Iria G. Parente y Selene M. Pascual: el hogar son las personas

Iria G. Parente y Selene M. Pascual

En estas primeros meses de vida de El hogar de, encontraba necesario contar con las voces de Iria G. Parente y Selene M. Pascual para reflexionar sobre el concepto que aquí atañe. Para empezar, porque se han consolidado como dos de los máximos exponentes de la literatura juvenil en España, con casi veinte novelas publicadas en siete años. Y la literatura juvenil es importante.

También porque desde que sus nombres comenzaron a copar titulares han tenido siempre algo que decir, siendo como son personas comprometidas, con opiniones formadas y sin miedo a expresarse. Pero además, quizá sobre todo, porque en sus libros se encuentra definido y redefinido este concepto, el del hogar, a través de personajes cuyos caminos siempre siguen esa dirección: la búsqueda de uno. Así que parecía una buena oportunidad para explorar dónde nace, para ellas, esta idea que caracteriza sus obras. Es decir: qué entienden Iria G. Parente y Selene M. Pascual por hogar.

Un hogar compartido

Paseos a orillas del río Arnoia, en Galicia
Paseos a orillas del río Arnoia, en Galicia. | Fotografía cedida por las escritoras

“Acabamos de terminar de escribir una novela nueva que es para el año que viene y estamos esbozando otra que también sale al año que viene, y otro proyecto que no tiene nada que ver con libros”, me cuentan en los primeros instantes del encuentro. Se ríen cuando las miro durante unos segundos sin decir nada, estupefacta. Habíamos quedado en el madrileño Café Divino, en Malasaña, poco antes de las fiestas de Navidad del pasado año, en un hueco que pudieron despejar entre tanto trabajo. Por entonces era difícil imaginar que ese otro proyecto al margen de lo literario era un videojuego, aunque pensándolo ahora tampoco sorprende. Iria y Selene trabajan de manera constante y en muchas direcciones.

Las recuerdo trabajando siempre juntas y a este nivel, aunque casi me gustaría saltarme el protocolo y pedirles que descansen. No lo hago porque transmiten en seguida un afecto sincero y sano por lo que hacen, como si hubieran formado ese hogar a partir de sus libros. “Estamos muy metidas en la escritura todo el tiempo”, explica Iria, “cuando un proyecto nos entusiasma nos cuesta salir de él, como que volcamos toda nuestra vida en escribir. Es muy refugio, también”.

“Y, al final, claro, al ser dos… Esto es algo que la gente que escribe solo no puede entender, pero al ser dos nos retroalimentamos. Basta que alguna diga algo de una historia, que la otra responda y así entramos en bucle”, continúa Selene. Iria toma el relevo: “muchas veces tenemos chistes internos sobre ello”. “Sí”, sigue su compañera, “el otro día estaba una amiga en casa y nos decía: no entiendo nada de lo que estáis diciendo”.

Percibo el hogar en estas palabras y en la manera en que, después de tanto tiempo acompañándose, se compenetran para expresar una misma idea. Es lo que tiene llevar una década escribiendo juntas, compartiendo universos, emociones y escenarios, reales e imaginarios.

La primera novela fue Pétalos de papel, que autopublicaron en un blog. “Yo tenía una historia de la que escribí literal dos capítulos e Iria insistía todos los días: para cuándo más, para cuándo más, para cuándo más”, comienza Selene, volviendo a sus orígenes. Sigue Iria: “me parecía un concepto súper interesante, este mundo al que llega gente de todos los mundos, los libros como portales… Le decía: pero aquí hay mogollón de potencial y no me lo estás dando porque estás a otras cosas. Personalmente, me parece ofensivo (risas). Y entonces dije: si no sigues tú, sigo yo. Y Selene dijo: no tienes huevos, que es lo peor que me puedes decir”. Iria tuvo, digamos, valor, continuó la historia de Selene y lo demás, precisamente, es historia.

“Todo el mundo tiene sus comienzos. Nosotras seguimos mirando a esa novela sabiendo que hoy la haríamos de forma completamente diferente”, señala Iria, pero en seguida coincidimos en que hay algo de injusticia en juzgar el pasado desde una perspectiva presente, así que Pétalos de papel se recuerda con cariño. 17 libros después, esas autoras “jovencitas”, como dice Selene, son referentes de una generación que ha encontrado un hogar en sus libros, donde ellas mismas han creado uno compartido.

Un hogar propio, entre Galicia y Madrid

Cabo Home tiene uno de los mejores atardeceres de Galicia
Cabo Home tiene uno de los mejores atardeceres de Galicia. | Fotografía cedida por las escritoras

Cuando se les pregunta por su hogar propio tienen también una especie de discurso compartido que se desarrolla, más o menos, así:

– Selene: el concepto del hogar es siempre tan difícil…
– Iria: es que para mí el hogar no es una ciudad…
– Selene: es la gente.
– Iria: exacto.

Claro que, al final, cada una proviene de un rincón de la geografía española. Iria nació en Madrid, Selene en Vigo. La ciudad del Dinoseto, digo con una sonrisa. “Cuando yo vivía allí el Dinoseto no existía”, dice. “Y las luces tampoco eran tan grandes”, apunta Iria. También ella viene de familia gallega, pero a su lado nos quedamos para repasar Madrid.

“Yo soy como la mayor amante-hater de Madrid. Me gusta mucho porque me gusta mucho la vida que tiene y me gusta mucho que siempre haya algo que hacer o algún sitio al que ir. Me gusta mucho esta actividad. Al mismo tiempo, me parece que Madrid, precisamente por la cantidad de gente y actividades, aparte de que está muy descuidada últimamente, es una ciudad que a veces quiere pretender ser más moderna de lo que es realmente. Hay una frase en una película que es: en Madrid parecemos modernos, pero no lo somos. Creo que eso es lo que me pasa a mí con Madrid, ese choque entre, sí, somos la capital, somos siempre todo, somos lo mejor, y luego, en realidad, tenemos todavía muchísimo que avanzar”, reflexiona. Esa dualidad, ese doble sentimiento con respecto a Madrid, es un sentimiento compartido por muchas personas.

Iria, al final, se queda con lo bueno para concluir su exposición: “no te diría que es mi ciudad preferida, pero me gusta muchísimo la vida que tiene. Siempre hay algo que hacer. Muchas veces hemos pensado en mudarnos y a mí lo único que me daría pena de irme de Madrid es abandonar esa vida, ese estar en cualquier sitio, hasta en el metro, y que siempre haya alguna actividad. Y, al final, he nacido y crecido aquí, lo que pasa que también toda mi familia es gallega, entonces estoy muy relacionada con Galicia a nivel emocional. No soy gallega, porque nací en Madrid, pero las vacaciones las paso siempre allí, en un pueblo de Ourense, también en Vigo, entonces tengo siempre el corazón dividido”. Y un corazón que ha latido en Galicia suele tender hacia la tierriña.

Pasear por el centro de Madrid sin mapa es uno de los mejores planes de la capital
Pasear por el centro de Madrid sin mapa es uno de los mejores planes de la capital. | Shutterstock

El de Selene está claramente inclinado hacia esta. Cuando le preguntamos cómo es Vigo, la sonrisa asciende a sus ojos. “Es muy difícil describirla, siempre es muy difícil describir tu ciudad natal”, comienza. “Industrial, la palabra es industrial”, susurra Iria. “No le gusta Vigo, puedes exposearla”, responde Selene, entre risas, pero después se pone seria.

“Es una ciudad que tiene mucho trabajador, tiene mucha industria de puerto. Se tiende a minimizar Vigo a su industria, pero a mí me gusta mucho el contraste que tiene de estar literalmente al lado del mar pero también literalmente al lado de la montaña. Yo vivo en Vigo ciudad y a través de las ventanas de mi casa se ven las montañas. Aquí en Madrid… pues, bueno, si tienes vistas a la sierra la ves a lo lejos, pequeñita. El ritmo de vida es muchísimo menor que aquí, pero al ser también ciudad universitaria tiene de todo”. Miro a Selene y yo también sonrío. “Te gusta Vigo”, le digo. Asiente. En esa mesa nos gusta Vigo.

“Además”, sigue Selene, “tiene muchísima historia”. “Y muchísimas fiestas guays relacionadas con la historia. Y la comida…”, concede Iria. Cuando Selene le señala que Madrid no tiene nada que hacer contra eso, Iria no necesita demasiado para convencerse: “no hay nada que hacer con respecto a Galicia en lo gastronómico, gana por goleada. En general, Galicia gana por goleada a Madrid. Madrid tiene todo este aire de capital, pero Galicia gana”.

“Me meto con Vigo”, continúa, “pero yo he pasado mucho tiempo en Vigo, he veraneado allí desde pequeñita. Me meto con Vigo porque de repente estás en una parte como súper industrial y luego de repente tienes el Monte da Guía, o el castro en medio de la ciudad. Vigo es una mezcla muy rara, entonces a mí me hace gracia”. “Realmente es como un collage”, coincide Selene, con un aire serio, pero enseguida la risa vuelve a contagiarse. “Es como si alguien hubiera decidido… Vale, aquí va a ir la parte de metal, aquí va a ir la parte histórica y aquí vamos a poner una cosa entre medias. Un cadáver exquisito”, concluye Iria.

Uno de los mejores miradores de Vigo
Uno de los mejores miradores de Vigo. | Shutterstock

Si alguien quisiera conocer Vigo, cuenta Selene, hay un lugar concreto por el que debe comenzar. “El castro. Que suban al castro, porque ya no es solo que sea una parte histórica muy importante de Vigo, porque es donde estaban los celtas y donde luego se construyó la ciudad romana con las murallas, sino que, además, tiene unas vistas que son impresionantes. Puedes ver hasta las Cíes. Asomarte allí y ver todo Vigo a tus pies es una sensación única”.

Iria, sin embargo, se queda con un Madrid más de a pie a la hora de recomendar un viaje de descubrimiento. “Soy de las de quedar en Sol y desde Sol callejear. Sol como punto céntrico. También paso muchas tardes en el Retiro, tirada en el césped. Me gusta mucho también, que es menos conocida, la Quinta de los Molinos. Es muy linda. Y las terrazas. La terraza del Círculo de Bellas Artes es estupenda. Hay mogollón de terracitas en Madrid en las que ves los edificios desde arriba y dices: te odio, pero te quiero. Ver cualquier puesta de sol desde esas terracitas es súper guay. Luego la contaminación es otra cosa… ¿Ves? Te quiero, pero te odio, es todo el tiempo esa tensión (risas)”.

“Creo que es un concepto que tenemos todos, lo de yo me puedo meter con mi ciudad pero tú no te puedes meter con mi ciudad”, apoya Selene. Ya nos habló Andrea Bergareche de esa necesidad de defender lo nuestro. Y, como hizo también ella, Iria y Selene vuelven a la gente que hace el hogar.

La gente que te hace sentir en casa

Río Arnoia, en Ourense
Río Arnoia, en Ourense. | Fotografía cedida por las escritoras

Porque, para Iria, el hogar es “el lugar en el que tú puedas ser tú mismo, donde estar tranquilo y sentirte en casa”, y entonces se pone el foco en las personas. “Para mí realmente el hogar es la gente, la gente que conoces en un sitio y que te hace sentir en casa”, sigue Selene, “hay días que te levantas y dices: Madrid puede ser mi hogar. Y hay días en los que te levantas y sientes una morriña terrible y dices… Pues Vigo podría ser mi hogar. Pero no por la casa o por Vigo en sí, sino por la gente que conoces y que te ata a ese lugar”.

De esa misma manera reflexiona Iria cuando le lanzo la pregunta: después de un año recorriendo el mundo, tienes que regresar a un lugar ya conocido, ¿dónde volverías? “A quedar con los amigos, a cualquier sitio donde dijeran”, responde de inmediato, y tiende una mano hacia su derecha, “diría con Selene, pero habríamos viajado juntas probablemente (risas)”.

“Yo creo que volvería, aparte de con Iria… (risas) A la casa de mi abuela. Está en Vigo, pero está en la zona más rural de Vigo, y es el sitio donde yo me crié. Estuve viviendo allí desde que nací hasta los cuatro años y creo que iría allí, más que nada porque es un sitio que me da paz y donde solo tengo buenos recuerdos. Creo que estoy muy apegada a ese lugar, aunque tarde mil años en ir, voy a estar siempre apegada a la casa y a la finca que rodea a la casa, y a los campitos que hay por allí, que son los típicos campos gallegos sin verjas ni nada, y a los caminos, porque es lo primero que conocí. Mis primeros recuerdos son de esa casa”.

A qué huele esa casa, le pregunto. “Huele a campo. A hierba recién cortada. A fruta fresca, porque tiene los árboles frutales en el jardín y siempre se coge la fruta de allí. Mi abuela va regalándola por allí. Es la típica que, si vas, te va a decir: toma, una cesta de manzanas, de cerezas, de lo que haya de temporada”.

Iria parece, entonces, rescatar también recuerdos pasados. “Yo quizá también volvería a mi pueblo, simplemente para caminar. Outomuro, al lado de Ourense. Es un pueblo que tiene al lado el río Arnoia. Ahí han vivido toda su vida mis abuelos, los dos. Las dos partes de la familia, mis tíos paternos, toda mi familia está en ese pueblo”. ¿A qué huele? “A campo. Y al alcohol de las fiestas (risas). Para mí ese era el momento del año, los veranos, las fiestas del pueblo. Ahora ya menos, pero toda mi adolescencia fue ese pueblo, con mi primo y mis amigos del pueblo”.

El hogar en sus libros

Iria G. Parente y Selene M. Pascual
Iria G. Parente y Selene M. Pascual. | Paula Garvi

No abandonamos a las personas ni siquiera cuando pasamos a los libros porque, ya se ha dicho, en sus libros el concepto del hogar tiene un peso fundamental. Así que no me sorprende cuando vuelven a responder al unísono cuando les pregunto qué hay de todo esto en sus obras: “muchísimo”.

El discurso lo inicia Iria: “nuestros personajes siempre están buscando un hogar. Un lugar al que pertenecer, un lugar en el que ser. Una familia que los acepte, con quien poder ser ellos mismos. Estos son temas muy repetidos cuando hablas de representación LGTBI+, porque es un tema común en el colectivo”.

Y continúa: “si perteneces al colectivo es muy fácil que los temas de la identidad, el hogar y la familia te toquen especialmente, porque incluso si no has tenido un rechazo hacia tu sexualidad, hacia tu identidad, por parte de tu familia, siempre hay un choque. El mero hecho de tener que explicar quién eres o cómo eres ya es un choque, entonces ya te hace replantearte tus términos de familia, de hogar, de lugar al que perteneces, sobre todo cuando encuentras a otras personas que sí que son tu comunidad, que sí que son tu familia, con quienes no tienes que dar explicaciones, con quien no tienes que hacer todo este discovering que hay que hacer a veces. Son temas muy comunes que están muy presentes en nuestros libros, sí”.

Selene menciona otro concepto: el de la familia que se elige. Se ha popularizado en los últimos años, quizá porque se habla con menos tapujos, y menos culpa, de cómo una persona puede encontrar un hogar en alguien que no lleva su sangre.

En cualquier caso, este concepto, el de hogar, para ellas reside ahí: en la gente. Y ellas son sus libros, sus libros son ellas, así que el hogar, en las páginas que llevan sus nombres, está por todas partes. El hogar, para Iria y Selene, son las personas.