo, quien decidió dar una nueva vida al por entonces arruinado complejo. Para ello tiró del dinero que le daban sus posesiones vizcaínas. También de uno de los arquitectos más reputados de su época, Francisco de Cubas. Aunque conocido por ser alcalde de Madrid y por la catedral de la Almudena, suyo fue el diseño del castillo de Butrón.

Entrada al castillo de Butrón, con palmeras

Entrada al castillo de Butrón, con palmeras. | Shutterstock

Aunque se aprovecharon elementos medievales, el todo que planeó el marqués de Cubas fue radicalmente distinto a lo que había. Predominaba el neogótico, muy recargado, al que se sumaba una amalgama inspirada del centro y norte de Europa a ciudades españolas como Segovia con su alcázar. Poco a poco se fue conformando el extraño edificio.

Cuatro poderosos bastiones marcan la planta, en sendas esquinas. Redondos y fuertes, contrastan notablemente con la torre del homenaje y la fachada frontal. Más recargadas, repletas de chapiteles y aberturas, dan un aspecto de cuento. Parece que las atalayas se amontonen. Otra seña de identidad es que los espacios se conectan muchas veces de una forma más estética que efectiva, por ejemplo a través de pasos exteriores. Queda claro así que la intención del palacio era resultar atractivo, no cómodo.

Vista aérea del castillo de Butrón

Vista aérea del castillo de Butrón. | Shutterstock

El abandono del castillo de Butrón

La predominancia de la forma llevó a que la habitabilidad del edificio fuera algo complicada. Servía como residencia, pero no era tan confortable como una más normal. Por ejemplo, los muros de en torno a cuatro metros de algunas torres dejaban estancias pequeñas y de difícil acceso. Su indudable atractivo le ganó un sitio como lugar que ver, pero hizo que no tuviera un dueño definitivo.

Fue pasando por distintas manos durante el siglo XX, hasta acabar en manos un conglomerado empresarial. Actualmente parte del municipio de Gatika, ha intentado ser vendido desde hace años sin éxito. Incluso llegó a ser subastado. Valorado en varios millones de euros y declarado patrimonio protegido, su última misión en activo fue servir como lugar de reuniones y celebraciones hasta poco después del cambio de milenio.

Frontal del castillo de Butrón

Frontal del castillo de Butrón. | Shutterstock

Desde entonces permanece abandonado. El negro de los baluartes es una buena muestra de ello, dado que la piedra en que están realizados es blanca. Tampoco está cuidado el enorme jardín que lo rodea, en donde crecieron palmeras.

Con todo, el profundo verde de los alrededores refuerza la postal de fantástica del castillo de Butrón. Por ello, pese a no poder verse por dentro, no para de recibir visitas de turistas. Su ubicación favorece esto, ya que la A-8 permite un fácil acceso a las carreteras locales que dan acceso al recinto. Asimismo, está justo entre Bilbao capital y Bermeo. Esto supone que San Juan de Gaztelugatxe queda también a tiro de piedra.

Castillo de Butrón de noche

Castillo de Butrón de noche. | Shutterstock

La salida al Cantábrico la aporta la mencionada la marinera Plentzia. Se puede realizar una ruta circular entre ambos puntos, de unos 14 kilómetros y no mucha dificultad. Una forma de admirar el entorno entre mar y monte que caracteriza la costa vasca. También merece la pena el paseo entre el castillo y Gatika, un pequeño pueblo interior con gran encanto.