Frutos secos ¿comer o no comer?

Con el final del verano muchos comenzamos con la rutina del trabajo y nos proponemos para este nuevo curso volver a los hábitos saludables. Es entonces cuando comenzamos a leer blogs, nos preguntamos qué engorda y qué no, y empezamos a suprimir en nuestra alimentación ciertos alimentos. Uno de los alimentos que nos producen cierto rechazo son los frutos secos y no debería ser así, por lo menos por completo. Y  es que es cierto que son muy calóricos, pero esto es un mal menor si lo consumimos con cabeza.

Los frutos secos, como hemos comentado, son bastante calóricos si lo comparamos con frutas o con verduras. Por poner algunos ejemplos, entre los más calóricos encontramos las nueces de macadamia (718 kcal por 100 g), los piñones (673) o las nueces (654 kcal), entre otros. Otros que lo son menos, pero aún así con gran energía, son las almendras (579 kcal), los pistachos (562 kcal) o las castañas (369 kcal). Este alto nivel calórico se debe a que las grasas, en muchos de estos frutos, suponen 50% o más de su composición. Es aquí cuando cunde el pánico y ya decidimos que no los comeremos. Pero recordemos que todas las grasas no son iguales y éstas son ‘buenas’. Se trata de grasas poliinsaturada en su mayoría, cardiosaludables, ácidos grasos conocidos por su papel protector de enfermedades cardiovasculares. Diversos estudios han demostrado que la incorporación de frutos secos a una dieta saludable reduce los niveles de colesterol.

Esta función protectora cardiovascular se debe también a otros componentes que encontramos en los frutos secos como son la fibra, proteínas, minerales, vitaminas y antioxidantes. Todo ello, aseguran varios dietistas, permite que estos alimentos puedan ayudarnos a controlar el peso. Esto se debe especialmente a varios factores: En primer lugar, los frutos secos son de absorción lenta por lo tantonos sentimos saciados durante más tiempo al ser la digestión más larga. En segundo lugar, se relaciona el consumo de frutos secos con un consumo menor de alimentos insanos, más calóricos y procesados como la bollería industrial.

Esto no quiere decir que la ingesta de frutos deba ser desmesurado. Se recomienda incorporarlo en una dieta sana y equilibrada y consumir entre 75 g y 200 g semanales (más o menos una porción de 25 g al día). Una buena forma de tomarla es integrándolos en ensaladas o en platos, nunca fritos para que no suma calorías.

En cualquier caso es un mito el hecho de que comer frutos secos es malo. Siempre y cuando el consumo no sea abusivo, incluirlo en nuestra dieta nos aportará grandes beneficios.

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