Alfonso I, el rey que quiso conquistar Jerusalén

Templarios

Esos misterios que encumbró el romanticismo europeo en los siglos XVIII y XIX, y que siguen llenando páginas y páginas de novelas de ficción, fueron en sus orígenes batallas libradas en nombre de la fe cristiana. Nada más y nada menos. Esos caballeros que tiempo después serían cubiertos de enigmas esotéricos fueron hombres que juraron morir defendiendo el reino de los cielos y a sus peregrinos. Cuando no existía lo primero, los misterios y las leyendas, cuando solo importaba lo segundo, la fe y las batallas en su nombre, los templarios se asentaron en Tierra Santa.

Desde aquel remoto lugar, tan lejano en la Edad Media, consiguieron penetrar en toda Europa. Y llegaron a la Península Ibérica, donde libraron esas mismas batallas, y también otras nuevas, al amparo de uno de los reinos más importantes de nuestra historia: el Reino de Aragón.

 

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