En el imaginario popular las huellas dactilares son sinónimo de identidad personal. Algo que se puede extender a las pinturas rupestres gracias a los hallazgos de un reciente estudio publicado en la revista Antiquity, dependiente de la Universidad de Cambridge. El equipo lo ha liderado el profesor Francisco Martínez Sevilla, miembro de la Universidad de Granada y la Universidad de Alcalá de Henares. Se ha conseguido estimar la edad y sexo de los creadores de las expresiones ubicadas en el granadino abrigo de Los Machos a través de las huellas que dejaron los artistas hace 5.000/7.000 años.

La importancia del descubrimiento radica en que puede extenderse a otros lugares similares. De este modo, serviría para poder analizar quiénes ejecutaron las pinturas rupestres. Algo que ha llevado a serios debates científicos. Por ejemplo, la abundancia de escenas de caza hizo pensar en un principio que los artistas fueron mayoritariamente hombres. Algo que choca con análisis de elementos simbólicos, como improntas de manos, en donde prevalecen las mujeres en proporción tres a uno. El estudio encabezado por Martínez Sevilla permitirá así afinar un tanto esta cuestión.



También ha formado parte vital del estudio la Universidad Autónoma de Barcelona, con un equipo coordinado por Assumpció Malgosa. Asimismo, el factor internacional lo ha puesto la investigadora Kate Sharpe de la británica Universidad de Durham. Las crestas de los paleodermatoglifos, restos fósiles de huellas dactilares, son el factor que permiten dirimir la edad de los artistas. En ocasiones, también su sexo. El tamaño y el número de las mismas, así como la separación entre ellas, son los elementos clave. Así, en las pinturas de el abrigo de los Machos participaron un hombre de unos 36 años y otro individuo adolescente. En este último caso, no se pudo dilucidar si era varón o mujer.

El ámbito de aplicación de los métodos explicados  se centra especialmente en el entorno del Mediterráneo. La razón de esto es la forma en que allí se elaboraba el llamado arte esquemático. Al ser llevado a cabo con las manos, la posibilidad de que contengan trazos de huellas dactilares es mayor. Para Martínez Sevilla, aplicar su estudio al por mayor permitiría incidir en «las personas» que crearon las pinturas. Algo vital según él, ya que estas son una «expresión directa de los procesos de pensamiento» de quienes las hicieron.