Que ver en Santillana del Mar

Inmaculado pueblo – museo del Marqués de Santillana

A pesar de su nombre, Santillana no está al lado del mar, aunque sí lo está la comarca, situada en la costa occidental de Cantabria. La villa, muy próxima a las Cuevas y Museo de Altamira, es un extraordinario Conjunto Histórico-Artístico de bellas casonas medievales y barrocas que ha sido calificado por Jean Paul Sartre como el pueblo más bello de España.

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En esta villa medieval el paseo reposado es una experiencia inolvidable. Hay que ver la Colegiata de Santa Juliana, el Palacio de los Belardes, la Casa de los Tagle y las cercanas Cuevas de Altamira. Se trata de una localidad que se puede visitar en un día, dependiendo del grado de detalle que busque el visitante. Para continuar la escapada es posible dirigirse hacia el este a conocer las hermosas playas y la ciudad de Santander o dirigirse en dirección contraria para conocer la villa modernista de Comillas y el cercano Parque Natural de Oyambre. Si además quieres ponerte al corriente de las diferentes opciones gastronómicas y los mejores alojamientos, no dejes de visitar nuestra página Dormir y Comer en Santillana del Mar.

¿Quieres conocer este sitio?

La cercana Cueva de Altamira, en cuyas paredes se encuentra un extraordinario conjunto de pinturas rupestres del Paleolítico Superior, demuestra que Santillana del Mar se ubica en una zona poblada desde hace más de quince mil años.

Muchos historiadores identifican Santillana del Mar con la antigua ciudad cántabra de Concana  -otros historiadores la sitúan en Liébana-. Lo que sí parece probado es que por esta villa pasaba la calzada romana que unía los puertos costeros de Portus Verasueca (San Vicente de la Barquera), Portus Blendium (Suances), Portus Victoriae (Santander) y Portus Amanum, más tarde Flavióbriga (Castro Urdiales).

Durante la invasión musulmana la localidad se denominó Planes, y en ella fueron depositadas las reliquias de Santa Juliana, mártir cristiana de principios del siglo IV. Para albergar estas reliquias se construyó en el siglo IX una abadía dependiente directamente de la Corona astur. Al poco tiempo de crearse este monasterio fue cayendo en el olvido el nombre de Planes, sustituyéndose por el de la propia santa, que derivaría con el tiempo en Santillana.

Los monarcas asturianos y los condes castellanos siguieron protegiendo al monasterio hasta transformarlo en colegiata. Además, con la concesión de un fuero por el rey Alfonso VIII de Castilla, la villa pasó a ser “de abadengo”, es decir, a depender del abad de la misma.

En el siglo XV, el gran poeta e intrépido caballero feudal don Íñigo López de Mendoza fue nombrado marqués de Santillana por el monarca castellano Juan II, recibiendo con este título la jurisdicción sobre la villa. Sus descendientes, los duques del Infantado, mantuvieron ese privilegio hasta la supresión de los señoríos en 1837, a pesar de que desde finales del siglo XVI los nueve valles, controlados por la Casa del Infantado, revirtieron en la Corona lo que significa para la villa de Santillana del Mar el aislamiento y el encierro en si misma.

La Colegiata de Santa Juliana en una antigua fotografía

La decadencia de Santillana del Mar se manifiesta en la escasez de edificios importantes correspondientes a las últimas décadas del XVI y a la mayor parte del XVII. Santillana del Mar volverá a conocer el esplendor a finales del siglo XVII y, sobre todo, durante el siglo XVIII con la vuelta de los indianos –aquellos emigrantes que fueron a América y trajeron un gran capital con el que se construirán magníficas casonas-.

El siglo XIX es de retroceso total para la población pero en los últimos venticinco años del mismo siglo Santillana del Mar se vería favorecida por el regreso de los indianos, emigrantes a América que volvieron enriquecidos y se construyeron magníficas casonas. En la misma época los literatos Amós de Escalante y Benito Pérez Galdós, así como destacados miembros de la burguesía madrileña, restauraron algunas casas y se instalaron como veraneantes en la localidad. Este incipiente turismo aumentó aún más con el descubrimiento de las pinturas rupestres de las Cuevas de Altamira en 1879.

Ya en el siglo XX, sería mencionada en la novela La Náusea (1938) del filósofo y escritor francés Jean Paul Sartre, quien hablaría de ella como “una verdadera reliquia en la vida del hombre”.

El temprano nombramiento de Santillana del Mar como Conjunto Histórico-Artístico en 1889 y las restauraciones emprendidas por el conde  Güell (nieto de Antonio López, primer marqués de Comillas) en 1927 propiciaron que las calles de Santillana del Mar se hayan conservado prácticamente inalteradas, conservando su aspecto del siglo XVI.

El casco-histórico sigue un esquema lineal, en forma de Y griega, compuesto por la calle Velasco que continua hacia Santo Domingo, de donde surgen dos rúas: una que va hacia la colegiata y otra que conduce hacia la plaza Mayor, del Mercado o de Ramón Pelayo, donde se desarrolla el mercado semanal de los sábados.

Comenzamos el recorrido en la Colegiata de Santa Juliana, románica del siglo XII aunque con añadidos posteriores, que ha sido declarada Monumento Nacional. El templo, de planta basilical y tres naves, remata en planta en ábsides semicirculares, sigue el modelo románico del Camino de Santiago. La primitiva portada románica, a los pies del templo, a la que pertenecen una serie de relieves conservados en el interior de la iglesia (Pantocrator, Santa Juliana…) debido a  la construcción de la torre de campanas al oeste en el siglo XIII, fue sustituida por una nueva portada al sur. “. A mediados del XV se trasladan los restos de Santa Juliana a la cabecera y en la 1ª mitad del XVI se construye el retablo del altar mayor. En la sacristía se guarda un importante tesoro de orfebrería. Destacamos el magnífico Claustro (s. XIII), el único de estilo románico que se conserva en Cantabria, que posee una  gran variedad y riqueza decorativa en los capiteles, algunos con representaciones humanas en escenas del Antiguo y Nuevo Testamento y otras relativas a la vida de la época, como “La bienvenida de la dama al caballero”.

En la plaza de la Colegiata se halla el Museo Jesús Otero, una exposición permanente del escultor natural de Santillana del Mar. Enfrente encontramos la llamada  Casa de la Archiduquesa de Austria o Casa de los Abades (s. XVII), cuyo bello patio ha sido reconvertido en tienda de antigüedades. En la cercana plaza de las Arenas se halla el Palacio de los Velarde (ss. XV-XVII), un edificio de transición del gótico al renacimiento.

Señalaremos algunos ejemplos de casonas, de entre las muchas que también merecería citar. Así, junto al único abrevadero de vacas que se conserva, encontramos la Casa de Cossío y la Casa Quevedo, ambas de finales del siglo XVII, en esta última es tradicional beber un vaso de leche de vaca del pueblo con bizcocho.

Siguiendo por la calle del Río (antigua Rúa del Rey) nos encontramos con la Casa de los Villa, de estilo barroco, también conocida como “Casa de los Hombrones” por los imponentes guerreros que custodian el escudo, en el que se lee: “Un buen morir es onra de la vida”. Otra construcción significativa es la Casa de Leonor de la Vega (ss. XV-XVII), según la tradición, la vivenda de la madre del primer marqués de Santillana.

En la plaza Mayor se concentra la arquitectura civil. La Torre de Don Borja, adosada a otros edificios, propiedad de la Fundación Santillana es gestionada por el Ayuntamiento de Santillana como escenario de festivales y eventos culturales. La Torre del Merino, del siglo XIV, era la residencia del merino (el símbolo del poder señorial que acabó imponiéndose al poder eclesiástico, al abad, y que sería nombrado por el Duque del Infantado). Construida en mampostería con sillares en el arco apuntado de acceso, conserva todos sus elementos defensivos: saeteras, matacanes, aspilleras y almenas. Al otro lado de la plaza se encuentran la Casa del Águila (s. XVII) y la Casa de la Parra (s. XVI), ambas reconvertidas en centro cultural. Frente a ellas se halla  el Palacio de Los Barreda, hoy Parador Nacional Gil Blas

Calle que conduce a la Colegiata

Más modernas son las muchas casonas que se construyeron los indianos a su vuelta de las Américas y que conforman la Santillana barroca. Se caracterizan por tener una fachada principal en piedra de sillería, con gran vano de acceso, a veces precedidas de un soportal con arco de medio punto; adornadas con balcones de forja y, en medio de la fachada (a veces en los esquinales) el gran escudo barroco familiar, bajo los grandes aleros de madera. Son característicos también de este siglo los balcones de púlpito y los óculos en las fachadas.

Cruzando la carretera de acceso a la villa se localiza el Museo Diocesano, instalado en el Convento Regina Coeli de la orden clarisa y habitado por monjas. A las afueras de la villa, en el Convento de San Ildefonso, fundado en 1667, se custodia un crucifijo de marfil del siglo XVI. En el torno del convento se pueden adquirir los dulces típicos artesanos, elaborados por las propias monjas dominicas.

Junto al Campo de Revolgo, escenario de luchas medievales, se encuentra la Casa de los Tagle, cuya visita recomendamos, pues conserva el mobiliario y enseres de la época, además de un importante archivo.

La visita a Santillana del Mar requiere tiempo para pasear deteniéndose en cada casa, balcón, escudo, jardín etc… Toda la villa goza de gran encanto. En el paseo se encontrarán tiendas que ofertan productos típicos de Cantabria y, aunque quizá en los últimos años hayan proliferado en exceso los comercios de cara al turismo, la villa de Santillana del Mar sigue manteniendo esa magia que transporta al visitante a otra época.

Imprescindibles

Palacio de los Velarde
Colegiata de Santa Juliana

Datos prácticos

Coordenadas

43° 23′ 36″ N, 4° 6′ 17″ W

Distancias

Santander 30 km, Comillas 16 km, Madrid 439 km

Aparcamiento

Toda la localidad es peatonal. En la entrada hay dos estacionamientos municipales gratuitos -excepto los meses de julio, agosto y septiembre-. Llegando por la CA-133 se accede al Parking Plaza del Rey, con capacidad para autobuses, y por la CA-131, se llega al Parking de la c/ Jesús Otero, junto a la Oficina de Turismo

Altitud

82 m

Habitantes

4215 (2013)

Auto Sacramental (5 de enero), Santa Juliana (28 de junio), San Roque (16 de agosto)

Ruta de los belenes populares (Navidad), Canto de las Marzas (marzo)

Dulces artesanos de las monjas dominicas del Convento de San Ildefonso,
Brocante en el Palacio Archiduquesa Margarita de Austria

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