Encaje de bolillos de Camariñas

El pueblo de Camariñas daba nombre a los encajes de bolillos que se hacían en toda Galicia (España), y que actualmente vuelven a cobrar auge en la región con el apoyo del gobierno autonómico.

Se empleaba el hilo de lino, que se cultivaba abundantemente en Galicia. En la catedral de Toledo, en la primera mitad de siglo XVI, aparecen compras de hilo gallego, lo que parece indicar que se exportaba al resto de la Península.

En este encaje de tipo guipur, las hojas constituyen los elementos básicos de la decoración. Se forman rosas, estrellas, helechos sobre un fondo enrejado hecho con trenzados con virgulitas y cruzados, a veces, muy complejos que forman vilanos o milanos.

Cuando se utiliza como fondo el punto de gasilla (medio punto, punto de espíritu) se superponen las hojitas de guipur, creando piezas en relieve. Pero también las hay que están hechas solamente con hojas de guipur, sin ningún tipo de fondo.

El encaje de bolillos es una técnica de encaje textil que consiste en entretejer hilos que inicialmente están enrollados en bobinas, llamadas bolillos, para manejarlos mejor. A medida que progresa el trabajo, el tejido se sujeta mediante alfileres clavados en una almohadilla, que se llama “mundillo”. El lugar de los alfileres normalmente viene determinado por un patrón de agujeritos en la almohadilla.

El encaje de bolillos puede realizarse con hilos finos o gruesos. Tradicionalmente, se hacía con lino, seda, lana y posteriormente con algodón. También con hilos de metales preciosos. Hoy en día, también se realiza con una gran variedad de fibras sintéticas, con alambres u otros filamentos.

Entre los elementos de diseño que se pueden realizar hay tejidos (tela), redes , trenzas, puntillas, cuadros y rellenos, aunque no todos los tipos de encaje de bolillos incluyen todos esos elementos.

Muchos tipos de encaje se inventaron durante la época de apogeo del bordado (aproximadamente entre 1500 y 1700) antes de que las máquinas bordadoras automáticas estuvieran disponibles.

La aparición de la máquina bordadora, diseñada por John Heathcoat en 1806, sirvió en un principio de acicate a los artesanos para que inventaran diseños más complicados que las máquinas no podían realizar, aunque finalmente la mecanización dejó sin trabajo a los artesanos casi completamente. La reaparición del bordado es un fenómeno reciente y, en general, es considerado como un hobby, aunque sigue habiendo gremios de artesanos que se reúnen periódicamente en lugares como Devonshire (Inglaterra y Orange County (California). En los pueblos europeos donde el encaje fue una vez una industria importante, en especial, Bélgica, Inglaterra, España y Francia, las encajeras todavía enseñan su arte y venden sus mercancías, aunque su clientela ya no es la misma; de la nobleza más rica se ha pasado al turista curioso.


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