Junto a una laguna a más de 1000 metros de altitud: el pueblo aragonés que es perfecto para observar aves
Pequeña e histórica localidad del Campo de Daroca, en la provincia de Zaragoza, se sitúa muy cerca de una laguna homónima. Además, es famosa por albergar la mayor colonia estacional de grullas de España.
Historia de un pueblo entre lagunas y castillos
Antes de pasearse por Gallocanta, cabe conocer algo su historia. Habitada desde tiempos remotos, se conservan vestigios cerámicos y de sílex de la Edad de Bronce.
Los cimientos del antiguo castillo disponen de sillares ciclópeos que atribuidos a los celtíberos. Tras pasar por manos árabes, fue conquistada por Alfonso I el Batallador en 1120. El monarca la cedió a su vez al Señorío de Daroca. Más tarde, en 1248, Jaime I creó la Comunidad de Aldeas de Daroca y la localidad dio nombra a una de sus seis divisiones o sesmas.
Sin embargo, la primera referencia escrita que se tiene en la historia de Gallocanta data de antes, del 1205. Un documento oficial de Raimundo de Castrocol, obispo de Zaragoza, la menciona. En él asignaba a las iglesias de Daroca las rentas y diezmos de las aldeas dependientes de ellas.
Durante buena parte de la Edad Media, el lugar tuvo un importante papel defensivo frente a la vecina Castilla. Para ello se aprovechaba la barrera natural de su laguna. Esta estaba dominada desde el altozano por el desmantelado Castillo de Gallocanta.
Hacia 1356, Enrique de Trastámara se convirtió en vasallo de Pedro IV de Aragón a cambio de ayuda militar para conquistar Castilla. De esta forma comenzó la llamada Guerra de los Dos Pedros. El Castillo de Gallocanta fue una importante base de operaciones militares durante este periodo.
La primitiva aldea con molino comenzó a extenderse alrededor del Castillo de Gallocanta, conformando el Barrio de San Andrés. Allí se situaría el cementerio y una iglesia. Por su parte, el casco urbano creció hacia el oeste siguiendo la calle de San Pedro. Se alargó hasta la actual iglesia parroquial del siglo XVIII y una plaza rodeada de los servicios principales.
La vida económica del lugar siempre ha estado supeditada a su laguna, especialmente a su explotación pesquera. Domingo Mariano de Traggia, historiador aragonés del siglo XVIII, ya afirmaba que «por los años de 1673 sólo el pueblo de Gallocanta sacaba del arrendamiento de su pesca ochenta mil reales de vellón y diez y ocho mil arrobas de tencas».
La laguna fue incautada en 1874 por la Ley de Desamortización de Bienes Públicos en Manos Muertas. Posteriormente sería vendida a una sociedad privada. Esta planeó su desecación para implantar en ella una finca de explotación agraria y ganadera. La idea no fraguó y la laguna sobrevivió durante años como una fértil productora de sal.
A finales del siglo XX, la laguna de Gallocanta volvió a ser constituida como bien público en manos del Gobierno de Aragón. La administración dotaría de numerosas figuras de protección a su flora y su fauna. Actualmente, entre otras, el humedal goza de distinciones como Zona de Protección para Aves o Zona Húmeda de Importancia Internacional.
El paisaje de Gallocanta, un paraíso ornitológico
Con sus casi quince kilómetros cuadrados de extensión, la laguna de Gallocanta es el mayor humedal salino de España. También es el mejor conservado de Europa Occidental.
Cuenta con una inmensa riqueza natural y diversidad biológica, y gracias a ello supone un atractivo único para amantes de las aves. Las condiciones de su entorno la convierten en un importante centro ornitológico estacional y de cría.
Tras Doñana, la laguna de Gallocanta es el segundo enclave de aves acuáticas del país. En ella se pueden observar numerosas especies como águilas, buitres, abubillas, fochas o patos. Pero las grandes protagonistas del entorno son las grullas. La colonia es la mayor colonia de España y quizá de Europa. Estas aves son, además, uno de los mayores atractivos turísticos de Gallocanta. Durante la época de migración, que va de octubre hasta febrero, el lugar se llena de aficionados a la ornitología.
Dedicado al entorno natural y a las afueras de la localidad se encuentra el Centro de Interpretación de la Laguna de Gallocanta. En él se lleva a cabo un recorrido por la historia y la diversidad biológica del lugar. Dispone de paneles expositivos y piezas disecadas procedentes del ya desaparecido Museo de Aves de Gallocanta. Cuenta también con un mirador orientado hacia la laguna.
Qué ver en Gallocanta más allá de su laguna
Pese a que el principal atractivo turístico que ver en Gallocanta sea su laguna, la localidad cuenta con interesantes muestras patrimoniales. Por ejemplo, la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol. Posee carácter de fortaleza y es de principios del siglo XVIII. Tiene una planta de tres naves y sobre su fachada destaca una torre inconclusa de planta cuadrada.
A causa de la devastación de la Guerra Civil, en el interior de la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol hay obras de arte de otras iglesias del entorno. Alguno ejemplares son retablos de los siglos XVI al XVIII, un sagrario del siglo XVII y una talla románica de la Virgen del Buen Acuerdo. Esta procede de la ermita del mismo nombre, situada en sus inmediaciones.
La Ermita del Buen Acuerdo es otro templo que hay que ver en Gallocanta. Luce un ábside románico sobre el que se asienta una pequeña torre-campanario. Por dentro sobresale un retablo barroco del siglo XVII. Su ubicación, en un altozano, ofrece al visitante excepcionales vistas de la laguna.
También merece una visita la Ermita de la Virgen de la Soledad, sólido edificio de finales del siglo XVIII. Durante años resguardó a un gigantesco olmo que crecía a su lado.
Ya en las afueras la localidad se conservan dos peinones, unas columnas de demarcación territorial. Ambos son rematados por una cruz sobre una hornacina. Esta contiene imágenes de Santa Bárbara, San Sebastián y San Fabián.
Datos prácticos para visitar Gallocanta
Coordenadas
40° 59′ 42″ N, 1° 30′ 25″ W
Distancias
Zaragoza 107 km, Teruel 95 km, Huesca 185 km, Madrid 241 km.
Altitud
1011 metros.
Habitantes
133 (2024).
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