Irún / Alarde de San Marcial

Cada 30 de junio, en plenas fiestas patronales irundarras, se celebra la defensa de la frontera de España mediante el Alarde de San Marcial

La tradición de los alardes se remonta en el tiempo a la época cuando las leyes forales vascas solamente permitían el asentamiento de guarniciones del ejército de España en las ciudades guipuzcoanas de San Sebastián y Fuenterrabía.

Alarde de San Marcial
Algunos hacheros en el alarde, 1922

La defensa del resto de ciudades, Irún entre ellas, corría a cargo de milicias populares al mando de un general, papel que ocupaba por derecho el alcalde local. Una vez al año, se realizaba una revista de tropas y armas —que es en lo que consiste el alarde— para verificar el estado de la milicia. Tanto las milicias populares como las revistas de las mismas desaparecieron durante el siglo XIX, pero en algunas localidades guipuzcoanas esta tradición castrense derivó en fiesta popular dando lugar a una de las manifestaciones culturales más interesantes del País Vasco.

En el caso de Irún, el alarde de San Marcial coincide con la romería que cada año se hace hasta la ermita consagrada al santo.

Devoción, tradición y fiesta se unen así en uno de los días grandes de la localidad. Este alarde rememora la Primera Batalla de San Marcial, 30 de junio de 1522, durante la cual la milicia de Irún expulsó a las tropas franco-germanas apostadas en el cercano monte Aldabe, desde entonces llamado monte de San Marcial. Éstas habían logrado cruzar el río Bidasoa, pero los irundarras los sorprendieron en una emboscada nocturna que garantizó al enemigo una rápida y contundente derrota. La victoria se celebró erigiendo en la cima del monte una ermita advocada al santo y elevando la promesa de hacer romería hasta ella año tras año en el Día de San Marcial. Desde 1881 se celebra el alarde de San Marcial junto a la procesión.

El alarde es una marcha militar en la que las diversas compañías que lo componen —hasta un total de veintiuna— desfilan por las calles de Irún al son de varias marchas militares y una tamborrada. Cada compañía del Alarde de San Marcial está compuesta por soldados; estos están divididos a su vez en escopeteros, pífanos, redobles y parches. Los soldados van ataviados con el uniforme clásico de las milicias y recorren las calles de Irún entre los miles de visitantes venidos de toda España que cada año acuden a la ciudad para la ocasión. El desfile lo abre la Compañía de Hacheros —zapadores encargados de hacer el camino— y lo cierra la Batería de Artillería. Entre ellos se sitúan el resto de compañías formando un solemne conjunto de miles de hombres.

Si hay una figura que destaca en medio de todo el espectáculo del Alarde de San marcial, ésta es la Cantinera, auténtica protagonista popular del desfile. A excepción de los hacheros, cada compañía está representada por una cantinera que abre la marcha en el centro de la comitiva. La elección de las cantineras es todo un acontecimiento en Irún, y representar el papel un honor reservado exclusivamente a mujeres nacidas en la localidad (o que vivan en ella desde hace más de quince años), solteras y mayores de veinte años de edad. Los vítores y piropos a las cantineras por parte del público asistente son continuos durante todo al alarde.

El desfile comienza en la plaza de Urdanibia, donde las compañías se reúnen y marchan tras el arranque de los hacheros hacia la plaza de San Juan, frente al Ayuntamiento. Ahí hace su entrada a caballo el General, que tras relevar al mando al Comandante reúne a los capitanes de cada compañía en espera de novedades.

Alarde de San Marcial
Cantineras, auténticas protagonistas del desfile

Se recoge la bandera del Ayuntamiento y se entrega al Abanderado, soldado que la portará desde entonces y que pertenece, por derecho, a la Compañía de Bidasoa. La marcha se reanuda tras una descarga de fusilería. En la iglesia del Juncal, y escoltada por dos niños, la imagen de San Marcial se une a la comitiva completando la configuración final del alarde. A mediodía se lleva a cabo la romería a la ermita de San Marcial, donde tras una misa en honor al santo que renueva los votos que la ciudad le hiciese en 1522, tiene lugar una comida campestre fielmente secundada por la población local.

Por la tarde el alarde se reanuda desde la plaza de Urdanibia recorriendo el Casco Viejo de Irún para regresar más tarde a la plaza de San Juan. Ahora, en los últimos momentos del desfile, la bandera es devuelta al Ayuntamiento y el General manda romper filas. Cada compañía se disuelve y regresa a su barrio de origen entre vítores y aplausos.Tras el alarde, la fiesta continúa por las calles de una ciudad empapada de buen ambiente y ganas de divertirse hasta altas horas de la noche, o bajas horas de la mañana.

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