El desastre ecológico que propició la protección de los mares

Corría el año 1967 cuando se producía el hundimiento del Torrey Canyon. El primer superpetrolero capaz de transportar 120.000 toneladas. Fue construido en 1959 en Estados Unidos con una capacidad de 60.000 toneladas pero se amplió posteriormente en Japón.

El hundimiento del Torrey Canyon puso en jaque a la comunidad internacional. Demostró la incapacidad política para solucionar un desastre de este tipo. Además, de la incultura que por entonces había de la contaminación y sus riesgos.

Fue la primera catástrofe de mareas negras. El superpetrolero golpeó contra los arrecifes de Seven Stones, en el archipiélago de las Scilly, al Suroeste de Cornwall (Inglaterra),  El hundimiento del Torrey Canyon vino acompañado de un vertido de petróleo que provocó una gran mancha entre las costas de Inglaterra y Francia. Y la consecuente muerte de más de 20.000 aves.

Esta catástrofe provocó un gran revuelo social cuando apenas se tenía conciencia ambiental y donde los grupos ecologistas no tenían ni de lejos la influencia que ejercen hoy. El hundimiento del Torrey Canyon generó una honda preocupación en todo el mundo.

Peor el remedio que la enfermedad

Debido a la falta de experiencia tratando con mareas negras, la solución no pudo sino agravar el asunto. Las fuerzas armadas trataron de arreglar el desastre en el mar, mientras civiles y autoridades locales luchaban por salvar las playas. La brillante idea que tuvieron fue la de echar 15.000 toneladas de detergente sobre la marea de petroleo. Era una mancha, ¿cómo no iba a salir con detergente?

Por supuesto no funcionó. Los detergentes lejos de dispersar el petróleo se unieron a él provocando mayores daños en la flora y fauna de la zona.

Debido a ello decidieron hacer desaparecer al superpetrolero y a la enorme mancha prendiendo fuego. Durante tres días, los aviones del ejército bombardearon la zona pero en cantidades desorbitadas. 1.000 bombas, 44.000 litros de queroseno, 12.000 litros de napalm y 16 misiles. La columna de humo negro era brutal. Podía verse casi desde cualquier parte. Si no tenían suficiente con el mar contaminado, ahora también el aire sufría las consecuencias.

Pero pasaron los días y todo acabó dispersándose. Finalmente, el viernes 21 de abril de 1967 el superpetrolero desapareció de la vista, pero las consecuencias del hundimiento del Torrey Canyon durarían mucho más tiempo.

Consecuencias y concienciación posterior

La OMI (Organización Marítima Internacional) hasta entonces encargada principalmente del comercio internacional y de la seguridad marítima, introdujo entre sus funciones la de la prevención y el control de la contaminación de los mares. Esta última se ha convertido en uno de los objetivos fundamentales de Desarrollo Sostenible de la ONU. Además, se empezó a hacer especial hincapié en la mejora de las condiciones de las embarcaciones. 

Antes el mar era considerado por sus grandes dimensiones como el gran vertedero que todo lo podía diluir. Pero el hundimiento del Torrey Canyon cambió por completo la mentalidad y vieron las horribles consecuencias de la contaminación.

Como siempre, fue necesario para comenzar a actuar ver lo que no se quiere volver a repetir.

Texto: Paloma Díaz Espiñeira

 

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