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Surcada por el río Tormes: la bonita villa salmantina con un puente romano y una fortaleza medieval sobre la roca

Esta preciosa villa de la provincia de Salamanca fue declarada Conjunto Histórico en 1975, y destaca por su imponente recinto amurallado y sus iglesias medievales.
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Esta preciosa villa de la provincia de Salamanca fue declarada Conjunto Histórico en 1975, y destaca por su imponente recinto amurallado y sus iglesias medievales.

Esta bonita villa es un estratégico cruce de caminos y, además, un perfecto punto de salida hacia el Parque Nacional de los Arribes del Duero. Su importancia histórica se ve reflejada, entre otros muchos atractivos, en su imponente fortaleza-castillo. A continuación, la historia y lo mejor que ver en Ledesma.

Uno de los grandes atractivos del lugar son los restos de la fortaleza de Ledesma. La escapada a esta localidad salmantina se puede complementar con un gran atractivo natural: el Parque Natural de los Arribes del Duero. Quienes prefieran una alternativa más urbana, tienen su gran baza en la cercana ciudad de Salamanca, capital de la provincia.

Historia de Ledesma, confluencia de calzadas

Vista del puente de Ledesma
Vista del puente de Ledesma. | Dreamstime

Saber algo sobre la historia del lugar es necesario para apreciar los lugares que ver en Ledesma. Está confirmado que los vetones habitaron el territorio, dejando como pruebas de su paso por la zona un menhir y un verraco, así como un castro que luego sería parte de la Lusitania. El historiador Plutarco da noticias de la ciudad de Bletisana, llamada así en honor al cónsul Bleto. Indicó que los indígenas realizaban sacrificios humanos y de caballos para sellar pactos y realizar prácticas adivinatorias. En sus inmediaciones los romanos construyeron los puentes Mocho, Peñacerrín y del arroyo Merdero.

Los árabes ocuparon la zona hacia el año 713, residiendo en lo que actualmente es la parte monumental de la villa. Por su parte, los cristianos se concentraron en las afueras. En el año 745, se martirizó a los clérigos Leonardo y Nicolás, instructores de Alí, el hijo del señor árabe de la villa. El niño acudía a la iglesia de San Juan a aprender latín con los clérigos. Sin embargo, estos se excedieron, convirtiéndolo al cristianismo con el nombre de su padrino Nicolás. Enterado de ello, el walí mandó degollar al hijo. Igual suerte corrieron los tutores: les arrancaron la piel y les lapidaron. Sus restos, quemados, fueron preservados y se convirtieron en objeto de culto.

Más tarde, durante 939, Ramiro II de León conquistaría el lugar. No obstante, los ataques de Almanzor cuarenta años después provocaron su despoblación. Pese a que se recuperó en parte en el siglo XI, las luchas fronterizas no permitirían su repoblación hasta el reinado de Fernando II de León. El monarca le concedió un fuero en 1161 y la convirtió en villa de realengo con un extenso alfoz. Esto dio pie una época de esplendor, momento en el que se construyeron una nueva fortaleza, murallas con cuarenta puertas y el foso del río Tormes.

Otro motivo de crecimiento fue la confluencia de los caminos de Colada de Fermoselle, Cordel de Almeida, Cordel de Ciudad Rodrigo, Vereda del Asmenal, Vereda de Peñalvo y Colada de Doñinos de Ledesma. El comercio asentó la prosperidad en la villa, una riqueza que permitirá construir hasta siete iglesias. El infante Sancho, nieto de Alfonso X el Sabio, fue señor de Ledesma de forma vitalicia. Sus restos reposan en la iglesia de Santa María la Mayor.

A mediados del siglo XV, Enrique IV la entregó a su valido don Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque. Además, le nombró primer conde de Ledesma. De este modo, la villa incorporó a su escudo el de la familia Zúñiga. Tales nobles promovieron el comercio con el mercado franco semanal de los jueves. Al encontrarse en el camino hacia Portugal, la población fue golpeada por la guerra de Restauración de Portugal y la guerra de sucesión.

En 1808 se produjo una sublevación antifrancesa, gracias a la cual varios cientos de jóvenes marcharon para incorporarse a la defensa de Ciudad Rodrigo. En los combates contra los invasores, estos destruyeron el monasterio de San Nicolás y la fortaleza de Ledesma. Los ocupantes permanecerían en el pueblo hasta 1812 y, al retirarse, volaron el segundo arco del puente.

Hacia 1840 el ayuntamiento, liberal, asoció a los verracos vetones encadenados que había en el pueblo con acciones simbólicas del emperador Carlos V contra los comuneros de la localidad. Por tanto, decidieron destruirlos, y tan solo uno de ellos sobrevivió a tal barbarie. Durante la misma época se creó una circunscripción electoral en Ledesma, con aportación de un diputado nacional.

A comienzos del siglo XX acudieron allí a pintar la terna de artistas Francisco Iturrino, Ángel Larroque y el francés E. Ch. T. Milcendeau. Este último llegó a ser conocido como 'el pintor de Ledesma'. Más tarde, la villa fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1975.

Qué ver en Ledesma, recinto amurallado surcado por las aguas del Tormes

Vista aérea de Ledesma.
Vista aérea de Ledesma. | Dreamstime

En el Puente Viejo de Ledesma los viajeros debían pagar pontazgo al señor de la villa. Aquí comienza el recorrido por los atractivos locales. Cerca están las murallas, en cuyo conjunto hay segmentos prerromanos que formaron parte del castro vetón. Otros sectores pueden ser romanos mientras que la mayoría se deben a la época de la segunda repoblación (del siglo XII). Por último, las murallas quedaron completas a finales del siglo XV por orden del I conde de Ledesma, don Beltrán de la Cueva.

La de San Nicolás, en la parte occidental, es un hito destacado que ver en Ledesma. Desde allí, según la tradición, el walí Alofre vio cómo quemaban a su hijo y a los clérigos que lo convirtieron al cristianismo. Otro acceso, llamado de la Fortaleza es lo que resta de la fortaleza de Ledesma, el Castillo de los duques de Alburquerque. Debajo se halla la Iglesia de Santa Elena (siglo XII), edificio románico con un interior remodelado en el siglo XVI y un retablo barroco.

La Plaza Mayor de Ledesma posee unos bellos pórticos castellanos, así como casas de piedra con los blasones de las familias que los edificaron. El edificio del ayuntamiento fue iniciado a finales del siglo XV como fortificación. Además, fue dotado de dos bellos arcos de medio punto y una prisión en su interior. A lo largo del siglo XVI, se le añadieron balconadas y columnas renacentistas. Por último, sus vidrieras son de finales del siglo XIX.

El Palacio de los Beltranes, edificado por don Beltrán de la Cueva, cierra la Plaza Mayor de Ledesma. Allí residieron en 1464 Enrique IV y su familia ocho días antes de enfrentarse en Zamora a las tropas de su hermanastro, el infante don Alfonso.

Continuando con lo mejor que ver en Ledesma se llega a la iglesia de Santa María la Mayor (ss. XVI y XVI). Al templo románico sobre el que fue construido el gótico pertenecen los tres primeros cuerpos de la torre del siglo XII, donde se abre un pasadizo con bóveda de cañón. Por dentro, en la única nave, hay capillas laterales con retablos, tallas, enterramientos y un coro. Por otro lado, se exhiben los escudos de los duques de Alburquerque y bóvedas con terceletes.

Una de las cuatro capillas del lado del evangelio se ha transformado en Museo de Arte Sacro. Allí se custodian las andas de plata del orfebre Francisco de Agreda (1719), excepcionales obras que ver en Ledesma, piezas que salen en procesión durante el Corpus Christi. Por último, es destacable el hisopo gótico de cristal y el cáliz de plata de Rodrigo Díez (1583).

Cerca de la Puerta de Herreros se halla la iglesia de San Miguel, cuyo ábside muestra restos románicos. El resto del templo fue reedificado a finales del siglo XVIII en estilo neoclásico. El hospital de San José (siglo XVIII), también neoclásico, guarda una escultura de la Sagrada Familia bajo una hornacina.

El Balneario de Ledesma permite disfrutar de unas aguas que ya beneficiaron a los romanos. Estas son especialmente indicadas para el tratamiento del reuma, la artrosis y enfermedades respiratorias. En las afueras se puede llegar hasta el Puente Mocho, de origen romano y con secciones de una calzada romana. El lugar permite disfrutar del plácido valle de encinas atravesado por el río Cañedo, en el que se sitúa.

Otro de los elementos que ver en Ledesma y alrededores es el Parque Nacional de Las Arribes del Duero. Dicho espacio ocupa gran parte del noroeste de Salamanca y del suroeste de Zamora, con 200 km paralelos a la frontera con Portugal. Fue calificado por Unamuno como «el paisaje agreste más bello de España». Para visitarlo conviene tomar la carretera comarcal SA-302 hasta Trabanca. El Centro de Recepción de Visitantes queda a la entrada del pueblo, en una casa de piedra junto a la iglesia. Cerca se asienta el Parque Temático de Construcciones Tradicionales, ecomuseo local.

Datos prácticos para visitar Ledesma

Coordenadas

41º 05’ 15’’ N, 6º 00’ 00’’W

Distancias

Salamanca 35 km, Zamora 55 km, Madrid 249 km

Aparcamiento

Sin dificultad

Altitud

780 m

Habitantes

1517 (2024)

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