Distintas Comunidades Autónomas y entes locales han comenzado a permitir actividades de caza para paliar los daños que animales salvajes están causando a cultivos. Esta primera desescalada asociada al entorno rural responde al permiso dado por el gobierno en los últimos días de liberar ciertas actividades no esenciales. Pedro Sánchez y su ejecutivo adscribieron estas decisiones sobre el COVID-19 a un ámbito «territorial», más allá de a sectores productivos concretos. De esta forma el objetivo de las actividades cinegéticas a las que se dará luz verde están destinadas al control de poblaciones salvajes.

Comunidades como Andalucía, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón, Comunidad Valenciana, Murcia y Galicia han liderado esta pequeña apertura. Las medidas concretas de las administraciones han sido variadas. De este modo algunos gobiernos han procedido a unir diversos municipios en regiones que requieren la caza de forma urgente. También se ha procedido a elaborar instrucciones específicas de las prácticas cinegéticas necesarias. En este caso, Andalucía aplica los Planes Técnicos de Caza previstos por la Junta.



Cabe destacar que la caza había sido reclamada como actividad esencial desde un principio por dirigentes autonómicos. El consejero de agricultura aragonés, Joaquín Olona, asevera al respecto que «debe formar parte de las expresamente declaradas como esenciales, por su repercusión en la cadena alimentaria o la propia seguridad ciudadana». Por otro lado, entidades como Asper (Asociación para la Defensa de la Perdiz Roja Autóctona) y AVA (Asociación Valenciana de Agricultores) respaldan unas actuaciones que reclamaban desde hace semanas.

En todos los casos se desligan la práctica de control que se plantea de la caza recreativa. Se trata de medidas de control de población que afecta tanto al sector de la agricultura como en algunos casos a factores medioambientales. Las especies que más dañinas están resultando son conejos, jabalíes y cérvidos, como corzos o ciervos comunes. Su irrupción en cultivos y huertos genera considerables destrozos que apuntalan todavía más el delicado momento que atraviesa el sector. Asimismo, la interacción de animales salvajes con domesticados puede llevar a la transmisión de enfermedades en explotaciones agroalimentarias.