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Dominada por un imponente castillo con 4 recintos: la preciosa villa medieval enclavada en la Sierra de San Pedro

Una fortaleza impresionante se alza sobre el casco antiguo medieval de una villa de Badajoz en la que es posible viajar en el tiempo.
El Castillo de Luna en Alburquerque
Una fortaleza impresionante se alza sobre el casco antiguo medieval de una villa de Badajoz en la que es posible viajar en el tiempo.

Alburquerque se sitúa en la Sierra de San Pedro, a escasos kilómetros de la frontera entre Badajoz y Portugal. Todavía hoy mantiene un casco urbano de sabor medieval dominado por el imponente Castillo de Luna. Su gastronomía y su valioso entorno natural son solo algunos de los motivos por los que merece la pena visitar la villa.

Breve historia de Alburquerque, a la sombra de su fortaleza

Se fundó en los años de la dominación romana y es probable que el nombre esté vinculado con esta etapa. Entonces existió un enclave denominado Alba Quercus, que en latín significa «Encina Blanca». También puede que venga de la etapa musulmana, cuando se llamaba Abu al Qurq o «País de los Alcornoques».

En 1166 fue conquistada por tropas de Fernando II de León, quien confió su defensa a la Orden Militar de Santiago. Musulmanes y cristianos se alternarían la posesión de la villa hasta el año 1217. Entonces Alfonso III el Santo la reconquistó definitivamente. El monarca la entregó al caballero Alonso Téllez de Meneses, que la repobló con gentes de Portugal y León.

En 1276 Alonso Sánchez, yerno del primer Señor de Alburquerque e hijo bastardo del rey Dionís de Portugal, heredó el señorío. El noble reforzó la fortaleza. Más tarde, durante 1354, el caballero Martín Alonso lo defendió frente a un ataque del rey Pedro I de Castilla. Para ello se lo entregó al rival de este, el Infante don Enrique de Trastámara, que tras ser proclamado rey de Castilla, incorporó la villa a la Corona. Además, nombró a su hermano Sancho I Conde de Alburquerque.

Escenario de grandes batallas

Vista de Alburquerque y su fortaleza
Vista de Alburquerque y su fortaleza. | Dreamstime

Las hostilidades en la historia de Alburquerque entre los Infantes de Aragón y Juan II de Castilla motivaron la decisión del monarca de repartir sus bienes entre los nobles del Concejo. Le correspondió a su valido don Álvaro de Luna el maestrazgo de Santiago, la Villa y el Condado de Alburquerque. Indignados, los Infantes de Aragón atacaron a las huestes del rey, que se hizo con el castillo el 16 de noviembre de 1432.

En 1453 don Álvaro de Luna fue decapitado. Cuenta la leyenda que desde entonces se aparece montado en un águila imperial de cresta blanca. Con ella regresa cada tarde a su castillo para dominar los territorios que desde él se observan.

Durante 1464, un privilegio de Enrique IV convertiría a don Beltrán de la Cueva en Duque de Alburquerque. Esto no gustó nada a los villanos y al alcaide de la fortaleza, Juan Torres, que se resistieron por las armas. Este llegó a ocupar y reformar el castillo, convirtiéndolo en inexpugnable.

Durante la Guerra de Independencia de Portugal, los portugueses conquistaron Alburquerque en 1705. La conservaron durante once años. El lugar volvería a ser atacado el 28 de junio de 1809 por las tropas napoleónicas encargadas de someter a la Junta de Defensa local. Durante más de dos meses la población resistió los bombardeos y sucesivos asaltos de infantería. Se produjo una heroica lucha casa por casa.

Finalmente, el 6 de septiembre los franceses se retiraron sin conseguir su objetivo. Solo se pudieron llevar lo que saqueado en los edificios conquistados.

Libre de luchas, el siglo XIX supondrá para la villa un lento resurgir económico y demográfico. Duraría hasta los años sesenta del siglo siguiente, momento en que la población se redujo drásticamente a consecuencia del proceso emigratorio.

Qué ver en Alburquerque: la magia de una villa de aroma medieval

El Castillo de Luna en Alburquerque
El Castillo de Luna en Alburquerque. | Shutterstock

Situado en lo más alto del cerro que domina la población se halla el principal monumento que ver en Alburquerque: el Castillo de Luna. Se trata de una fortaleza medieval del siglo XIII, considerada una de las más importantes de la frontera.

El castillo debe su nombre a don Álvaro de Luna, Maestre de la Orden de Santiago y Condestable de Castilla. Él construyó en 1445 la imponente Torre del Homenaje, de planta cuadrada y con cinco pisos de altura.

Cuatro recintos amurallados escalonados componen el Castillo de Luna. El primero de ellos se conoce como Recinto de los Portugueses. Fue levantado a principios del siglo XVIII, cuando la plaza estuvo ocupada durante once años por los lusitanos.

Cuatro puertas situadas en la segunda muralla permiten el acceso al patio de armas. Allí todavía hoy se conserva la Iglesia de Santa María del Castillo, obra de transición entre el románico y el gótico.

Uno de los lados de la Torre del Homenaje se abre al recinto de la Plaza Alta, cuyo elemento más llamativo es la Torre de los Cinco Picos. Este imponente baluarte se mandó construir a finales del siglo XV por orden de Beltrán de la Cueva. Ambas torres se unían con un puente levadizo de más de 10 metros de altura.

Villa Adentro: una visita imprescindible en Alburquerque

En el interior de la muralla medieval se asienta el barrio gótico. Es donde Alburquerque esconde muchos de sus atractivos. Conocido como Villa Adentro, en él vivió la importante comunidad judía de Alburquerque hasta su expulsión a finales del siglo XV. Por ello, también se le denomina Barrio Judío.

Es de calles estrechas y empedradas y aún se pueden ver dos de las tres puertas de acceso que tuvo ataño. Una es la Puerta de la Villa, cuyo interior alberga una capilla abierta a modo de terraza. La otra, la Puerta de Valencia, está flanqueada por dos torres cilíndricas. Sus casas de estilo gótico, con portales ojivales y blasones en las fachadas, se mezclan con otras renacentistas y barrocas.

Además, de su arquitectura popular hay que destacar el Pozo de Alcántara, fechado en el año 1643. Brillan asimismo la antigua sinagoga y la Iglesia de Santa María del Mercado. Esta está ubicada al norte del barrio medieval, a pie de la fortaleza.

La estructura básica y las portadas de la iglesia pertenecen al siglo XV. Sin embargo, la presencia de elementos románicos confirma la existencia de una edificación anterior. Destacan el arco ojival de su portada y un relieve en alabastro que representa el momento en que Jesús descendió de la Cruz.

Su interior, de tres naves, alberga un elemento que hay que ver en Alburquerque sí o sí. Es el retablo mayor renacentista, con una imagen del siglo XV de la Virgen de la Candelaria y otra del Cristo del Amparo. Esta última, del siglo XIV, es de un gran valor artístico. No debe olvidarse el órgano barroco y en las losas sepulcrales de sus capillas.

Los secretos de Villa Afuera

En el barrio de la Villa Afuera, junto a la puerta de la villa, se halla la Iglesia de San Mateo. Levantada entre los siglos XVI y XVII, es un edificio con elementos góticos, renacentistas y barrocos. La parroquia fue construida sobre el solar de una antigua ermita del mismo nombre.

En lo que eran los arrabales de la localidad está el Convento de la Madre de Dios. Posee un destacado claustro de arcos de medio punto sobre dobles columnas. De su iglesia, denominada Iglesia de San Francisco, sobresale el retablo mayor de estilo churrigueresco del siglo XVIII.

En la actualidad, dicho convento se encuentra dividido en tres dependencias. Una es privada, otra pertenece al obispado y otra al ayuntamiento. Es también interesante la Ermita de la Soledad, construida en 1717 en estilo barroco.

Más allá de la villa: qué ver en los alrededores de Alburquerque

No todo se limita a qué ver en Alburquerque pueblo. A 2 km en dirección a Badajoz está el Santuario de la Virgen de Carrión. Ubicado en la margen derecha del río Gérova, queda muy próximo a la frontera con Portugal.

Cuenta la tradición que en un lugar cercano al santuario, el Cerro de los Castillejos, tuvo lugar una batalla entre el caballero Francisco de Carrión y los musulmanes. La Virgen intercedió por el primero, erigiéndole este luego un santuario como agradecimiento. El templo actual es del siglo XVIII. Lo más destacado es la carpintería barroca que decora su interior. También llama la atención una plaza de toros situada en la plazoleta anexa.

Algo más lejos, 12 kilómetros al este de la villa, se alza el Castillo de Azagala. Mitad fortaleza, mitad residencia de nobles y campesinos, es un lugar cargado de historia que hoy presenta un estado ruinoso. Cabe señalar la torre de Armas y la torre del Homenaje, coronada esta por un campanil mudéjar.

Por otro lado, entre los numerosos restos prehistóricos existentes en la zona, destacan las Pinturas Rupestres del Risco de San Blas. Estas pertenecen a la Edad de Bronce, así como las de La Carava y Azalaga. Para ver las pinturas del Risco, por estar a la intemperie y con poco relieve, se recomienda llevar unos prismáticos.

Finalmente, nada mejor para adentrarse en un tiempo caracterizado por la convivencia pacífica de árabes, judíos y cristianos que visitar Alburquerque en el mes de agosto. Entonces tiene lugar la celebración del Festival Medieval Villa de Alburquerque. Durante estas fechas, las calles del barrio gótico se visten de gala para acoger a los miles de visitantes. Todos ellos disfrutan de un programa repleto de actividades como torneos a caballo, aquelarres y danzas cortesanas.

Datos prácticos para visitar Alburquerque

Coordenadas

39° 13′ 09″ N, 7° 00′ 04″ W

Distancias

Badajoz 45 km, Cáceres 68 km, Madrid 375 km.

Altitud

506 m.

Habitantes

4998 (2024)

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