La traición papal y la caída de los templarios aragoneses

Castillo de Miravet

La Orden del Temple se asentó en tierras aragonesas a finales del siglo XI. Desde que Alfonso I decretara que los quería junto a la monarquía de Aragón, tanto como para entregársela a su muerte, los templarios fueron una de las figuras clave de la Edad Media en el territorio. Este reino creció, hacia el sur y hacia el este. Navegó hasta el archipiélago balear, conquistó las islas y expulsó a los musulmanes de Valencia. Aragón creció y junto a su Corona siempre estuvieron los templarios. Apoyando las empresas militares, apagando los fuegos políticos, gobernando los territorios más complejos, educando reyes. Por eso, cuando el fin llegó tres siglos más tarde del nacimiento de la orden, los monjes-guerreros no tuvieron que hacer frente a la muerte en este rincón de la península ibérica.

 

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