Alfarería y Cerámica de Huelva

La alfarería en la provincia de Huelva se remonta a las épocas antiguas, donde llegaron las influencias de los pueblos colonizadores como fenicios, egipcios y griegos, pues la ría de Huelva es uno de los lugares donde la arqueología sitúa la posible ubicación de la mítica Tartessos.

El lugar por excelencia en el que se trabajó la cerámica de Huelva fue Cortegana, que contaba en los años cuarenta del siglo XX con dieciocho alfares, de los cuales en los años setenta quedaban sólo tres. Uno de ellos era Antonio Ramos; en los noventa trabajaba sólo el alfarero Francisco Ramos, hermano del anterior. La producción es de alfarería de vasto con piezas para agua como cántaros, cantarillas, botijos y barriles, recubiertas de un fino engobe a la almagra, así como de piezas vidriadas como pucheros, ollas, cazuelas, chocolateras, platos, zafas y orzas. Es característica la decoración de líneas irregulares espiriformesen colores blanco, azul, verde y amarillo que se conseguía mediante cucharillas, gracias al goteo que va dejando el contenido de cada cucharilla al caer sobre la superficie de la pieza que el alfarero va girando al mismo tiempo. También se hicieron tinajas de hasta sesenta o setenta arrobas, destinadas a contener aceite y vino.

En Aracena se hace una labor semejante a la de Cortegana en el alfar de los hijos del alfarero Antonio Márquez Durán. En los años ochenta se produjo un desarrollo de la cerámica orientada al turismo, con talleres colmo el de la viuda del alfarero Pascual Orquín, el de Mercedes Márquez hija de un alfarero de Cortegana, y otros alfareros con tiendas en la localidad,

Trigueros es el núcleo que tuvo en los últimos años la mayor cantidad de alfareros de toda la provincia, con cinco talleres en los años setenta en manos de José Sánchez, Antonio Pérez, Francisco y Manuel Montiel, y Manuel y Antonio Jara. Las piezas tradicionales eran grandes lebrillos vidriados al interior para lavar la ropa y otros para la matanza. Entre las piezas para agua con arcilla blanca se hacen búcaros, cántaros y bebederos, y para el fuego piezas como orzas con dos asas, cazuelas y ollas. También se hacen macetas,

En Campofrío la producción se asemejaba a la de Salvatierra de los Barros, ya que en 1931 llegó el alfarero Julián Bermejo Caro, procedente de esta localidad, labor que continuaron hasta hace pocos años sus hijos Julián y Manuel Bermejo Cordón con piezas sin vidriar como cántaros y botijo, y piezas vidriadas como pucheros de diversos tipos. El alfarero José Antonio González López ha conseguido que su taller sea declarado por la Junta de Andalucía Punto de Interés Artesanal en el 2014.

En Beas el alfarero Manuel David Domínguez, formado en la Escuela de Cerámica de Madrid, crea piezas artísticas personales, ya ajeno a la tradición.

Texto del Dr. Abraham Rubio Celada, Asesor de cerámica de la Fundación Zuloaga y Socio de EcraServicios Integrales de Arte.

LOCALIDAD NOMBRE
Almonte Angélica Espinosa de la Torre
Campofrío José Antonio González López
Cartegana Mercedes Lafuente Vega
Escacena del Campo Cerafrica

Imagen principal: Cameron Petke

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