El precioso pueblo medieval al borde de un precipicio: recorrer sus calles empedradas es como viajar en el tiempo
Siurana se encuentra emplazada en un imponente peñón de roca caliza y sobre el pantano al que da nombre. Se ubica entre las sierras del Montsant y de Prades. Debió de quedar completamente rodeada por las conquistas cristianas para que cayera en poder de los cristianos, algo fácil de entender al visitar tan espectacular paraje. ¿Te unes a nuestro recorrido por Siurana?
Las claves de Siurana
La historia de Siurana
Antes de recorrer las preciosas calles de Siurana, hay que conocer su historia. Entre el segundo milenio a. C. y la Edad del Bronce, se desarrolló en la zona una población que se especializó en la producción de piedras de sílex. De esta manera, la emplearon como armas y utensilios.
Al ser sustituida la piedra como materia prima, el atractivo para los pobladores se redujo drásticamente por su inaccesibilidad. Además, el hecho de estar alejado de las rutas comerciales lo hacía incómodo para las explotaciones agrarias y ganaderas. Por lo tanto, no se encuentran vestigios importantes de íberos, romanos y visigodos. Por esas mismas razones, los árabes, que llegan a sus contornos hacia el año 714, no se establecieron en la llamada Xibrana hasta el año 869.
No sería hasta el siglo XI cuando la localidad entra en la historia. Esto se debió a que el empuje de los cristianos fue desplazando al lugar a pobladores de otras zonas, que allí encontraron la seguridad de tan abrupto y apartado enclave.
Esta región fronteriza era gobernada desde el pequeño castillo de Siurana. Era el centro de un valiato, una entidad administrativa gobernada por un walí, cuyo poder llegó a equipararse al de un rey taifa. Se trataba de un extenso territorio, principalmente montañoso. Los habitantes vivían dispersos, organizando su vida cotidiana y la explotación de los recursos naturales desde numerosas alquerías. Una de estas era la llamada Morera de Montsant.
En 1146, el conde Ramón Berenguer IV cede Siurana al caballero Berenguer Arnau, reservando una quinta parte de su territorio para la Orden del Temple, que debería de ayudarle en la empresa. Pero antes de ocupar su señorío, debía conquistar la región defendida tenazmente por el walí Almira Alemoni.
Los caballeros templarios no fueron capaces de hacerlo. Se fueron ocupando todas las localidades de los alrededores en los siguientes cinco años y se convirtió en una zona aislada del resto de territorios musulmanes. Finalmente, tras un asedio, en el año 1153 el caballero Beltrán de Castellet conquista el último reducto de resistencia musulmana en Cataluña.
A lo largo de los años, cuando se producían pertinaces sequías, las poblaciones de los alrededores subían en procesión hasta la iglesia de Siurana, con la Vera Cruz y el Santo Cristo. El párroco y los habitantes del poblado les esperaban en la puerta de la iglesia y todos rezaban por las lluvias.
Durante la Guerra Civil catalana entre el rey Juan II y los nobles agrupados en la Generalitat, sus fieles, Juan Ramón Folch III de Cardona y el arzobispo de Tarragona, emplearon esta fortaleza como base del ejército contra los nobles rebeldes que ocupaban las localidades de la llanura.
En 1651, al final de la Guerra de los Segadores, las tropas del rey inutilizaron la fortaleza para que no sirviera más de refugio para rebeldes. Debido a su inaccesibilidad, durante la Guerra de la Independencia fue una base de los guerrilleros. En las guerras carlistas, estos la ocuparon, atacando desde allí a los pueblos del llano, mayoritariamente liberales y leales al Gobierno.
Después de la Guerra Civil, el lugar fue refugio de maquis antifranquistas. Así, quedó durante varias décadas abandonado, pues los vecinos bajaron al pueblo de Cornudella de Montsant, del que dependía administrativamente. Dado el abandono y la ausencia de seguridad, en 1979 fue robada en la iglesia la imagen románica de la Virgen del Agua, que ha sido sustituida por una réplica.
Qué ver en Siurana
Las vistas sobre los contornos son espectaculares. Esto anima a elegir días despejados de nubes, pues si estas son bajas (Siurana está a más de 750 metros de altura), se corre el riesgo de encontrarse en medio de la niebla y perderse tan importante atractivo.
Es imprescindible acercarse al precipicio del roquedal por el llamado Salto de la Reina Mora, en el peñasco de la Trona. Es el lugar donde la tradición señala que la reina Abd-al-Azia se lanzó al vacío sobre su caballo blanco cuando las tropas cristianas lograron superar la muralla del lugar y se disponían a hacerla prisionera. Para probar la fuerza del salto quedan unas huellas que, según la leyenda, dejaron las pezuñas del caballo al brincar al vacío.
Las viejas casas de los agricultores y ganaderos de Siurana han sido rehabilitadas con criterios tradicionales por descendientes de sus habitantes y veraneantes. Se reúnen así una cierta cantidad de pobladores los fines de semana y durante los periodos vacacionales. Entre los visitantes abundan los aficionados a la escalada.
Al final del pueblo, la iglesia de Santa María, del siglo XII, es de bella y sencilla traza románica. Pararse a disfrutar su armoniosa portada con tres arquivoltas y con un magnífico tímpano de piedra labrada sobre la puerta. En él hay unas sencillas representaciones de Cristo crucificado acompañado por varios apóstoles, dos leones, el sol y la luna. Un templo imprescindible que ver en Siurana.
El castillo del walí Almira Alemoni es de origen musulmán y está documentado desde el año 1231. Fue una plaza fuerte considerada como inexpugnable. Tras ser inutilizada en el siglo XVII, quedan sus muros, algunos torreones y restos de una torre circular. Se consolidaron para evitar posteriores derrumbes.
Datos prácticos
Coordenadas
41°15′28″N 0°55′55″E
Tarragona 100 km, Barcelona 145 km, Madrid 530 km.
Sin problemas en la localidad. Hay dos aparcamientos de pago en las inmediaciones.
757 m.


