Leer Capítulo 2 de la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano: las primeras tormentas

La vuelta al mundo de Magallanes y Elcano fue sobre todo una expedición comercial. El principal interés de la corona española era lograr un paso libre de portugueses a las especias del oriente. Por ello, Carlos V se encargó de que sus objetivos estuvieran vigilados. La principal figura al respecto fue la del veedor general de la flota, Juan de Cartagena. Se trataba del segundo oficial de mayor importancia de la Armada de la Especiería. Su misión era supervisar que la misión servía a los propósitos del futuro emperador. El conflicto con el jefe de expedición era inevitable y arrancó en el mismo 1519 en que arrancó el viaje.

La posición de Juan de Cartagena

Los primeros pasos de Juan de Cartagena para alcanzar tan importante posición en la flota se dieron en los preparativos de la misma. Entró en escena junto a Cristobal de Haro, mercader español vital en la organización de la expedición, y Luis de Mendoza, tesorero de la misma. No se conoce demasiado bien los orígenes del futuro veedor general. Algunas teoría apuntan a que era un bastardo de la nobleza eclesiástica. Sin embargo, no han podido probarse. Sea como fuere, su reputación debía ser muy notable para lograr ganarse la confianza de Carlos V y Juana, así como del propio Haro.

Las rencillas con Magallanes no tardaron en aparecer. El motivo era el odio que se profesaban portugueses y españoles. Los últimos no querían que se pagara a los primeros. Continuas guerras y disputas, ya anteriores al descubrimiento de América, recrudecieron una animadversión histórica. El dominio luso de las costas africanas les suponía también el paso franco hasta el oriente y sus especias. Era un negocio sumamente lucrativo que supondría un gran complemento a la economía del Reino de España. Este comercio se concebía como un gran añadido a los productos americanos y la lana de las merinas.

En las negociaciones que concluyeron con la formación de la Armada de la Especiería, Juan de Cartagena logró alzarse con el puesto de veedor casi por sorpresa. Ruy Falero, mano derecha de Magallanes, se cayó de la expedición debido a problemas de salud. Gracias a esta circunstancia, el puesto fue a parar a Cartagena. El líder de la flota fue decisivo en la decisión de Carlos V, ya que él mismo recomendó esta opción. Así, se encomendó al español el mando de la nao San Antonio. Con tales cargos salió de Sanlúcar de Barrameda junto al resto de barcos.

Magallanes discute con el veedor general

La conflictiva relación Magallanes/Cartagena

Las formas eran sumamente importantes para mantener la lealtad de la flota. Como cualquier otro proyecto similar en la época, la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano fue también una lucha de egos. Los primeros que chocaron fueron los del capitán general y el veedor, poco después de dejar Sanlúcar. Aunque en teoría sus cargos hacían que ambos tuvieran un poder muy similar, el capitán portugués dejaba siempre clara su jerarquía.

Uno de los principales motivos que provocaron la enemistad entre ambos capitanes fue la consulta de las derrotas o rumbos. El luso confiaba plenamente en sus cálculos y experiencia, por lo que era muy reticente a compartirlos. Por tanto, las peticiones para ponerlos en común de el veedor general de la flota le molestaron sobremanera. Cuando descansaban en las Canarias, al sur de la isla de Tenerife, Cartagena recordó que cualquier decisión tomada debía pasar por él al ser el supervisor. La tensión fue alta, pero finalmente accedió a compartir la información.

Sin embargo, las condiciones meteorológicas y de navegación supusieron cambios de rumbo. Por entonces se encontraban en las costas africanas, en las postrimerías de 1519. El capitán general no avisó de ellos. Ante la petición de explicaciones del resto de naos, adujo que bien sabía lo que hacía, según los documentos que recogen los testimonios de los supervivientes del primer motín exitosos de la expedición, que se explicará en futuros artículos.

Un saludo que vale un arresto

Los testimonios de marineros cuentan que, cerca de Guinea, la nao Trinidad de Magallanes y la nao San Antonio de Juan de Cartagena pasaron cerca la una de la otra. De este modo, el veedor general de la flota realizó un saludo al oficial del otro barco. Sus palabras exactas fueron «Dios os salve, señor capitán y maestre y buena compañía». Dijo capitán, pero no capitán general, lo que causó un gran enfado en el portugués. Airado, señaló que en próximas ocasiones no realizaría el saludo junto a su mejor marinero, sino con un paje al lado.

El veedor general de la flota, Juan de Cartagena, preso en la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano

El veedor general de la flota, Juan de Cartagena, preso en la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano. | Alex Miklan

Tres jornadas consecutivas se negó Juan de Cartagena a saludar a Magallanes. Esto hizo que el capitán general desconfiara de su compañero de forma definitiva. Esperó a tener una excusa para hacer ir al veedor a la nao Trinidad. Esta llegaría poco después, cuando un marinero del buque fue sorprendido en plena sodomía en la Victoria. Como por entonces estaba prohibido, optó por llamar al resto de capitanes y oficiales. Las consecuencias serían muy importantes para el futuro de la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano.

Todo acabó retornando al tema más candente del momento en la Armada de la Especiería: los saludos y las derrotas. Los testigos apuntan a que llegado un punto, Magallanes enfureció y mandó prender a Juan de Cartagena. Los capitanes tuvieron que decidir bando y se decantaron por el capitán general. Apresado por un cepo, el veedor logró quedar bajo vigilancia de Luis de Mendoza, capitán de la nao Victoria, nave que acabaría al mando de Elcano al final de la aventura. Ambos se mostraron levantiscos y tuvieron un final trágico en la Patagonia en 1520, como se contará más adelante. Sin embargo, con el veedor preso, hubo meses de tranquilidad en los que tocaron tierra en Brasil.

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