Loeches

La villa del Conde-duque de Olivares

Loeches, en la madrileña comarca de Alcalá, es un pueblo que sorprende al visitante por su riqueza histórica y sus monumentos, ejemplos notables de la arquitectura religiosa del barroco español. Contiene el panteón de la Casa de Alba entre otras curiosidades históricas.

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La visita a los conventos y demás lugares que detallamos en el apartado Qué ver en Loeches nos puede llevar unas tres horas; el resto del día lo podemos emplear en la cercana y también histórica localidad de Nuevo Baztán. La alternativa para otra visita de medio día es dirigirse hacia el sur para tomar la autovía R3 hasta Villarejo de Salvanés y desviarse para pasar el resto del día en la típica Chinchón (buen lugar para cenar y quedarse a pasar la noche). Otra buena opción en la zona es hacer senderismo en el Parque del Sureste o contratar alguna actividad de turismo activo por la zona. Quien desee alargar la escapada un día entero puede dirigirse al norte para hacer allí noche y pasar un día completo en Alcalá de Henares. A pesar de su atractivo y cercanía a Madrid, Loeches es un destino sin opciones hoteleras; en la página de reservas Dormir y Comer en Loeches recogemos las mejores ofertas de los alrededores.

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La zona que ocupa actualmente Loeches fue reconquistada a los musulmanes en dos ocasiones: a principios del siglo XI por el rey Alfonso VI de Castilla y un siglo después por el obispo Bernardo Jiménez de Rada. Es tras esta segunda ocupación cuando nace su nombre, que según algunos historiadores es de raíz vascona (Lo [dormir] y etxe [casa], es decir, “lugar con casas para dormir”) porque de allí provenían sus primeros repobladores. La nueva localidad cristiana se adscribiría al concejo de Alcalá, dependiente a su vez del arzobispado de Toledo.

En 1555 recibió el título de “villa” de manos del rey Carlos V. La ruina de la hacienda regia obligó a su hijo Felipe II a vender la villa al genovés Baltasar Catanno, quien la revendería a su vez a la familia Cárdenas-Avellaneda. La hija de estos nuevos señores, Francisca de Cristo, sería la fundadora del convento de carmelitas, donde se educó la infanta María Teresa, hija de Felipe IV.

En 1633 Loeches fue adquirido por Gaspar de Guzmán y Pimentel, el famoso conde-duque de Olivares. Como el valido del rey Felipe IV no logró el patronazgo del mencionado monasterio carmelita decidió, en un gesto de orgullo, financiar la construcción de un monasterio aún más importante enfrente del anterior, el de de la Inmaculada Concepción, en el que se instaló una comunidad de monjas dominicas. La elección de esta orden monástica se debió a que el propio Conde-duque era descendiente de Santo Domingo de Guzmán. Diez años después, Gaspar de Guzmán fue cesado como primer ministro y desterrado precisamente a esta villa. Pero al ser un lugar cercano a la Corte, sus enemigos consiguieron que se le enviara a Toro (Zamora), en donde acabó falleciendo al poco de llegar. Sus restos fueron trasladados a Loeches y sepultados en el monasterio por él fundado, al igual que se haría con los de sus descendientes hasta que la VI Conde-duquesa de Olivares se casó con el X duque de Alba, fusionándose ambos patrimonios. Desde el siglo XIX la Casa de Alba adoptaría también el panteón del monasterio como lugar de enterramiento familiar.

Monasterio de la Inmaculada Concepción o Convento de las Dominícas

La localidad fue también conocida por dos balnearios, La Margarita y La Maravilla, ambos desaparecidos. En el lugar del primero es donde se descubrieron, en 1851, las propiedades curativas de las aguas que surtieron a ambos centros termales. Más tarde se comenzarían a explotar las Aguas de Carabaña y, hoy en día, se mantiene aún el uso de algún manantial, como el que suministra al Complejo Turístico Lucky Star.

En 1964 Fernando Fernán Gómez eligió Loeches como escenario para rodar El extraño viaje, uno de los largometrajes más arriesgados y singulares del cine español.

Desde la lejanía se puede apreciar el inconfundible perfil de Loeches, con sus torres monacales asomando por encima de los tejados. Este pueblo, próximo a Alcalá de Henares, es uno de los más ricos en historia y arte de la zona, y buena parte de su monumentalidad se debe a su vinculación con el conde-duque de Olivares en el siglo XVII.

La visita se puede comenzar desde la avenida de la Cava, que nos dirigirá directamente a la Plaza del duque de Alba, espacio público en el que convergen los dos edificios capitales de la localidad: el convento de carmelitas y el de las dominicas. El Monasterio de San Ignacio Mártir, más conocido como Convento de Carmelitas o Convento Chico, fue fundado en 1596 por Francisca de Cristo Cárdenas y Avellaneda, hija de los señores de la Villa de Loeches y monja carmelita descalza. De estilo barroco, muestra en su portada de piedra caliza el escudo de la orden. En la iglesia llaman la atención un retablo del siglo XVI, una pintura del Cristo de Burgos y otra de la Virgen del Carmen (s. XVIII), la cual se muestra en actitud de dar cobijo a los frailes y monjas carmelitas bajo su manto.

En el cenobio se atesoran varios objetos relacionados con Santa Teresa de Jesús, como varias cartas autógrafas y una mesa del siglo XVI que la Santa utilizaba para comer. Cuenta también con una colección de valiosísimos relicarios, de entre los que sobresale uno de 1590 donado por Felipe IV, antigua propiedad de su padre que tiene la particularidad de que en su interior guarda carne del vientre de la Santa. También conserva valiosas pinturas que no son accesibles a los visitantes. Dispone además de una casa de oración u hospedería para aquellos que deseen realizar un retiro espiritual.

Frente al Convento Chico se alza el Monasterio de la Inmaculada Concepción o Convento de las Dominicas. El monasterio fue fundado en 1640 por el conde-duque de Olivares con la asistencia del rey Felipe IV y su familia. Durante mucho tiempo guardó una valiosísima colección de arte con cuadros de Tiziano, Tintoretto, Bassano, Rubens y un largo etcétera, que fueron robados por las tropas francesas durante la invasión napoleónica y hoy se encuentran desperdigados en diferentes museos. Junto al conjunto arquitectónico se levantaba el modesto palacio del Conde-duque del que, desgraciadamente, sólo se conserva en la actualidad la portada barroca, ocupando un colegio el resto del solar. La fachada de la iglesia, de estilo barroco, se atribuye a Alonso Carbonell, arquitecto del palacio del Buen Retiro de Madrid. En su interior, en la zona del altar mayor, hay un mural contemporáneo del pintor santanderino Fernando Calderón que muestra reminiscencias con Miguel Ángel aunque se aleja del aspecto barroco general del edificio. Frente al ara se conserva la tribuna de hierro forjado construida para que el Conde-duque pudiera oír la misa en sus últimos días, la cual comunicaba directamente con sus estancias privadas.

Reloj de Sol de la Iglesia de la Asunción

El templo cobija el nuevo Panteón de la Casa de Alba que Jacobo Fitz-James Stuart, XVII Duque de Alba, fundó en 1909. La capilla, inspirada en el Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial es el lugar más visitado de Loeches. Los restos de D. Gaspar de Guzmán y Pimentel, el Conde-duque, fueron también trasladados a esta nueva ubicación y, según los testigos de la exhumación, se encontraban en perfecto estado de conservación, manteniendo incluso la vestimenta de la época. Durante la guerra civil los monasterios y la iglesia se convirtieron en cuarteles, pero no se dañaron las sepulturas de los duques.

Lo más destacado del panteón es el Mausoleo de Francisca de Sales y Portocarrero, esposa del XV duque de Alba, VIII condesa de Montijo y hermana de la emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo. Se cuenta que la propia Emperatriz había posado ante el escultor francés J.B. Clésinger para este sepulcro en mármol de su hermana mayor, y que en él su imagen “más parece dormida para el amor que muerta para el deseo”.

Si desde el Convento de las Carmelitas tomamos la calle de Manuel Rosales llegaremos hasta la Iglesia Parroquial de Nuestra Sra. de la Asunción (s. XVI), el último monumento destacable de la localidad. El templo es de estilo renacentista aunque una de las puertas de acceso mantiene la estructura gótica. En 1730, durante la Guerra de Sucesión, la iglesia sirvió de cuartel al bando partidario de Felipe V, el primer Borbón, y sufrió un gran incendio. Posteriormente, en el trascurso de las guerras de la Independencia (1808) y civil (1936) se vería de nuevo afectada por numerosas pérdidas. A pesar de todo, alberga todavía una auténtica joya: una lápida de 1295 en la que se representa un Calvario, que es quizá el más antiguo de la Comunidad de Madrid.

Además de los tres monumentos descritos, el visitante podrá completar su recorrido con un paseo por las calles de la localidad, mientras observa las fachadas blasonadas de algunas casas solariegas, descubre qué rincones fueron inmortalizados por Fernán Gómez o recrea, si quiere, en su imaginación, cómo sería la vida en tiempos del Conde-duque. Si continúa después rumbo hacia Campo Real, disfrutará de un incomparable paisaje poblado por los fértiles viñedos que conforman el entorno de Loeches.

Imprescindibles

Iglesia de la Asunción
Iglesia-Convento de las Dominicas

Datos prácticos

Coordenadas

40° 23′ 5″ N, 3° 24′ 42″ W

Distancias

Madrid 32 km

Aparcamiento

Gratuito en toda la localidad

Altitud

647 m

Habitantes

8078 (2013)

Cristo de Medinaceli (Primer Viernes de marzo), San José (19 de marzo), Santo Cristo del Perdón (1 de mayo), Virgen de las Angustias (fiestas patronales en la segunda semana de septiembre)

Bordados en oro, escapularios, rosarios de pétalos y semillas y otros artículos religiosos confeccionados por las monjas, se pueden adquirir en el torno moderno del Convento de Carmelitas Descalzas

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