Los peores incendios de España, 10 años después

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“Si perdemos a alguien en un incendio lo perdemos para siempre, pero la vegetación sí que se regenera”, señala Marc Castellnou en la película Uno de los nuestros. Con esta frase comienza el artículo de FuegoLab, un blog de divulgación científica sobre incendios forestales, El gran incendio de Riba de Saelices: 14 años de regeneración natural. Porque esta catástrofe, uno de los peores incendios de la historia de España, dejó en el año 2005 nada menos que 11 víctimas mortales. Esas vidas, en efecto, ya nunca podrán recuperarse. Sin embargo, tal como indicaba la cita, la vegetación y el paisaje sí podrán hacerlo. Aunque ya nunca vuelva a ser el mismo. Entonces surge la duda: ¿qué nos queda después del fuego?

El fuego, un elemento más de la naturaleza

Antes de nada, hay que entender que los fuegos son moldeadores paisajísticos de la Tierra desde hace ya millones de años. El fuego es un elemento de la naturaleza más. Como el agua, el aire y la tierra. El problema es que las acciones humanas, ya sean incendios intencionados, ya sean negligencias, han aumentado notablemente el número de estos, lo que, a su vez, influye en los ecosistemas. Y “lo que el fuego devora en dos días puede tardar más de 100 años en recuperarse”, indicaban María R. Sahuquillo y Emilio Benito en el artículo de El País Un siglo para recuperar el bosque.

Tras un incendio, lo más importante es atender al suelo. Porque si el suelo está en buenas condiciones pronto regresará la vida. “Visité la zona de Cortes de Pallás y Dos Aguas (Valencia) de finales de junio a los 15 días, y ya había insectos, aves, zorros y brotes”, indicaba en el mismo artículo Juli Pausas, del Centro de Investigación sobre la Desertificación. Pero si el suelo está mal existe el riesgo de que la tierra quemada nunca se recupere.

Incendio en Guadalajara
El bosque ardiendo en Guadalajara. | Shutterstock

“La espesura media de un suelo fértil y bien estructurado es de aproximadamente 25 centímetros. Cada uno de esos centímetros de capa fértil puede tardar 500 años en formarse”, le indicaba la organización WWF a El Mundo en su reportaje ¿Cómo se recupera el suelo tras un incendio? Por este motivo es importante que, una vez extinguido el incendio, se haga un estudio del lugar y se protejan aquellas zonas que sean más propensas a la erosión, sobre todo si se acerca una temporada de lluvias, que desgastarán más el terreno.

Sin embargo, tampoco se debe, como ha ocurrido en numerosas ocasiones, actuar con precipitación, a pesar de que sea lo que un paisaje reducido a cenizas nos mueva a hacer. Por ejemplo, no tiene sentido que se pase a la reforestación inmediata y descontrolada de la tierra quemada, pues de esta forma se puede dañar aún más el terreno. Con la teoría aprendida, hacemos un repaso por algunos de los peores incendios que han asolado España para ver qué ha ocurrido con esas tierras al menos 10 años después de su paso.

Riba de Saelices: el incendio de 2005 que revivió las jaras

Riba de Saelices
Entrada a la cueva de los Casares en Riba de Saelices, Guadalajara. | Wikimedia

Riba de Saelices es un tranquilo municipio de Guadalajara, cuyo patrimonio estrella es la cueva de los Casares, repleta de grabados y pinturas prehistóricas. En la actualidad, el terreno de los alrededores está colmado, sobre todo, de rebollos y quejigos y un manto blanco de jaras cubre buena parte del suelo. Pero en el pasado, Riba de Saelices no era así: dominaba el pino, y la jara había sido desbrozada del terreno con la intención de facilitar el acceso a los resineros.

El paisaje que hoy vemos es el que el fuego ha dejado crecer tras el terrible incendio de 2005, una catástrofe que redujo a cenizas alrededor de 12 800 hectáreas, teniendo en cuenta que una hectárea se corresponde con un cuadrado de 100×100 metros. Hablamos de uno de los peores incendios de España, uno que dejó además 11 víctimas mortales, todas pertenecientes a un retén de incendios.

“El incendio ha supuesto una ‘puesta de luz’ del rebollo y el quejigo que estaban dominados bajo la cubierta de pinar antes del incendio y que ha permitido la regeneración de cepa o raíz de esos ejemplares”, señalan desde FuegoLab. También se comienza a ver pinos que asoman entre el sotobosque de jaras, rebrotes que alcanzan los 3-5 metros de altura, al igual que ocurre con los rebollos. “Podemos asegurar que en los próximos años tendremos en gran parte del área afectada por el incendio un bosque mixto de Quercus-Pino con sotobosque de jaras”, apuntan desde el blog de divulgación científica. El pueblo no olvida lo que pasó. La tierra tampoco. Pero renace.

Los incendios de 2012 en Cortes de Pallás y Andilla: una recuperación que empezó con buen pie

Cortes de Pallás
Paisaje de embalse en la zona de Cortes de Pallás, Valencia. | Shutterstock

En 2012 el fuego asoló la Comunitat Valenciana, calcinando casi 55 000 hectáreas. Una persona perdió la vida y tuvieron que desalojarse más de 20 municipios de Castellón, Alicante y Valencia. Los más afectados: Cortes de Pallás y Andilla. En aquel caso, las actuaciones tras el paso del fuego no se hicieron esperar. Se inició inmediatamente un estudio del terreno, se construyeron fajinas con los propios árboles quemados para evitar la posterior erosión del terreno e, incluso, se restauraron algunas zonas a modo de cortafuegos de emergencia. De hecho, la organización WWF España pone de ejemplo a este municipio en su informe Los bosques después del fuego.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. El mismo WWF publicaba un artículo en diciembre de 2021 en el que señalaba el gran riesgo de incendio de la zona debido a “la falta de gestión, el abandono rural y el paisaje que se ha creado por los recurrentes incendios”. También anunciaba, en aquella misma noticia, que la propia organización iba a comenzar unos trabajos de restauración forestal a través de la creación de un paisaje agroforestal en mosaico, es decir, un paisaje que combina campos de cultivo, huertas, pastos, sembrados y bosques y cuya función es actuar como cortafuegos. “El monte se va recuperando como buenamente puede”, le señalaba el alcalde de Cortes de Pallás David Gras a RTVE.

Los incendios de 1994 en Cataluña: “El 31 % de lo que antes era bosque ahora no lo es”

Berguedà
Alrededores de Masaners, municipio de la comarca catalana de Berguedà. | Shutterstock

En Cataluña se recuerdan aún con horror el conjunto de incendios que asolaron a la comunidad autónoma entre el 3 y el 18 de julio de 1994. De hecho, es, hasta la fecha, el peor registro que se tiene en cuanto a volumen de hectáreas quemadas en España: hasta 76 000 fueron arrasadas por el fuego. Además, hubo más de 40 heridos y cinco víctimas mortales, sin contar con el patrimonio histórico-artístico que se perdió (alrededor de unas 35 masías fueron reducidas a cenizas).

En 2014, 20 años después de uno de los peores incendios de la historia de España, La Vanguardia publicó un análisis sobre la zona afectada. “El 31 % de lo que antes era bosque ahora no lo es, mientras que los matorrales triplican actualmente el área que ocupaban entonces”, indicaba el artículo.

Uno de los cambios a nivel vegetal que más se ha notado ha sido la desaparición del pino laricio y del pino albar en beneficio del carrasco, un tipo de pino cuyas piñas se abren tras el paso del fuego, lo que posibilita su expansión por la tierra quemada. Asimismo, en la zona del Bages y Berguedà, se han visto aumentadas las zonas de prados y herbazales. Recordamos que esto no tiene por qué ser necesariamente algo malo, sino sencillamente un cambio paisajístico.

El incendio de las Minas de Riotinto de 2004: un municipio que quedó condenado

Bosque en el municipio del Berrocal
Bosque en el municipio del Berrocal, Huelva. | Flickr

En el año 2004 vivían un total de 450 personas en el pueblo onubense del Berrocal. En 2019 apenas quedaban 180 residentes. A principios de siglo, este pueblo producía una media de 330 000 kilos de corcho al año. En la actualidad este número apenas llega a los 110 000. Son las consecuencias silenciosas que dejó el terrible incendio de 2004, una catástrofe conocida como el incendio de las Minas de Riotinto, que devastó 35 000 hectáreas, mató a dos personas y afectó a 13 municipios de Andalucía. “Fíjate si hace tiempo y todavía estamos impactados”, señalaba la alcaldesa de Berrocal, Francisca García Márquez, a RTVE.

Aquí, tras el desastre, se iniciaron inmediatamente trabajos de repoblación que no tuvieron, tal como le señalaba la plataforma Fuegos nunca más al diariodehuelva.es, ningún seguimiento técnico. De esta forma, la mayor parte de los nuevos plantones no prosperaron. Esto se suma además a la enfermedad que asola a los alcornoques de la zona desde hace al menos tres décadas: la seca, plaga que acelera la debilidad y la muerte del árbol.

Estas prácticas constituyen precisamente un ejemplo de lo que no debe hacerse tras un incendio. No sirve de nada replantar de inmediato si después no se va a hacer un seguimiento de la zona, porque un bosque, tal como señalamos al principio, tarda al menos 100 años en recuperarse.

Queda demostrado que, en efecto, el fuego es un modelador del paisaje. También puede serlo de la economía y, por supuesto, de las vidas humanas. La vida volverá a abrirse paso siempre, ya sea como un matorral, como un pino o como una flor. Del ser humano depende, en gran medida, el futuro de ese nuevo horizonte.