El Secretario Antonio Pérez y la insurrección de Zaragoza

Tras los turbios manejos del Secretario Antonio Pérez y la Princesa de Éboli en relación al asesinato de Juan Escobedo ambos fueron encerrados en julio de 1579 por orden de Felipe II. Al cabo de unas semanas, a falta de una acusación de asesinato formal de Juan Escobedo, Antonio Pérez fue liberado de prisión. A partir de entonces Pérez se movió con libertad por Madrid pero las autoridades mandaron seguír sus pasos; mientras tanto, los amigos de Escobedo continuaron buscando pruebas incriminatorias de su participación en su asesinato.

antonio perez y princesa de eboli
Antonio Pérez y la princesa de Éboli.

Seis años después, los enemigos de Pérez consiguieron reabrir el proceso contra él aunque solo por las acusaciones de corrupción y tráfico de secretos de Estado. Por ello Antonio Pérez fue procesado, siendo condenado a dos años y medio de prisión y a una enorme multa.

La persecución judicial de sus enemigos continuó hasta 1590, cuando se presentan nuevas pruebas y es interrogado bajo tortura; entonces confesó también su participación en algunos hechos relacionados con el asesinato de Escobedo (que tuvo lugar en 1578). Esto incrementó las posibilidades de reingresar en prisión e incluso de ser condenado a muerte. Por ello Antonio Pérez huyó a Zaragoza, ciudad donde contaba con muy buenos amigos y donde consideraba que podría recibir el juicio justo que se le negaba en Madrid.

escudo granaderos zaragoza
Escudo de Ganaderos de Zaragoza.

En Zaragoza, Pérez alegó que debía de ser juzgado en esa jurisdicción pues el linaje familiar le convertía en aragonés y tenía derecho a ser juzgado allí. El virrey que representaba a Felipe II reclamó al Justicia de Aragón (el cargo responsable de la defensa de los fueros y de la aplicación de la justicia) la entrega de Antonio Pérez; comenzando el proceso de análisis de la petición. Como quiera que los trámites fueron lentos, el rey mandó renunciar a la jurisdicción local, mandando que se presentase una denuncia de herejía ante el Tribunal de la Inquisición, que era el único que tenía una jurisdicción para todos los reinos de la Monarquía Hispánica. Posiblemente la denuncia era producto de una manipulación, pero esta resultaba suficiente para que el reo pasara a una jurisdicción más influenciable por el Rey.

A resultas del cambio de tribunal, el 24 de mayo de 1591 Pérez fue trasladado desde su prisión hasta la cárcel de la Inquisición en el Palacio de la Alfajería. El sector más fuerista de la sociedad zaragozana —organizado en la Casa de Ganaderos y liderado por Diego de Heredia— entendió que eso era una nueva violación de los fueros de Aragón, por lo que provocaron una revuelta armada. En el altercado fue gravemente herido el marqués de Almenara, representante de Felipe II; éste moriría poco después. Los insurrectos se dirigieron al Palacio de la Alfajería, consiguiendo devolver a Pérez a la prisión del Justicia de Aragón. Desde allí Pérez continuó circulando escritos que exacerbaron los ánimos locales, pues la intervención de la Inquisición se interpretó como una treta del rey para burlar los fueros del reino.

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Palacio de la Alfajería.

El 24 de septiembre de 1591 el virrey, acompañado por varios nobles y una fuerte guardia se dirigió a la prisión foral para realizar el traslado de Pérez; pero los exaltados liderados por Diego de Heredia entraron en acción, produciéndose unas luchas que se saldaron con unos 30 muertos. Durante las mismas los revoltosos asaltaron la prisión del Justicia y la liberaron a Antonio Pérez, que huyó de la ciudad. Al llegar Pérez a la frontera francesa se encontró con que no le dejaban salir; por ello regresó a Zaragoza. Allí consiguió convencer a la personaba que acababa de heredar el cargo de Justicia de Aragón –Juan de Lanuza, un joven de 26 años– que lo que el rey realmente buscaba era eliminar los fueros aragoneses.

El 15 de octubre el rey envió una carta a todas las localidades y nobles de Aragón explicándoles que iba a enviar el ejército para imponer sus órdenes. Con ello consiguió que las autoridades de la ciudad y los amotinados quedaran aislados. Entre tanto, las autoridades forales de Aragón —lideradas por el joven Lanuza y radicadas en Zaragoza— decidieron que la entrada del ejército era un contra fuero. La Diputación pidió ayuda militar a las localidades, así como al principado de Cataluña y al reino de Valencia; pero muy pocos milicianos de Aragón se presentaron. La Diputación encargó a los partidarios de Antonio Pérez reunir un improvisado ejército. Significativamente, los líderes se autodenominaron «los caballeros de la libertad». Conforme avanzaba el ejército del Rey, los nobles y autoridades locales no solo no se les opusieron si no que muchos se les unieron. Por ello, cuando los dos mil hombres que habían acudido a Utebo para cumplir el mandato de la Diputación vieron que se les acercaba el ejército del rey, se disolvieron. Antonio Pérez y los líderes fueristas consiguieron huir a Francia.

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Felipe II convocó a las Cortes de Aragón en Tarazona, donde se decidió el mantenimiento de los fueros; pero el rey se reservó amplios poderes para controlar los nombramientos de las autoridades, aumentando indirectamente el control sobre la administración de Aragón.

Los condes de Aranda y de Ribagorza —que después de haber apoyado la revuelta habían permanecido en Épila pendientes de los acontecimientos— redactaron unos manifiestos exculpatorios, pero fueron detenidos y encerrados en el castillo de Miranda de Ebro, donde murieron al año siguiente en circunstancias desconocidas.

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Castillo de Miranda de Ebro (Burgos)
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Juan de Lanuza en el cadalso.

Tras pasar poco más de un mes en Francia, Juan de Lanuza y algunos de los «caballeros de la libertad» que se habían exiliado con el regresaron voluntariamente. No habían llegado a combatir contra las tropas de la corona, por lo que consideraron suficiente redactar y divulgaron un manifiesto exculpatorio y de adhesión al rey. Con ello creyeron que conseguirían ser perdonados.

La Junta de notables nombrada por el rey para administrar Aragón no opinaba lo mismo. Como temían que el juicio podría dar lugar a nuevos disturbios y pensaban que resultaba imprescindible realizar un castigo ejemplarizante, recomendaron al rey ejecutar sin proceso judicial previo a Juan de Lanuza y demás responsables que habían regresado. Felipe II decidió seguir su consejo.

El 20 de diciembre de 1591 Lanuza y sus compañeros fueron llevados al cadalso de la Plaza del Mercado de Zaragoza. Al escuchar la proclame del pregonero en el que se les tildaba de traidores al rey, Lanuza exclamó: “traidor no, mal aconsejado sí”.

Solo uno de los principales caudillos fueristas permaneció en el exilio. Con ayuda francesa, el líder fuerista Diego de Heredia comandó la invasión de un grupo de los«caballeros de la libertad» exiliados; pero todos ellos resultaron capturados y ejecutados.

El antiguo Secretario Antonio Pérez —conocedor de tantos secretos— fue acogido por la Corte francesa. Trasladándose con posterioridad a la de Inglaterra. Durante esa estancia en el extranjero Pérez se ganó la vida publicando unos textos que resultaron fundamentales para formar la «Leyenda Negra» sobre España; también procuró información a los ingleses para que organizasen el ataque a Cádiz de 1596. Sus servicios no fueron recompensados lo suficiente. Solo y sin dinero, el ex Secretario Antonio Pérez murió en París en 1611.

Texto de Ignacio Suárez-Zuloaga e imágenes de Ximena Maier.

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