En busca del silencio en el corazón de Asturias

Esperaba verde antes de ir a Asturias. Esperaba naturaleza y silencio. Sentirme trascendente e intrascendente al mismo tiempo, de esa manera en la que uno se siente ante la naturaleza o ante la historia. Ambas cosas se encuentran en el corazón de una tierra a la que de momento nadie ha querido ni podido arrebatar el título de paraíso. Asturias es una maravilla que esperaba pasear con tranquilidad, pisando las hojas caídas, empapándome del verde sin prisa.

En Madrid uno no se suele empapar de nada bueno cuando camina, porque solo hay prisa y el objetivo de llegar. Esa es para mí la primera diferencia entre estar viajando o estar en la rutina: la manera de caminar. Sé que estoy de viaje cuando me siento andando diferente, cuando dejo de correr. Me muevo a la misma velocidad que si arrastrase los pies, pero voy flotando, pendiente de cada hoja que piso y no piso.

Esos días iba a flotar sobre el corazón de Asturias. Quería escuchar su latido y asistir al bombeo de esa sangre verde que riega toda la tierra.

 

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