Surcada por un río bajo un castillo: la preciosa villa con 1009 metros de altitud en la Sierra de Gredos
Entre la sierra de Béjar y el macizo de Gredos se levanta esta antigua villa de la Casa de Alba en la que el Gran Duque dejó su huella. El Barco de Ávila cuenta con un bello castillo y son famosas sus exquisitas judías. También presume de rodearse por la belleza natural del extenso Parque Natural de la Sierra de Gredos, un paisaje repleto de posibilidades que promete una visita única.
Un poco de historia de El Barco de Ávila
Aquello que ver en el Barco de Ávila está ligado a su historia. Los vetones se asentaron en el castro situado en la colina dominante. Los romanos construyeron el puente que unía esa zona con la calzada que llegaba a Extremadura.
Los nombres de Navamorisca, Navalmoro y Navamures recuerdan la ocupación mahometana. Los árabes mejoraron la agricultura y construyeron pozos de agua dulce. Cada casa de la Calle Mayor contaba con uno para autoabastecerse en caso de asedio.
En 1088 nace en el Barco de Ávila el niño Pedro. Al quedarse huérfano se instala en sus inmediaciones, ganándose una fama de santidad que indujo al obispo de Segovia a nombrarle canónigo de la catedral. Más tarde, en 1149 regresó a su pueblo para retirarse, acompañado de su amigo Pascual (ambos serían santificados tiempo después).
Se cuenta que predijo su muerte para cuando el agua se transformara en vino. Un día pidió a su mozo que le trajera agua y este se equivocó y le trajo vino. A los tres días Pedro falleció. A su muerte, las disputas sobre dónde enterrarlo motivaron que sus restos se colocaran sobre una mula a la que se dejó libre de ir donde quisiera. Al cabo de días de vagabundeo, el animal cayó muerto en la ciudad de Ávila, donde Pedro fue enterrado.
A finales del siglo XI el rey Alfonso VI de León creó el Señorío de Valdecorneja para su hija Doña Urraca, antes de que fuera declarada heredera del trono. Su marido, Raimundo de Borgoña, fue el responsable de la repoblación de esta comarca.
En 1366 el rey Enrique II de Trastámara concedió el Señorío a García Álvarez de Toledo, a cambio de que renunciara a su título de Maestre de la Orden de Santiago. La localidad permanecería vinculada a la familia de la Casa de Alba desde su constitución hasta la desaparición de los señoríos en el siglo XIX.
Fue notable la presencia judía en el pueblo. El rey Alfonso VIII concedió un Fuero específico para esta Villa en el que se establecía la libertad de cultos. Amparados por este, se celebraron importantes mercados y ferias de ganado que han sobrevivido hasta nuestros días.
El 10 de noviembre de 1556, Carlos I de España y V de Alemania descansó en la posada de esta localidad durante su viaje para retirarse al Monasterio de Yuste.
En 1578 el Gran Duque de Alba, conocido como ‘La Espada’ por su implacabilidad, regresó a España de la Guerra de Flandes a descansar en Piedrahita, capital de sus posesiones en ese Señorío. Allí unos regidores le pidieron justicia ante los supuestos agravios que les causaba el alcaide de El Barco. Irritado y poco convencido, el duque les contestó que de ser ciertas las acusaciones ahorcaría al alcaide. No obstante, de no serlo los ahorcados serían sus acusadores. Una vez comprobada la verdad, el alcaide fue ahorcado ante una puerta que conserva su nombre.
Hasta 1833 El Barco de Ávila perteneció a la provincia de Salamanca. La actividad agrícola-ganadera sigue siendo la principal dedicación de sus habitantes. El Barco de Ávila es cada vez es más valorado por su calidad de centro veraniego.
Qué ver en El Barco de Ávila, una villa rica en patrimonio a orillas del Tormes
Comenzamos la visita a lo que ver en el Barco de Ávila por el Castillo de Valdecorneja. Se alza en un pequeño cerro que se eleva sobre el cauce del Tormes. Se estima que este construyó en el siglo XII sobre los restos de un antiguo castro vetón, siendo reconstruido en el siglo XIV.
Lo primero que llama la atención es el arco gótico de grandes dovelas de la entrada. Tras esto, se traspasa una barbacana con almenas y torreones que protegen su planta rectangular, presidida por una torre del homenaje. A finales del siglo XV en esta se abrirían huecos de iluminación y ventilación decorados con ajimeces (ventanas divididas en dos por una columna) y se embelleció el patio de armas.
Se ha estimado que las habitaciones destinadas a las mujeres pudieron estar situadas en paralelo al muro que da a la cuesta de la Viñas. Las de los caballeros daban a la vista del Puerto de Tornavacas. Como es habitual en estos edificios, en su parte noble se hallaba la capilla, los comedores y el gran salón de juntas y audiencias.
Tras su adaptación a castillo-palacio se debieron de abrir más ventanas con ajimeces, dotadas de asientos para disfrutar de las hermosas vistas. A mediados del siglo XIX el castillo fue habilitado como cementerio municipal, lo que aumentó su deterioro. La restauración actual ha permitido habilitarlo para usos culturales.
Hay que admirar en El Barco de Ávila el casco urbano medieval con el debido detenimiento. Especialmente sus fragmentos de la muralla, algunos de los cuales han sido restaurados. Pueden destacarse la Puerta de Ávila o Puerta del Ahorcado. Está formada por un arco de medio punto entre dos torres avanzadas para su defensa. Su segundo nombre deriva del ahorcamiento del alcaide, que allí mismo tuvo lugar en 1578.
El centro de el Barco de Ávila se dispone en torno a una plaza irregular. Esta se caracteriza por sus pórticos, edificios y casonas con blasones de antiguos linajes de la población.
Detrás de la plaza en dirección a la iglesia, una capilla restaurada ocupa el solar de la casa natal de San Pedro del Barco. Una santidad local que allí murió, pero que una mula llevó en un legendario periplo hasta la ciudad de Ávila, donde sería enterrado.
En la plaza contigua a ese edificio se puede disfrutar de la fachada del Antiguo hospital de San Miguel. Actualmente es una residencia de ancianos. También de la Iglesia Parroquial de la Asunción. Su estilo gótico en el siglo XIV conserva algunas trazas románicas. Destacan en el exterior de este templo los volúmenes de la triple cabecera, la torre adornada con pináculos y la portada principal. Las arquivoltas y matacanes le confieren un aspecto defensivo.
Ya dentro del templo apreciamos las bóvedas de crucería de las tres naves y el coro de la nave central. Este fue añadido en el siglo XV, al igual que algunas capillas y sacristía. Destaca también la reja de cierre de la Capilla Mayor. Resulta interesante el Museo Parroquial, que reúne retablos, pinturas y esculturas de los siglos XIV a XVI.
Al salir de la iglesia, si se baja por la calle accedemos al paseo del magnífico puente medieval del siglo XIII. Sus 125 metros de longitud están sostenidos por siete arcos desiguales.
Atravesando el puente se llega al espacio de la Ermita del Cristo del Caño. Se trata de un habitual destino de los paseantes locales. Acuden allí a disfrutar de la vista panorámica que ofrece el castillo con la sierra como telón de fondo. Esa ermita tiene una historia legendaria que confiere de aún más encanto al lugar.
En el siglo XII una gran crecida del Tormes arrastró a la orilla izquierda del río la imagen de un Cristo de madera de tamaño natural. Los vecinos intentaron tres veces colocarla en la iglesia parroquial. Sin embargo, esta volvía a aparecer a la entrada del puente. Por ello erigieron allí una ermita que inicialmente se llamó “del humilladero”.
Declarada en ruina cuatro siglos después, la ermita se reconstruyó en 1672. Al excavar en sus cimientos durante las obras apareció una corriente de agua que se recogió en una fuente de tres caños. Esta dio nombre a la fuente y al Cristo del Caño.
Datos prácticos para visitar El Barco de Ávila
Coordenadas
40º 21’ 35’’ N, 5º 31’ 25’’ W
Distancias
Madrid 196 km
Aparcamiento
Sin dificultad.
Altitud
1009 m
Habitantes
2297 (2024)
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