Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla

Sevilla cuenta sin lugar a dudas con una de las joyas de la corona en cuanto a plazas de toros. La Real Maestranza de Caballería es una de las más bonitas del panorama nacional. Su historia empezó allá por 1760. Por entonces la Real Maestranza de Caballería acometió la empresa de construir un edificio de fábrica para sustituir a las plazas provisionales de madera que se habían levantado antes en el mismo emplazamiento. Se iniciaba así un proceso constructivo que se alargaría durante 120 años, cubriendo distintas fases y superando serias dificultades hasta concluir el cerramiento total en 1881.

Fachada de la Real Maestranza de Sevilla

Fachada de la Real Maestranza de Sevilla.

Los precedentes de la Real Maestranza de Sevilla

Se pueden distinguir cuatro períodos constructivos desde que en 1730 se recibieran los privilegios reales para poder construir una plaza de toros. En 1730, tras la concesión por parte de Felipe V del privilegio de celebrar corridas de toros, la Real Maestranza decidió construir su propia plaza de toros. Eligió un sitio del Arenal próximo al actual emplazamiento, entre el convento del Pópulo y el llamado monte del Baratillo. Era de madera, rectangular, como la plaza de San Francisco, la plaza principal de Sevilla donde se celebraban los festejos públicos. Contaba con balcones altos y bajos y andamios o gradas en el resto.

En 1733 se desmontó la plaza primitiva para construir una nueva de madera, pero esta vez de forma redonda, ochavada. Esto se debió a que la experiencia había demostrado lo peligroso que resultaba torear en esta plaza por sus cuatro vértices. Se comenzó el rebaje del monte del Baratillo y se levantó la plaza en este sitio convenientemente adecuado. Sus localidades eran similares a las del anterior coso, con balcones y cajones precedidos por un tarimón o gradillaje.

En agradecimiento, el rey concedió importantes y decisivos privilegios a la Corporación. Posteriormente se levantaría una tercera plaza. Sólo tenía balcones y andamiadas, más similar al coso actual, y disponía de cuatro puertas, además de la del toril.

Llegado 1749, la Corporación comenzaría a construir una serie de dependencias en cantería, adosadas a esta plaza de madera. Por ejemplo, carnicerías, caballerizas y más tarde casas y almacenes, configurándose el futuro aspecto de la plaza, enmarcada por diversas construcciones.

Hacia la actual plaza de toros sevillana

En 1759 se erigió una cuarta plaza de madera, que debía coincidir en su disposición con la anterior, desmontada en 1756 al prohibirse los toros en 1754. Fue la que pervivió mientras se construía la de fábrica. Para acabar con los costes y complicaciones de una arquitectura efímera, la Real Maestranza decidió afrontar la construcción de la plaza de “material”, según proyecto de Francisco Sánchez de Aragón. Se construyeron entre 1761 y 1762 tres ochavas, partes del hipotético polígono de 30 lados que conforman el edificio. En los últimos meses la dirección de las obras estuvo a cargo de Pedro de San Martín.

Por el 1763 se inició una segunda etapa, introduciendo variaciones sobre el plan inicial. Se aprobó el diseño original de la portada, el Balcón del Príncipe, la obra exterior y la galería cubierta superior. Hasta 1766 se construyeron seis ochavas y media más, bajo la dirección de Pedro de San Martín. Fue una etapa decisiva, pues se realizó el sector principal del edificio y quedó definida la parte sustancial de la imagen interna y externa de la plaza.

No obstante, hubo un paréntesis en el año 1766. Dificultades económicas hicieron que las obras quedaran suspendidas durante 15 años. Ya en el año 1781 arrancó la tercera fase de las obras, en la que se terminó una ochava que había quedado incompleta y la siguiente, siete balcones, cinco andamios y un almacén. La dirección corría a cargo de Vicente de San Martín, al que durante mucho tiempo se le atribuyó el diseño original de la plaza.

Cuadro mostrando una corrida en la Real Maestranza de Sevilla

Cuadro mostrando una corrida en la Real Maestranza de Sevilla.

La última etapa constructiva del siglo XVIII fue durante el 1783, en la que se erigen dos ochavas más, con sus correspondientes balcones, tendidos y almacenes.

Siglo XIX, dificultades y avances para la Maestranza

Carlos III prohibió las corridas de toros en todo el país en el 1785. Con ello comenzaba un período de 60 años en el que las obras de fábrica no avanzan. Los trabajos realizados se limitaron a reparaciones en la parte que seguía siendo de madera y numerosos arreglos. Algunas reformas tuvieron incidencia en el posterior desarrollo del proyecto, como la posible reducción del ruedo en 1830, con la aparición de los burladeros en sustitución de los huecos que debía haber en la barrera. Esto posiblemente dio lugar en el callejón a las localidades llamadas “cajones”, primero de madera y luego de fábrica, que anteceden a las localidades de barrera.

Años más tarde, en 1845, se creó el cargo de arquitecto de la Institución, con la idea de vincular a profesionales de prestigio entre “los de más nombre de la ciudad”. El primer arquitecto vinculado oficialmente fue Juan Manuel Caballero y Ortiz. La obras de fábrica se reiniciaron, comenzando por la andamiada baja en varias etapas. Así se terminaron el grueso de los tendidos en 1849.

Entre 1853 y 1854 se realizaron 16 nuevos balcones que sustituyeron a los de madera existentes en el lado norte del coso. En los espacios en los que no había arquería superior se habilitaban gradas y asientos provisionales de madera, lo que aumentaba el aforo.

Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla

Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla.

La consolidación de la Real Maestranza de Sevilla

Durante 1914 y 1915 se sustituyó el antiguo tendido por uno nuevo de ladrillo visto. Esta obra significó una nueva reducción del ruedo, la desaparición del palco de madera que antecedía al del Príncipe y la colocación de la espléndida reja proveniente del convento de Regina Angelorum. Dichas obras llevadas a cabo por José Sáez y López y Aníbal González.

Por su parte, el periodo entre 1927-1930 vio la construcción de la Casa de la Real Maestranza, proyecto de Aníbal González. La unión de la Casa con la plaza a través de un pasaje elevado, llevó a la Maestranza a cambiar la ubicación de su palco en el coso, trasladándose a la izquierda del balcón principal. Este pasaje fue ampliado en 1968 por Joaquín Barquín y Barón.

La edificación de la Capilla de la sede maestrante, proyecto original de Aurelio Gómez Millán, llevó de 1937 hasta 1956. Por otro lado, se tomó la decisión de desalojar el grueso de los almacenes y crear un pasillo inferior de circunvalación, trabajo acometido por Joaquín Barquín.

La particular forma del ruedo sevillano

La Real Plaza de Sevilla se distingue por un elemento singular, la irregularidad del trazado de su coso. Es conocido cómo los 120 años que duró su construcción (1761-1881) influyeron en las deformaciones que hoy presenta. También lo hicieron en la variedad y calidad de los sistemas constructivos empleados. La etapa constructiva del siglo XVIII (1761-1785) se divide en dos partes muy diferenciadas.

Plano de la Maestranza

Plano de la Maestranza. | Real Maestranza de Caballería de Sevilla

En la primera (1761-1766) se llevó fielmente a cabo el plan de construcción inicialmente previsto por Francisco Sánchez de Aragón. Por el arco del ruedo que describe puede pertenecer a una plaza circular de treinta ochavas.

Sin embargo, durante la segunda (1781-1785) comenzó a deformarse el círculo al reducirse el ruedo para ajustarla al terreno disponible o adaptar las dimensiones al toreo a pie que venía imponiéndose por aquellos años. De esta forma, Vicente de San Martín desplazó el centro del círculo describiendo desde este nuevo centro un círculo de radio más corto. El resultado es la conocida forma ovalada de su planta. Posteriormente, para ajustarse al ámbito de una plaza más pequeña, se desplazará un nuevo centro intermedio.

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