Hace más de 50 años el entonces nadador Jesús Fiochi vió un documental de surf sobre las aguas de Hawaii. En la playa santanderina de El Sardinero algunos integrantes del CIS (Centro de Investigaciones Submarinas) cogían olas con los plankings, pequeñas tablas de madera con las que se podían coger olas bocabajo -una especie de bodyboard-. En aquellas dos anécdotas se asienta el origen del surf en Cantabria. Ahora, el norte tiene una gran cultura en este deporte que ya se ha convertido en todo un estilo de vida y en una forma diferente de conocer parajes y conectar con el mar. 

Día 1: las corrientes de Berria

Berria, Cantabria. En esta playa perteneciente al municipio de Santoña las corrientes marinas campan a sus anchas como si quisieran arrastrar a sus bañistas hasta la misma línea del horizonte. La bandera amarilla ondea con cierta frecuencia. Los socorristas se reparten la vigilia entre los más de dos kilómetros de extensión en una playa que exige constante atención. Dos banderas rojas señalan el punto donde una corriente se mueve. Aún así, los norteños y turistas entrarán al agua, pero el aire que corre y las frías aguas disuaden a los valientes de hacerlo. En vez de eso, muchas personas dan paseos a las orillas o intentan atrapar los rayos de sol que de vez en cuando asoman entre las nubes. El típico verano norteño. Solo falta la lluvia.

A pesar de las condiciones, el mar no está vacío. Todo lo contrario: una horda de personas rema encima de enormes tablas hacia dentro. Si la corriente les arrastra, podrán asirse a sus salvavidas. Se trata de los surferos. Aficionados, profesionales y novatos se enfrentan al mar con la ilusión de, quizás, cabalgar alguna ola a la que acompañar hasta la orilla como si ellos también fuesen agua. En Berria comienza el recorrido. Este es el primer día de cinco de una ruta que ayudará a descubrir Cantabria de una forma diferente.

Playa de Berria, Cantabria

La playa de Berria en Cantabria | Shutterstock

Día 2: buscar olas, descubrir Liencres

El sol resplandece como pocos días en Cantabria. La previsión de olas es buena en la playa de Ris, Noja. Pero, al llegar, el mar duerme tan quieto como una roca. Las previsiones de olas a veces fallan y esta vez se han equivocado de pleno. Aquí, en este trocito de la Reserva Natural de las Marismas de Santoña, no se puede hacer hoy surf. Pero, al buscar de nuevo, la playa de Canallave, en Liencres, se presenta como una buena opción para el deporte.

Después de conducir poco más de 40 minutos aparece el municipio de Liencres y, detrás de las dunas, se extienden las playas de Canallave y Valdearenas, comunicadas entre sí cuando la marea es baja. Esta zona, playas incluidas, forma parte del Parque Natural de las Dunas de Liencres, un espacio protegido de Cantabria de gran belleza. Como la marea es alta, las playas de Canallaves y Valdearenas aparecen separadas por el agua como si nunca hubieran estado comunicadas. 

En Canallaves, de tradición surfera, las olas se levantan sobre el fondo de arena. Pero para buscarlas, hay que adentrarse a la derecha de la playa. El agua baña las rocas y muchos surfistas no se atreven a entrar. Pero los que lo hacen gozarán de una buena jornada: en solitario, frente a las dunas y bajo el atardecer. Si no hubiera sido por el fallo en la previsión, Liencres seguiría siendo un lugar desconocido, y qué triste hubiera sido…

Playa de Canallave en Liencres

La playa de Canallave en Liencres (Cantabria) | Shutterstock

Día 3: San Vicente de la Barquera, lugar de surf y turismo en Cantabria

Desplazarse a San Vicente de la Barquera no es solo una buena opción para surfear, sino que es una magnífica opción para visitar. Situada en la costa occidental cantábrica, el municipio se enclava en el bello Parque Natural de Oyambre. Además, San Vicente cuenta con un destacado patrimonio monumental, que fue declarado Conjunto Histórico Artístico. El Castillo del rey, la iglesia de Santa María de los Ángeles o el convento de San Luis son algunos de los monumentos a visitar. También destaca la muralla que fortifica a la que en su día fue una villa medieval.

Aparte de su riqueza arquitectónica y natural, San Vicente de la Barquera es una conocida zona de surf en Cantabria. Así, dispone de tiendas y escuelas en las que aprender de profesionales, equiparse o alquilar el material. La playa por excelencia para su práctica, así como la más transitada por bañistas y turistas, es la de Merón. Con cuatro kilómetros, el litoral se divide en cinco partes: El Puntal, El Rosal, Bederna, Peñas Negras y, por supuesto, Merón. A mar abierto, esta playa recibe un oleaje constante durante todo el año y la bandera azul, distintivo de calidad, ondea en su arena. 

En este tercer día, San Vicente de la Barquera sorprende por el gran número de deportistas en sus aguas, como en pocas de Cantabria. Por suerte, la zona es amplia. Los surfistas esperan sentados en sus tablas a que el agua se levante. Mientras, respiran el salitre del aire y disfrutan de la vista de los Picos de Europa a su derecha. De repente, una ola asoma por el horizonte. Los surfistas se tumban en sus tablas y se preparan para pelear por ella. 

Surfistas en San Vicente de la Barquera

Muchos surfistas se arremolinan en las playas de San Vicente de la Barquera | Shutterstock

Día 4: El Sardinero conduce a Langre

En el año 1965, Jesús Fiochi encargó una tabla de surf a una fábrica de la localidad francesa de Bayona. A la mañana siguiente, sin tener ninguna idea sobre el deporte, pero con amplios conocimientos sobre la natación, Fiochi se presentó en El Sardinero con la intención de hacer lo que indicaban las instrucciones del artilugio: ponerse de pie sobre la tabla después de coger una ola. Con un traje de buzo, el nadador consiguió coger aquel día su primera de muchísimas olas. Hoy la playa de El Sardinero es epicentro del surf en la ciudad de Santander

Al llegar allí, la tarde del cuarto día de esta activa ruta por las playas de Cantabria, aparcar cerca de El Sardinero se hace complicado. La playa está llena y la gente se acumula en sus accesos. Para coger una ola habrá que luchar con uñas y dientes con el resto de surferos y tener mucho cuidado de no llevarse a algún bañista por delante. Hoy no se ofrece el mejor día para surfear aquí. Habrá que cambiar. Hay buena previsión en la playa de Langre. Habrá que probar allí.

40 minutos después en coche, la playa de Langre, en el municipio del mismo nombre, se muestra custodiada por un impresionante acantilado de unos 25 metros de altura. Sus corrientes y la orientación de la playa convierten a Langre en una buena opción para los surfistas. Aquí, sus visitantes no encontrarán ni tiendas ni escuelas, aunque sí un buen lugar para practicar snorkel en su lado más occidental. Su ola puede alcanzar una considerable altura, aunque el recorrido no es demasiado largo

Playa de Langre, Cantabria

La playa de Langre, Cantabria | Shutterstock

Día 5: Somo, meca del surf en Cantabria

Aunque fue en la playa de El Sardinero el lugar donde Fiochi cogió su primera ola, poco después fue en la de Somo. Aquí, la cultura surfera echó raíces enseguida. La primera escuela y la primera tienda de surf de España abrieron sus puertas en este enclave de Ribamontán al Mar. Somo también se constituyó como la primera reserva natural de surf en el país y es referente del deporte en toda España. 

A unos 20 minutos de la capital cántabra y con la posibilidad de llegar aquí a través del avión, gracias al aeropuerto de Santander-Seve Ballesteros, la playa de Somo comunica con la de Loredo a lo largo de seis kilómetros de longitud. Es un lugar ideal para aprender, sobre todo en verano cuando las olas son más pequeñas, o para mejorar la técnica. Sus largas olas permiten realizar todo tipo de maniobras para quien sepa hacerlas. 

Surferos pasean a orillas de la playa de Somo

Unos surferos pasean a orillas de la playa de Somo | Shutterstock

Al llegar allí, un grupo de chavales se arremolina en torno a un chico en la arena. Los alumnos miran atentos, con sus tablas apartadas a un lado y sus ajustados neoprenos ya abrochados. Algunos de los adolescentes llevan rayas de colores pintadas en las mejillas y la frente como si fueran a meterse en una guerra. Y, de hecho, así es. Es protector solar en barra y es habitual verlo así en los surfistas. El profesor, situado en el centro del corro, se tumba encima de su tabla y mueve sus brazos hasta que, de repente, se levanta. Está enseñando a sus alumnos cómo se debe de coger una ola. Con la bahía de Santander a la vista, al otro lado del mar, los chicos y chicas cogen sus tablas, se atan su invento, una correa que une deportista y tabla, y corren al mar. Comienza la batalla