Desde la antigüedad, la alfarería de las Islas Baleares se vio influenciada por los pueblos colonizadores como los fenicios, cartagineses y griegos, o las posteriores invasiones musulmanas. Después de la conquista cristina, en la Baja Edad Media se nota la influencia levantina, y en la Edad Moderna la influencia italiana.

Históricamente, desde la Baja Edad Media los alfareros se agrupaban en los gremios de ollers, gerrer y teulers. Los principales núcleos de producción isleña se encontraban en la capital Palma de Mallorca, Inca, Pòrtol y Felanitx.

En Palma de Mallorca en el siglo XVIII se contaban cuarenta y tres talleres. En 1975 todavía quedaban dos alfares activos donde se fabricaban lebrillos, macetones y tiestos. En Inca en el siglo XVIII se fabricaba loza estannífera con decoración en verde, en verde y morado o en azul con diversos motivos. También se fabricaban los llamados platos morenos de vidriado plumbífero, con decoración en blanco de motivos vegetales y animales.

En Pòrtol, el centro alfarero más importante actualmente de la isla, se fabrican desde siempre vasijas refractarias como las cazuelas, que se exportaban a toda la isla y otros lugares.

En Felanitx son famosas las llamadas garretes felanitxeras, que son pequeñas jarras muy decoradas con calados y elementos en relieve.

Una labor muy típica de la cerámica de Baleares, originaria de la isla de Mallorca —y aplicada a la arquitectura— son las “tejas pintadas”, con decoración de motivos variados en la zona curva interior lo que permite ver desde el suelo esa pintura. Es una producción que se localiza especialmente en áreas más montañosas.

Seguramente la pieza más representativa de la alfarería de Mallorca es el siurell o pito cerámico. Su producción es manual, sin torno, a base de una arcilla rosácea o gris amarillenta con la que se moldean pequeñas figuras a las que luego se añade el silbato. Se fabricaban en muchos talleres ya desaparecidos, y se siguen fabricando en Inca, Pòrtol y Sa Cabaneta.

En Menorca, el principal centro de producción cerámica es Ciudadela. Ahí se elaboran piezas para agua de tonalidades ocres como cántaros, botijos, botillas, pipas de barro o pardelelas, que son unas ollas con agujeros.

En la ciudad de Ibiza, en la segunda mitad del siglo XX, el alfarero más famoso era Juan Planels, apodado D’Aifa, muy conocido por las reproducciones que hacía de las antiguas esculturas púnicas. Muerto este, las sigue haciendo el alfarero “Frígolas”. En Santa Eulalía del Río también fabricaban piezas dos alfareros. Actualmente, existen artesanos en distintas poblaciones de la isla, muchos de ellos por la influencia que ejerce el impotante movimiento turístico de las islas.

 

Texto del Dr. Abraham Rubio Celada, Asesor de cerámica de la Fundación Zuloaga y Socio de Ecra Servicios Integrales de Arte.

IBIZA
FORMENTERA
MALLORCA
MENORCA

Imagen principal: Juan Antonio Capó Alonso