Ruta por la costa mediterránea (III): de pueblo en pueblo por Murcia

Ruta por los pueblos mediterráneos de Murcia

Un viaje por la costa mediterránea conduce, tras Catalunya y Comunitat Valenciana, a la bella Región de Murcia, eternamente codiciada por sus playas y por ese tesoro que tiene en forma de mar, aunque se le denomine menor. No hay que dejar de preocuparse por su situación actual, pero tampoco hay que dejar de disfrutarlo con responsabilidad. Esta ruta lo permite, así como ir descubriendo los pueblos que, adheridos al paisaje mediterráneo, despuntan con los amaneceres y ofrecen la tranquilidad única de los atardeceres.

Los secretos de Murcia

San Pedro del Pinatar
San Pedro del Pinatar. | Shutterstock

El pueblo que da la bienvenida en la Región de Murcia es San Pedro del Pinatar, al que el rey Alfonso XI describió, en el siglo XIV, como “una espesa masa forestal donde en invierno se caza el jabalí”. Por entonces se llamaba simplemente El Pinatar y su imagen era diferente a la que hoy posee. Tres siglos más tarde de esas palabras reales se construyó un pequeño templo que los pescadores dedicaron a San Pedro Apóstol y Pescador, completando así el nombre del pueblo.

Aunque actualmente el turismo es habitual, hasta hace no demasiado solo lo habitaban, con sus familias, pescadores y trabajadores de las salinas de la zona. Este es otro de sus secretos: el parque regional de las Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar, que fue el primero de su tipo en la región. Hoy es una magnífica manera de acercarse al Mar Menor para ir comprendiendo por qué hay que cuidarlo.

Los Alcázares
Los Alcázares. | Shutterstock

Sin perder de vista las aguas, una vez disfrutado ese primer contacto murciano, el camino hacia el sur conduce hasta Los Alcázares. Siguiendo con el origen de los nombres, esta localidad se llama así porque durante tiempos medievales contaba con numerosos palacios que parecían querer lo que el viajero: no perder de vista el mar. Teniendo como tienen una gran concentración de sales y yodos, sus aguas son consideradas medicinales y apuntalan esa sensación de estar cuidándose. Además de descansar, pueden visitarse lugares como la torre del Rame, una fortificación del siglo XVI que se levantó como respuesta a los ataques piratas. O el monumento al pescador, una obra de Manuel Nicolás Almansa que, en 1998, inmortalizó de forma bellísima la relación de la localidad con el mar.

Manga del Mar Menor
Manga del Mar Menor. | Shutterstock

Tras dejar pasar el tiempo en Los Alcázares, espera una hora de trayecto hasta la siguiente parada. En esos minutos que hay por delante, siempre pegados a la orilla mediterránea, no hay que dejar de descubrir el paisaje, el entorno. Por ejemplo, la playa de los Nietos, más de dos kilómetros y medio de arena fina y dorada. También en este camino puede uno tomar el desvío para descubrir la afamada Manga del Mar Menor, cuya fisionomía en la distancia sigue llamando poderosamente la atención de todo aquel que tiene oportunidad de contemplarla.

Un tesoro del Mediterráneo

Cabo de Palos
Cabo de Palos. | Shutterstock

Pero la siguiente parada, el siguiente destino en el que quedarse, es Cabo de Palos. Esta localidad destaca sobre todo por sus paisajes. Su orografía está conformada por una amalgama de acantilados y calas, con un fondo marino que justifica desde un primer contacto que este lugar esté declarado reserva marina, concretamente la de Cabo de Palos e Islas Hormigas. Entre sus calas no hay que dejar de descubrir algunos nombres como la cala Reona, en cuyos 200 metros no se encuentra otra cosa que una arena fina y dorada que invita al descanso mientras se contempla el horizonte. O, hacia el sur, Calblanque, uno de esos secretos que todavía perviven.

Cabo de Palos
Cabo de Palos. | Shutterstock

Aunque quizá la postal más afamada de este lugar es la que precede estas líneas: ese faro que encendió sus luces por primera vez en 1865, construido sobre una antigua torre vigía del siglo XVI. Todavía parece vigilar esa costa.

La Azohía
La Azohía. | Shutterstock

Quizá por eso tenga rincones tan apacibles como La Azohía, uno de esos pueblos que explica por qué la Región de Murcia se elige, año tras año, como lugar de vacaciones. Con una temperatura fantástica siempre, en los meses estivales sus calles se llenan aún más de vida. Muchos de esos viajeros no solo buscan el mar: La Azohía está rodeada de montañas que protegen, además, sus fantásticas playas de los vientos de levante, por lo que se consigue un efecto aún más agradable. Con todo esto, no hace falta explayarse demasiado en los paisajes que rodean a este pueblo marinero que no ha perdido nunca la esencia con la que se levantó.

Despidiendo la región

Gredas de Bolnuevo
Gredas de Bolnuevo. | Shutterstock

El siguiente destino es Calabardina, una pedanía de Águilas, pero antes de llegar merece la pena explorar los desvíos en la carretera. Por ejemplo, las gredas de Bolnuevo, un impresionante monumento natural formado a través de los años por la erosión del agua y el viento. Es un paisaje de fantasía. Uno no se puede marchar de esta comunidad sin descubrirlo.

Calabardina
Calabardina. | Shutterstock

Tras las paradas en el camino, ya sí, Calabardina. También protegida por la montaña, los paseos por el cabo Cope al atardecer respaldan la decisión de pasar la noche en este lugar. Aunque los mejores planes surgen durante el día, sobre todo si uno es un apasionado del submarinismo. La cueva de la Virgen, entre otras, esperan a ser descubiertas por los viajeros intrépidos que acuden aquí en busca de algo más que relajarse.

Playa de Águilas
Playa de Águilas. | Shutterstock

Para despedirse de la Región de Murcia hay que conocer Águilas y, en la medida de lo posible, sus 28 kilómetros de litoral. Vigilada siempre por el castillo de San Juan de Águilas, del siglo XVIII, esta localidad ha estado poblada desde época antigua. En ella ha quedado rastro del paso de diferentes culturas, desde la fenicia a la romana, que todavía pueden descubrirse en una visita cultural. Si uno busca paisajes, entonces debe recurrir al mirador del Hornillo, desde donde se divisa la isla del Fraile en todo su esplendor.

Antes de abandonar Murcia, para adentrarse ya en Almería, hay que barajar la opción de retroceder ligeramente. Y es que puede disfrutar de un inicio del día en ese lugar mágico ya mencionado: Cabo Cope. Si los atardeceres son fantásticos, los amaneceres no se quedan atrás. Pueden ofrecer la fuerza y las ganas necesarias para continuar. Todavía queda trayecto por delante.