Desde mediados de marzo hasta finales de junio el día a día ha estado marcado por el coronavirus. La cuarentena que provocó en España y otros países europeos ha llevado al turismo español a mínimos históricos. Una caída que ya se puede ir cuantificando en su totalidad. Así, los datos de mayo y del primer trimestre de 2020 recogidos por el INE permiten calcular el golpe recibido. Así las pérdidas están valoradas en unos 30.000 millones de euros hasta el 1 de junio.

El cierre de las fronteras llevó a que en marzo se redujeran las estancias en hostelería en un 60%. Mientras tanto, abril y mayo fueron más fáciles de calcular, ya que supusieron un rosco. Dos ceros que comenzarán a cambiar en junio, aunque las previsiones del INE y los expertos no prevén grandes cambios. Por ejemplo, para el pasado mes se calcula un descenso en vuelos internacionales de más del 90% respecto al año anterior. Por suerte, se espera que se recuperen en agosto a niveles casi pre-COVID. Peor lo tienen los cruceros, que seguirán prohibidos.



Los 30.000 millones de pérdidas, menos de los previstos por el sector privado, se deben en su mayoría al turismo extranjero. En este caso, el descenso de turistas foráneos fue de casi 18 millones menos de visitantes. Esto supuso un agujero de 18.000 millones de euros en las cuentas de los negocios vacacionales, con solo 11.000 recaudados. Mientras tanto, los datos interiores se basan en previsiones, pues faltan meses para que lleguen los datos oficiales. Sin embargo, se cifran en 10.000 millones de euros. Sumando ambos se obtiene el desastroso total.

Abrir el espacio Schengen el 21 de junio y a diversos países desde los primeros días de julio supuso iniciar la «nueva normalidad» turística. Sin embargo, rebrotes como los de Huesca y Lleida llevan a que vuelva el temor al confinamiento. Algo a lo que se suma comportamientos irresponsables puntuales que ya llevaron a problemas desde las primeras fases del desconfinamiento. Por lo que respecta al turismo, las consecuencias de los repuntes ya se han hecho notar. De este modo, Bélgica ha bajado a España a un nivel intermedio de seguridad. Con todo, de momento no parecen correr riesgo los corredores aéreos con Reino Unido o el preciado turismo alemán.