Surcada por arroyos: la villa segoviana con una plaza mayor coronada por una impresionante fortaleza medieval
Este señorío episcopal fue sede de la cancillería y la audiencia del reino de Castilla y residencia de reyes en el siglo XV. Su poderoso obispo Arias Dávila edificó su emblemático castillo, que después sería prisión del poderoso secretario del rey Felipe II. A continuación, la historia y lo mejor que ver en Turégano.
Se trata de una bella y tranquila población con excelente gastronomía a buen precio. Además, es un lugar estratégico desde el que recorrer la provincia. La visita a su castillo, su iglesia y el paseo por sus calles puede llevarnos unas tres o cuatro horas. A menos de media hora de carretera están otras bellezas medievales, como Pedraza y Sepúlveda. También es una buena opción para visitar la cercana capital de provincia, Segovia.
Historia de Turégano, hogar de reyes y grandes obispos
Para saber qué ver en Turégano, es conveniente conocer primero su historia, de modo que la visita resulte más atractiva. Sobre la colina del castillo debió de haber un castro celtibérico, algunos de cuyos restos se encuentran en torno a su foso. Hacia el año 940 fue conquistada por el conde Fernán González para los cristianos.
Su hijo reforzó el castillo musulmán con torres. La llamó Turrem Vegam que derivaría en Toroda, Toroganum y luego Turégano. Se trataba de una plaza estratégica por confluir en ella los caminos de Segovia, Fuentidueña, Sepúlveda y Pedraza.
En el turbulento año de 1123, la reina Urraca de Castilla dona la villa y sus contornos al recientemente restaurado obispado de Segovia. Por entonces, se reconstruyó el castillo alrededor de la iglesia románica de San Miguel. A mediados del siglo XIV, el rey Pedro I confirma la donación de Turégano a la diócesis segoviana concediéndole noventa ballesteros para defender la fortaleza. A finales de siglo, la fortaleza se convirtió en frecuente residencia de los reyes Juan I y Juan II.
Este último recuperó el control de la fortaleza, y radicó allí durante al menos seis meses al año la sede de la cancillería y audiencia del reino de Castilla. Allí celebró importantes torneos entre sus caballeros. Por el enfrentamiento entre los obispos de Segovia y el cabildo controlado por los caballeros de la ciudad de Segovia, los prelados residían en el palacio de Turégano alejados de la capital.
Villa episcopal de intrigas nobiliarias
En el siglo XV, hubo una sucesión de importantísimos obispos. Especialmente don Gonzalo (que escribió el libro de derecho titulado Peregrina) y el humanista fray Lope de Barrientos, catedrático de Teología en la Universidad de Salamanca y tutor del futuro Enrique IV. En 1461, Enrique nombró obispo al joven de veinte años Juan Arias Dávila, hijo de un judío converso y contador real, que demostró su preferencia por Turégano. Tenía una temprana ambición e inclinación a la intriga, comenzando pronto a edificar un castillo inexpugnable.
En 1473, el obispo era ya un partidario de Isabel de Castilla, acogiendo a su marido Fernando de Aragón en su castillo. Allí recibió a un mensajero del rey Enrique IV que le conminó a presentarse en Segovia, que fue enviado a la horca por orden suya. Fernando el Católico esperó en su castillo la señal de Isabel, que estaba en Segovia, a que esta se autocoronara acudiendo desde Turégano a la ciudad para firmar la famosa concordia el 15 de enero de 1475.
El intrigante obispo Arias Dávila continuó residiendo allí. Sin embargo, sus numerosos enemigos se las arreglaron para que fuera juzgado por la Inquisición, declarado judaizante y obligado a marcharse a Roma en 1490. Se le declaró maldito y, en consecuencia, se trató de borrar todo lo relativo a su persona en la villa, picando sus escudos para no dejar rastro del personaje.
En 1521, los comuneros alzados contra Carlos I llegaron a enviar al alcaide Gonzalo de Copete (nombrado por el obispo) hasta 71 cartas para convencerle de que se uniera a la rebelión. Este recibió también una carta del propio Carlos I, obedeciéndole. Esas cartas permanecerían escondidas entre dos paredes del castillo hasta el año 2002 cuando fueron descubiertas.
El rey Felipe II empleó el castillo como prisión para el secretario Antonio Pérez, tras ser responsabilizado de la muerte de Escobedo. Se le encerró en febrero de 1585. Allí hubo un intento de liberación por parte de sus amigos, que fueron engañados por el alcaide, permaneciendo hasta marzo de 1586.
A comienzos del siglo XX, es visitada por el ceramista Daniel Zuloaga, que lo emplea en sus creaciones, y por su sobrino, el pintor Ignacio, que allí pinta su lienzo Torerillos en Turégano. Allí también trabajaron otros pintores de su círculo, como los hermanos Zubiaurre, Gutiérrez Solana y Duran Camps. En 1962, por encargo del guitarrista Andrés Segovia, el compositor Federico Moreno Torroba compuso una serranilla inspirada en el castillo de Turégano. El músico militar Santiago Berzosa, nacido en la villa en 1907, compuso el Himno a Turégano. Se trata de un pasodoble-marcha de gran belleza que interpreta el reloj del ayuntamiento.
Qué ver en Turégano, una preciosa villa con un inmenso legado patrimonial
Lo primero que se ve al visitar Turégano es el castillo (hacia 1463) sobre la colina que domina la villa. La fortaleza está edificada sobre restos celtibéricos, romanos y árabes. Tiene como particularidad que en su patio de armas se levanta la iglesia de San Miguel (siglos XII y XIII). Fue sede de la cancillería y la audiencia de Castilla, residiendo allí los reyes Juan I, Enrique II, Juan II, Álvaro de Luna y Fernando el Católico.
Hacia 1463 sus torres y sus dos murallas fueron considerablemente reforzadas por el obispo Arias Dávila. Se empleó como prisión de Estado hasta el siglo XVIII. En 1703, se inauguró la espadaña del castillo, a la que se trasladaron las campanas del pueblo. La fortaleza fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1931. El castillo sigue siendo propiedad del obispado de Segovia, cedido al ayuntamiento, y está siendo restaurado por etapas.
Las plazas de Turégano, escenarios de su legado histórico-artístico
Al bajar al pueblo se dirige uno a la Plaza Mayor, rectangular y denominada de los «cien postes». Esto es por el número de postes sobre los que se sustentan los soportales formados por columnas de madera y piedra sobre zapatas y pilares de piedra. Antiguamente era más grande, hasta la fachada del Palacio Episcopal. Sorprende la visión del castillo de la localidad sobre la plaza.
Según la Crónica del Halconero del rey Juan II de Castilla allí se celebraron los torneos y fiestas más espectaculares de la historia de Castilla. Hasta principios del siglo XX se celebraban allí festejos taurinos, que fueron pintados por los artistas Zuloaga y su círculo. El típico edificio castellano del ayuntamiento (siglo XIX) tiene un reloj programado para interpretar el himno de Turégano.
En la plaza de Santiago está situada la iglesia que le da nombre. En su fachada, dentro de una gran hornacina, hay una importante talla de madera. La importante cabecera de la iglesia es románica, donde hay que fijarse en sus ventanales y las columnas cuyos capiteles representan animales fantásticos. El actual retablo neoclásico del siglo XVIII incluye tallas de San Pedro, San Pablo y Santiago. El ábside se conforma como retablo de piedra en tres niveles sobre capiteles con pavos reales, parejas de aves y altorrelieves de Santiago apóstol.
En la misma plaza está el palacio o casa Miñano, con tres plantas y buhardilla, edificada con piedra, adobe, ladrillo y madera. Sus caballerizas se adaptaron a casas particulares y el Centro Tureganense, centro recreativo de los lugareños.
El obispo son Manuel Murillo mandó construir el Palacio Episcopal hacia 1753, cuya fachada principal da al sur de la plaza. Tras la desamortización pasó a propiedad privada, adosándosele progresivamente otras construcciones, si bien el escudo del obispo fundador todavía es visible. Saliendo de la plaza por la calle obispo Miranda está el edificio, completamente reformado en el siglo XX, de lo que fue la antigua sinagoga del siglo XIV.
Explorando los alrededores de Turégano
A tres kilómetros del pueblo, dentro de un pinar, hay una gran casa del siglo XX donde está el Museo Forestal. Aquí se explica el ecosistema del pinar (animales y plantas) así como la explotación de este entorno, por lo que merece la pena una visita dentro de lo que ver en Turégano.
En los alrededores de la villa, hay varias localidades con templos románicos interesantes, que responden al estilo denominado como «románico del río Pirón» por estar en las inmediaciones del mismo. Estos edificios se singularizan por las ricas decoraciones florales y vegetales que muestran en sus portadas y en los capiteles de las columnas. También los animales reales y fantásticos de extraordinaria calidad que aparecen en los capiteles. Sus ejemplos más destacados pueden ser los de Sotosalbos y Caballar.
A 17 kilómetros de Turégano, la iglesia románica de Sotosalbos destaca por su hermosa galería porticada. Los arcos de la puerta se singularizan por continuar hasta el suelo y su decoración de dientes de sierra. Los capiteles, canecillos y metopas que se pueden disfrutar de la galería son característicos de los canteros que trabajaron en esta zona y merecen ser observados con detenimiento. En el interior merece detenerse ante las pinturas al fresco del ábside y la gran pila bautismal.
A 6 kilómetros de Turégano, en Caballar, la gran iglesia románica de la Asunción (siglo XIII) tiene una nave con cabecera semicircular y una importante bóveda de medio cañón. Si se accede en horas de misa en su interior hay un retablo barroco y un importante relicario de plata segoviana. Custodia los cráneos de los hermanos de San Frutos, el eremita del siglo VIII que es patrón de Segovia.
Datos prácticos para visitar Turégano
Coordenadas
41° 09′ 19″ N, 4° 00′ 26″ W
Distancias
Segovia 34 km, Madrid 128 km
Altitud
935 m
Habitantes
1017 (2024)
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