Declarada Conjunto Histórico: la ciudad bañada por el Duero con un alcázar y una majestuosa colegiata románica
Desde su imponente Colegiata de Santa María la Mayor puede observarse la vega en la que tuvo lugar una de las batallas más decisivas de la historia de Castilla. Esta ciudad, con numerosos monumentos románicos, mudéjares y renacentistas, mantiene interesantes tradiciones como su carnaval y su singular vino. A continuación, la historia y lo mejor que ver en Toro.
La visita a esta localidad no se reduce solo a su casco histórico, sino también a las bodegas de vino con denominación de origen. Se puede hacer en un día completo, y para continuar la escapada se puede viajar hacia el oeste y visitar la ciudad de Zamora o la Puebla de Sanabria y su lago.
Historia de Toro, escenario de una batalla medieval decisiva
Conocer la historia local ayuda a comprender mejor lo que ver en Toro. Los primeros pobladores locales fueron vacceos de la llamada Arbucalla, que dejaron tras de sí un verraco celtibérico que hoy se encuentra ante la puerta de Santa Catalina. Su castro fue conquistado por Aníbal en el 220 a. C. y, durante la ocupación romana, por las inmediaciones pasaba la calzada denominada Vía de la Plata.
Hacia el año 573, el rey visigodo Leovigildo, cristiano arriano, desarrolló una campaña para expulsar a los suevos, católicos, de sus asentamientos en el Duero. De esta forma, refundó la llamada Villa Gothorum. Después pasaría a ser parte del «desierto del Duero» debido a la retirada de población cristiana a instancias de Alfonso I de Asturias. Su descendiente, Alfonso III, la repobló dos siglos después con el nombre de Taurum.
Llegado el siglo XII, el cultivo de su singular vino la enriqueció. El mismo Alfonso IX de León llegó a decir: «tengo un Toro que me da vino y un León que me lo bebe». En 1218, se firmó el pacto por el que los leoneses reconocían a Fernando III de Castilla como su rey, unificándose Castilla y León. Toro sería escenario de reuniones de cortes, muy frecuentado por la familia real. Por ejemplo, en marzo de 1405 allí nació el futuro rey Juan II.
Durante 1476, los partidarios de Isabel la Católica se reunieron en la casa de Juan de Monroy y Antona García. El alcaide, partidario de la Beltraneja, y descubriendo la conspiración para entregar la ciudad, ahorcó a varios de ellos en la plaza. Antona, después de muerta, fue colgada en la reja de la ventana de su propia casa como aviso. Tal es el motivo de que, al entrar en Toro, Isabel la Católica mandara dorar la protección de la ventana. Este es el origen de la reja dorada, uno de los grandes hitos que ver en Toro.
Poco después se produjo la batalla de Toro, de resultado equilibrado, aunque hábilmente manipulado a través de propaganda, consiguiendo decantar la guerra a favor de Isabel. En cumplimiento del testamento de la reina católica, en 1505 se reunieron en la localidad las cortes para promulgar las 83 «leyes de Toro», por las que se regía el derecho civil, procesal y penal de Castilla. Quince años después sería una de las villas que se unió a la insurrección comunera contra Carlos V.
El conde-duque de Olivares fue desterrado a Toro en 1643, siendo procesado por la Inquisición al año siguiente y muriendo allí en 1645. Tras siglos de decadencia, la reorganización administrativa de 1833 la privó de su capitalidad provincial, que comprendía las tierras de Carrión en Palencia y las de Reinosa en Cantabria, de forma que se incorporó a la provincia de Zamora. Hoy, sigue siendo famosa por su vino y la importante historia que atesoran sus calles.
Qué ver en Toro, una ciudad regada de iglesias románicas y casas señoriales
La ciudad se encuentra asentada sobre una meseta y estuvo doblemente amurallada, salvo por la cara sur. Esta faz da a un cortado sobre la vega del río Duero, planicie donde tuvo lugar la famosa batalla anteriormente mencionada. Así, el lugar se estructura en forma de abanico en torno a la Colegiata de Santa María la Mayor, disposición que marca cómo realizar el paseo por esta localidad.
El recorrido comienza por el noroeste, cruzando la segunda muralla de la villa por el arco de Santa Catalina (1753), ante el que se halla el toro verraco celtibérico que dio nombre a la localidad. Cerca de esta puerta están el Hospital de la Angustias (siglo XVIII) y la Plaza de Toros de adobe (1828), con un magnífico entramado de madera en sus tendidos. En la calle de Rejadorada número 11 está el palacio con la reja dorada donde la heroína toresana Antona García fue colgada. También cerca se encuentra el Hospital de la Cruz o del Obispo (siglo XVI), con bello patio y capilla con entramado de madera.
Siguiendo con lo mejor que ver en Toro se llega a la iglesia de San Julián de los Caballeros (siglo XVI), donde destaca su portada gótica, que proclama «se mantuvo público el culto católico en tiempo de los sarracenos», rótulo que hace pensar que es heredera de un templo mozárabe o visigodo. Un poco más al oeste se alza el monasterio de Santa Clara (siglo XIII, reformado hasta el XVIII). A su vecina plaza del Carmen da el convento de las Carmelitas Descalzas, cuyas habitantes venden directamente diversos dulces elaborados por artesanalmente.
Por el paseo del Carmen se puede acceder hasta el Alcázar Real de Toro (siglo X), que luce murallas con siete torreones circulares. La fortaleza estaba en un extremo de la muralla interior del pueblo, protegido por el cortado que da a la vega. Siguiendo la dirección oeste, hacia el paseo del Espolón, se llega a una de las mejores panorámicas que ver en Toro, vistas que dan a la vega donde tuvo lugar la famosa batalla y al gran puente medieval de 22 arcos sobre el Duero.
La imponente colegiata de Santa María la Mayor: símbolo de Toro y del arte románico-mudéjar
Allí está el principal monumento que ver en Toro: la colegiata de Santa María la Mayor (siglos XII y XIII). Destaca la armonía de sus formas, los ábsides con sus arquerías ciegas y el remate octogonal de la torre. Asimismo, resulta espléndido el cimborrio de gusto bizantino rodeado de torrecillas semicirculares. Precedido de un atrio abovedado se encuentra el pórtico de la Majestad, decorado con esculturas y relieves policromados que recrean la Coronación de la Virgen y el Juicio Final.
Por dentro se organiza en tres naves con pilares cruciformes, mientras que una gran cúpula cubre el crucero. Su retablo mayor, la reja del coro y el órgano son barrocos. Al tiempo, los sepulcros de nobles tienen decoraciones flamencas del siglo XVI y una representación escultórica de la Anunciación. Por último, la sacristía de la colegiata de Santa María la Mayor contiene el extraordinario cuadro de la Virgen de la Mosca (1520).
Pasando por la plaza de la Colegiata, al norte, se llega a la Plaza Mayor de Toro, caracterizada por sus bellas casas de ladrillo y entramados de madera sobre los soportales. El ayuntamiento, del siglo XVIII, forma parte del conjunto, y enfrente de él se alza la iglesia del Santo Sepulcro, románico-mudéjar, que alberga importantes pasos de Semana Santa.
La Plaza Mayor, los restos de la muralla y un sinfín de templos
Desviándose una manzana de la Plaza Mayor, se llega a la iglesia de San Lorenzo el Real (siglo XII), el ejemplo más destacado del románico-mudéjar local. Así, llaman la atención sus arquerías ciegas tanto en el exterior como en el interior, y el motivo de los dientes de sierra que puede verse en la cornisa del ábside. En el trascoro se conserva un hermoso artesonado de tracería morisca y policromado y, además, su retablo principal gótico incluye pinturas hispano-flamencas.
Hacia el este se halla, en los restos de la muralla interior, la gran Torre del Reloj. Aunque atribuida durante muchos años a Churriguera, recientemente se adjudicó su diseño y ejecución a Valentín de Mazarrasa. Al otro lado se extiende la plaza de Santa Marina, con la estatua de fray Diego de Deza.
Siguiendo al norte, se alcanza el antiguo palacio de los marqueses de Castrillo (siglo XVI), que actualmente ejerce como Casa de Cultura. Colindante, se halla la iglesia de Santo Tomás Cantuariense (siglo XVI), que cuenta con tres capillas góticas en la cabecera y un magnífico retablo. Finalmente, más adelante está el arco de la Corredera (reconstrucción del siglo XVII) sobre la muralla exterior.
Si se prefiere, se puede caminar hacia el oeste, al arco del Postigo y la capilla medieval de la Virgen de la Antigua (reformada en el siglo XVIII). Cerca, se halla otro bello templo que ver en Toro: la iglesia de San Sebastián de los Caballeros. Reedificada en 1516, está decorada con pinturas murales góticas (siglo XIV) provenientes del monasterio de Santa Clara. La encargada de realizarlas fue una de las primeras artistas españolas reconocidas, Teresa Díez.
En la plaza de Bustamante y en la calle de la Reina quedan los principales palacios que ver en Toro. A la iglesia de la Trinidad (reedificada siglo XVI) se trasladó el retablo de pinturas de Lorenzo de Ávila del monasterio del Sancti Spiritus. También en la calle de los Capuchinos se encuentra la portada gótica del palacio de las Leyes, lo único que queda del edificio donde se promulgaron las 83 «leyes de Toro».
Regresando hacia el centro a través a calle de la Reina, pasada la iglesia de la Trinidad, se asientan las ruinas románico-mudéjares de la iglesia de San Pedro del Olmo. Por su parte, la iglesia de San Salvador de los Caballeros, antiguo edificio templario del siglo XIII, alberga pinturas murales y el Museo de Escultura Medieval, con piezas traídas de templos de la comarca. Ambas iglesias equidistan del convento gótico de las Mercedarias. Asimismo, calles próximas como Abrazamozas, Tablarredonda, Zapateros, Candeleros, Judería y Trasalfóndiga contienen interesantes construcciones.
En la parte oeste de la villa se halla el monasterio de Santa Sofía (siglo XIII), edificado sobre un palacio de la reina María de Molina. Del original todavía se conserva un torreón y el patio de la Cisterna. En el extremo sudoeste de la localidad se levantó el monasterio del Sancti Spiritus (siglo XIV), donde resulta notable su claustro renacentista sobre columnas dóricas y el sepulcro en alabastro de la reina Beatriz de Portugal, esposa de Juan I. Varias dependencias del edificio albergan el Museo Comarcal.
Para terminar con lo que ver en Toro, toca cruzar al otro lado del Duero, donde descansa la iglesia de Santa María de la Vega, ejemplo románico–mudéjar de principios del siglo XIII. También es conocida como «iglesia del Cristo de las Batallas», cuya imagen protagoniza una romería cada lunes de Pentecostés.
Datos prácticos para visitar Toro
Coordenadas
41º 31’ 34’’N , 5º 23’ 41 W
Distancias
Zamora 32 km, Valladolid 62 km, Madrid 220 km
Altitud
710 m
Habitantes
8369 (2024)
Sigue nuestro canal de WhatsApp para descubrir lo más fascinante de España 😍🎉


