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El Teatro Alfil, un lugar hecho para reírse

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Si un viandante recorriera la calle Pez, ubicada en pleno barrio de Malasaña a apenas 10 minutos de la Gran Vía, encontraría, justo en el cruce con la calle de la Madera, un edificio como otro cualquiera: una fachada de ladrillo surcada de ventanas de marcos blancos. Pero algo llama la atención a pie de calle. En los pisos bajos el edificio es de otro color y numerosos carteles de diferentes espectáculos decoran la escena. Estamos frente al Teatro Alfil, un teatro con más de 50 años de historia al que, aseguran desde su equipo de comunicación, “la gente va a reírse”.

Precisamente esa es una de las señas de identidad, la más importante, del Alfil: el humor.  Un humor que ha hecho de este teatro una especie de meca de la comedia. Un humor que ha sobrevivido a las crisis que han asolado a España y al mundo desde la creación del local: la de 2008 y la del COVID-19. Porque, incluso en los tiempos más oscuros, la gente necesita reírse.

De hecho, desde el propio Alfil aseguran que estamos hablando del primer teatro dedicado enteramente a la comedia de Madrid. “Una de las cosas que comentaban, no solo la gente del sector, sino espectadores, era que igual que si tú dices ‘para ver una peli de autor me voy a los Alphaville o los Renoir’, para reírme ‘me voy al Alfil’”, indican.

Disfrutar de la cercanía de un espectáculo mientras tomas una copa

Teatro Alfil
Espectáculo en el Teatro Alfil. | Julio Moya

Así pues, queda claro que una de las insignias del teatro es la comedia. Otra, también muy icónica, es el ambigú que ha acompañado siempre al local. Es decir, frente al escenario, además de unas cuantas filas de butacas fijas (que los propietarios se vieron obligados a instalar), hay una serie de mesas con sillas en las que se puede tomar una copa mientras se disfruta de una representación. Apartada en la izquierda, de frente al escenario, está la barra que provee las bebidas. Aunque esta solo permanece abierta unos 40 minutos antes de la función, las bebidas pueden seguir consumiéndose durante la misma.

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Pero las peculiaridades del Alfil no acaban aquí. Porque, a pesar de que estamos hablando de una sala pequeña con un aforo de unas 200 personas, el tamaño es precisamente otro de sus atractivos. Y es que el espectador puede ver bien de cerca la obra tanto si se sitúa en el ambigú como si lo hace en las butacas del fondo o en las del piso de arriba. Desde cualquiera de los sitios, el oyente sentirá que está casi dentro de la obra, una virtud que puede disfrutarse especialmente durante los conciertos acústicos que, de vez en cuando, también oferta el teatro.

De cine matinal a sala de conciertos de la Movida

Sin embargo, antes de ser un teatro, el Alfil fue un cine matinal bautizado con el nombre de su calle: el cine Pez. Dicha sala nació en el año 1948, aún en los tiempos de la dictadura.  Y así siguió hasta 1971, cuando pasó a convertirse en lo que hoy es: un teatro. Al encontrarse en el barrio de la Movida, los 80 lo transformaron en uno de los locales recurrentes del movimiento contracultural madrileño, un local en el que incluso se llegaron a celebrar grandes conciertos de grupos del momento como Radio Futura, Alaska, Paraíso o Los Rebeldes.

Los años 90 trajeron otro cambio para el Alfil, uno muy importante. Fue entonces cuando la compañía de teatro Yllana celebró, en 1993, el Festival Internacional de Teatro de Humor. El espacio elegido para tal fin fue el Teatro Alfil. Tras el festival, la compañía se quedó prendada de la sala y de su funcionamiento, tanto que ya nunca se iría. Desde entonces, compañía y teatro han formado un tándem perfecto, dando una entidad propia a la sala y dotándola, constantemente, de nuevas ideas y proyectos.

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Un teatro pionero que no deja de reinventarse

La compañía Yllana, dedicada “a la creación, producción y distribución de espectáculos, eventos y formatos audiovisuales”, según indican desde su propia web, nació en el año 1991. Formada por Juan Francisco Ramos, Marcos Ottone, David Ottone, Joseph O’Curneen y Fidel Fernández, se encarga, además, de la gestión de espacios teatrales, como el Teatro Alfil, y del desarrollo de proyectos culturales.

El equipo de comunicación del Alfil destaca dos valores de la compañía: su carácter internacional a la vez que familiar. Es decir, estamos hablando de una empresa que viaja por todo el mundo con sus producciones, reclamadas en muchos países, a la vez que se cuida de tener un equipo cercano y contento. “Eso da calidad a la empresa y hace que la gente se implique más. Al final tus compañeros se convierten en tu familia y el trabajo en tu proyecto personal”, indican desde el Alfil.

Teatro Alfil
Fachada del Teatro Alfil, ubicado en la calle Pez. | Julio Moya

Todo ello ha convertido este espacio en un teatro que arriesga, que innova y que no se conforma. Por este mismo motivo estamos hablando de uno de los teatros de la capital pionero en muchos aspectos: en la doble función, en los horarios de trasnoche, en traer más de una compañía a la semana y en fundar un club de socios. Además de ser uno de los primeros teatros, como ya se ha indicado, especializado en comedia.

Precisamente este carácter innovador y emprendedor es el que motivó al teatro a abrir las puertas a artistas y compañías que apenas se hallaban en sus comienzos o que acababan de llegar a la capital. Es el caso del grupo de teatro Animalario o las compañías Ron Lalá y Sexpeare.

Un humor que triunfa en todas partes

Por otra parte, este carácter internacional del que venimos hablando y que tan importante es para el Teatro Alfil, no solo ha servido para que la sala se reinvente, sino que ha valido para atraer a compañías y artistas tanto de dentro como de fuera de España. Yllana es, de hecho, una de las compañías que más ha viajado por el mundo con sus funciones. Es, además, creadora de 37 espectáculos y ha pasado por nada menos que 48 países. Si algo está claro es que el humor de Yllana funciona allá donde va.

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Interior del Teatro Alfil. | Julio Moya

Así, por estas paredes han pasado compañías como Imprebís, que lleva más de 30 años actuando en este teatro; espectáculos como Clímax, con 11 temporadas a sus espaldas; y artistas como Rafa Maza, con su obra Fabiolo Connection, aún disponible en el Alfil.

Además, por el Alfil han pasado intérpretes y cómicos de talla tanto nacional como internacional. Es el caso de la pareja de actores Juan Margallo y Petra Martínez, que en 2022 fueron galardonados con el Premio Nacional de Teatro. Otros ejemplos son Gila, Pepe Rubianes, Avner The Excentric, El Brujo, Antonia San Juan, Albert Pla, Karra Elejalde, Nancho Novo o Leo Bassi.

Sobre este último cabe citar el incidente y la polémica que se generaron en torno a su espectáculo La revelación, llegando a producirse un intento de atentado en el año 2006, una época que el equipo de comunicación recuerda con horror.

Reírse del resto del mundo desde el Teatro Alfil

Si un viandante recorriera la calle Pez encontraría, justo en el cruce con la calle de la Madera, un edificio como otro cualquiera: una fachada de ladrillo surcada de ventanas de marcos blancos. Pero algo llama la atención a pie de calle. Es el ruido de las carcajadas que se oyen en el local que hay bajo el resto de las viviendas, un estrépito que resuena incluso en el exterior. Es el Teatro Alfil, un teatro en el que uno sabe, seguro, que encontrará un rincón en el que olvidarse y, sobre todo, reírse del resto del mundo.

Artículo realizado en colaboración con el Teatro Alfil.