Santander cuenta con una de las plazas con más encanto del panorama nacional. Su feria taurina se celebra en torno a la festividad de Santiago en el mes de julio, sobre el 25 de julio. Es conocida como Coso de Cuatro Caminos y su ciclo como la “Feria del Norte”.

La Plaza de Toros de Cuatro Caminos se inauguró el viernes 25 de julio de 1890. Lo hizo con la lidia y muerte de seis toros del Conde de la Patilla a cargo de «Cara Ancha» y Luis Mazzantini. En la tercera corrida de esta campaña brilló Rafael Guerra «Guerrita». Fue capaz de estoquear en solitario seis astados de Saltillo, el 15 de agosto. Asimismo, al quinto le cortó la primera oreja en la historia del coso.

Estos primeros apuntes dan una idea de lo que ha sido y es la plaza de toros de Santander. Es una referencia obligada en el transcurso de la temporada española. No en vano, contó con presencia de grandes figuras del toreo y de las ganaderías más en boga de cada época.

Arena de la plaza de Cuatro Caminos

Arena de la plaza de Cuatro Caminos.

Los mitos en Cuatro Caminos a principios del XX

Los éxitos de Ricardo Torres «Bombita» y Rafael González «Machaquito» capitalizaron el favor del público santanderino durante la primera década del siglo XX. Esta dura etapa estuvo caracterizada por el poder adquirido por el estamento de los ganaderos. Asimismo, su punto álgiso fue la lidia del Miura «Violeto». Tomó 11 puyazos, con 9 derribos y 4 caballos muertos, el 25 de julio de 1904. Le correspondió a «Machaquito», que tras cuatro muletazos y una estocada en todo lo alto, fue paseado a hombros.

En 1905 comenzó la presencia regia en el palco principal de Cuatro Caminos. Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII acudiendo regularmente a presenciar los festejos en compañía de la Familia Real. Serían testigos de las numerosas comparecencias de los dos colosos de la llamada Edad de Oro, Joselito y Belmonte. La dupla disparó el número de espectáculos celebrados. Mientras tanto, el récord se estableció en 1913, cuando se dieron un total de 21 festejos taurinos. Hubo 3 becerradas, 10 novilladas, y 8 corridas de toros, tres de ellas en un día, en lo que se dio en llamar Corrida Monstruo (26 de junio).

Más tarde, la Edad de Plata tuvo uno de sus puntales en el matador santanderino Félix Rodríguez, nacido en la calle Marqués de la Hermida aunque desplazado a Valencia a muy corta edad. Por ejemplo, el 5 de agosto de 1928 cuajó a «Mejicano», de Miura. Logró cortarle las dos orejas y el rabo en su más destacada tarde en esta plaza. Debido a ello, una escultura de Óscar Alvariño le recuerda en los aledaños del coso.

Tras el paréntesis del año 1937, sin toros a causa de la Guerra Civil, Manuel Rodríguez «Manolete» dominó los primeros años de postguerra. Corría la década de los 40. De Santander partió hacia su última tarde en Linares tras estoquear seis toros de Rogelio Miguel del Corral, el 26 de agosto de 1947, junto a Juanito Belmonte y Raúl Acha «Rovira».

Durante la segunda mitad del siglo pasado los mandones del escalafón siguieron compareciendo en la capital de La Montaña. Junto a los Ordóñez, Camino, El Viti y un largo etcétera, dos montañeses se hicieron hueco y tomaron la alternativa en Cuatro Caminos. Sus nombres eran El Norteño (1967) y Curro González (1975).

Plaza de Cuatro Caminos en Santander

Plaza de Cuatro Caminos en Santander. | Shutterstock

Las últimas décadas de la plaza de toros de Santander

En 1978, siendo alcalde Juan Hormaechea, el Ayuntamiento adquirió la propiedad de la Plaza, mantenida hasta hoy día. El año 1980 marcó un punto de inflexión: una única corrida en la Feria de Santiago, con la presencia obligada de Manuel Benítez «El Cordobés». Desde ese mínimo, la Feria ha crecido hasta la semana completa de toros de la actualidad. Además, en este último tramo, otros dos cántabros se doctoraron en Santander. Se trata de Diego Rueda (1998) y el santoñés de adopción Francisco Marco (1999).

En el actual siglo XXI, un ganadero con residencia en Santander, Antonio Bañuelos, marcó un hito al lidiar en 2011 el bravo «Lucero». El público pidió que se le perdonara la vida. Finalmente, recibió la vuelta al ruedo en el arrastre tras ser estoqueado y desorejado por Daniel Luque en una gran faena. Por tanto, el camino al indulto quedaba así abierto hasta que «Madroñito», de Adolfo Martín. Lo obtuvo el 30 de julio de 2016 tras ser lidiado por «El Cid».

El edificio, de estilo neomudéjar, fue proyectado por Alfredo de la Escalera. Así, el radio del ruedo es de 25 metros. Interiormente, las localidades se distribuyen en tendidos, gradas y andanadas. Las coronan una arcada ciega única en el mundo, con representación de los hierros y divisas de las principales ganaderías del año inaugural, 1890. Al exterior es un amplio polígono de 16 lados, con tres cuerpos salientes y empleo del arco de herradura. En conjunto, una de las más bellas plazas de toros de España junto a grandes cosos como La Maestranza.


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