Vitoria-Gasteiz / La Virgen Blanca

Las fiestas de La Blanca se caracterizan por la mayoritaria y animosa participación de sus vecinos, agrupados en cuadrillas llamadas “blusas”

La presencia de las cuadrillas (llamadas “blusas” por la prenda exterior, generalmente de colores oscuros, que cubre su indumentaria blanca) en las calles y plazas de la ciudad durante los seis días de la fiesta, del 4 al 9 de agosto, garantiza una sucesión de actividades repletas de diversión y buen humor y son igualmente las que, con su asistencia, dan brillo a los actos oficiales. Hasta el último tercio del siglo XIX las Fiestas de Vitoria se celebraban en la primera semana de septiembre, pero fue en 1884 cuando el consistorio decidió vincularlas a la festividad de la Virgen Blanca, que se celebra el 5 de agosto. En 1953 quedó fijado el calendario festivo de seis días, con comienzo el 4. Ese día el corazón de los vitorianos y el latido de la ciudad misma se dan cita en la Plaza de la Virgen Blanca para dar comienzo al ciclo festivo, lo que desde 1957 se lleva a cabo con un singular acto: la bajada de Celedón.

La Virgen Blanca
Lugareños y visitantes observando la bajada

Encarna este personaje a un aldeano alavés de Zalduendo, Celedonio Alzola, que cada año acudía a las fiestas de Vitoria para vivirlas con una intensidad y una jovialidad contagiosas y cuya memoria decidieron perpetuar un grupo de amigos, dotando así a los actos inaugurales de un elemento popular que añadir al tradicional cohete (chupinazo). Descartada por razones técnicas la posibilidad de emplear un paracaidista, fructificó la idea de que Celedón descendiese hasta la plaza desde la torre de la iglesia de San Miguel, lo que hace en dos etapas. La primera, como muñeco que, vestido de aldeano y con paraguas abierto, llega suspendido por una cuerda hasta un balcón donde ya es encarnado por una persona con la misma indumentaria que el muñeco. En la segunda, el Celedón de carne y hueso baja a pie de calle, transita entre la multitud y se dirige a la balconada de la iglesia desde donde anima a la concurrencia a la diversión. Aunque dicha invitación parece un tanto ociosa para un gentío que saluda la bajada de Celedón encendiendo puros y descorchando miles de botellas de champán.

Esa noche los vitorianos más tradicionales y devotos acuden a la Procesión del Rosario (o Procesión de los faroles) que fue instaurada en 1895. Se trata de un cortejo en honor de la Virgen Blanca, acompañado de rezos y cánticos religiosos, que iluminan 267 faroles de vidrio policromado que representan los misterios, padrenuestros y avemarías y, junto a las carrozas e imágenes, pueden verse a diario en el Museo de los Faroles. Horas después, a las 7 de la mañana del día 5 se inicia la Procesión de Rosario de la Aurora.

Las fiestas de Vitoria están repletas de espectáculos, conciertos de músicos de diferentes partes de España y verbenas para todos los gustos; todo tiene lugar en distintos escenarios esparcidos por la ciudad, aunque su Casco Viejo es siempre el centro neurálgico de los festejos y de la sucesión de orquestas y charangas que los animan. Se instalan en la ciudad mercadillos, atracciones de ferias y barracas; se celebran sueltas de vaquillas por la mañana y corridas de toros por la tarde, a las que los ‘blusas’ acuden en animado cortejo, y por las noches la ciudad queda iluminada por los fuegos artificiales que participan en la Muestra Internacional de Espectáculos Pirotécnicos. No faltan campeonatos deportivos de toda índole y actividades culturales vascas de corte tradicional como competiciones de pelota, conciertos de trikitixa (acordeón diatónico y pandero) y campeonatos de bertsolaris (improvisadores de versos en euskera).

El día 7 se celebra el Celedón Txiki, una recreación de la bajada de Celedón, en la que los protagonistas son los niños, para los cuales hay siempre un completo programa de actividades, y al día siguiente, el 8, se rinde homenaje a los ‘blusas’ veteranos, llenándose las calles de nostalgia al ser tomadas por vitorianos entrados en la tercera edad ataviados con blusones de cuadrillas de los años 60.

La Virgen Blanca
Bajada del Celedón

Terminan las fiestas de la Virgen Blanca el día 9 siendo Celedón quien despide del ciclo festivo, y lo hace regresando al cielo, hasta la torre de San Miguel de la que bajó seis días antes para animar a los vitorianos a disfrutar de sus fiestas. Como ya se dijo al inicio, son los vitorianos, con sus cuadrillas integradas por más de dos mil “blusas”, los auténticos animadores de La Blanca. Para calentar motores de cara a las fiestas patronales celebran su propio día, el Día del Blusa, cada 25 de julio. Tras un homenaje en recuerdo de sus antecesores fallecidos, dan comienzo los actos lúdicos; entre estos destaca una carrera de burros que se celebra en un circuito instalado en plaza de la Virgen Blanca y el Paseíllo de los Toros un pasacalles con charanga y grupos de txistus (flauta tradicional vasca) que recorre las calles del Casco Viejo durante la tarde y la noche.

En feliz coincidencia, se celebra también la Feria Agrícola y Ganadera de Santiago, con exposición de selectas cabezas de ganado, feria de compraventa y reparto de raciones de productos variados con las que obsequiar a las miles de personas de toda España que a ella acuden. Además, los vitorianos cumplen cada 25 de julio con la tradición de comprar ristras de ajos en los numerosos puestos de este producto que se instalan en la Cuesta y calle de San Francisco

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