El idilio entre turistas foráneos y Baleares ha llegado a su fin tras el pasado fin de semana. En él surgieron imágenes de aglomeraciones protagonizadas en su mayoría por visitantes extranjeros ebrios. Una postal que ha creado un gran malestar y generado reacciones casi inmediatas. Así, el Govern insular ha decidido cortar por lo sano y cerrar los locales comerciales de las tras calles más punteras de fiesta en Mallorca.

Dos de ellas se sitúan en Platja de Palma, las conocidas como «calle de la cerveza» y «del jamón». Allí es habitual que se reúnan turistas procedentes de Alemania, que fueron los primeros en llegar a las islas gracias a un corredor aéreo. La otra es la calle Punta Ballena en Magaluf, territorio de visitantes británicos. En todas ellas se cerrarán los negocios hasta mediados de septiembre, con la posibilidad de una prórroga. Asimismo, se aumentará la presión policial para evitar que las fiestas se pasen al ámbito clandestino, por ejemplo a chalets.



Iago Negueruela, conseller de Turismo en constante lucha contra la masificación, fue contundente al afirmar que no van «a tolerar según que tipo de turismo». Algo en lo que coincide Isabel Castro, la consellera de Administraciones Públicas. Para asegurar que se mantiene la salubridad y la seguridad frente al coronavirus, se aplicarán medidas adicionales en tres zonas calientes. A las ya mencionadas Platja de Palma y Magaluf se suma el West End de Ibiza. En todos ellos se limitará el aforo de locales de ocio a las terrazas. Además, quedará prohibida una modalidad de consumo de alcohol muy popular entre los turistas extranjeros: el cubo con pajitas largas. Para ello, estas deberán ser menores de 30 centímetros y los recipientes directamente no podrán usarse.

La hostelería se ha mostrado a favor de las medidas. Asociaciones y federaciones del sector recalcan que los esfuerzos de todo el archipiélago por volver a la normalidad se pueden comprometer gracias a «actos aislados» como los vistos los pasados días. En el otro lado queda el ocio nocturno. Sus trabajadores están protagonizando quejas durante esta semana contra las restrictivas medidas que limitan en gran medida el aforo de las discotecas y prohíben la apertura de las más grandes.