El pequeño pueblo de pescadores donde acaba el mundo: punto final del Camino de Santiago y lugar de leyendas
Su nombre procede del latín finis terrea. Su singularidad geográfica atrajo la atención de los geógrafos e historiadores grecorromanos y cautivó tanto a primer ser humano que posó sus pies allí, como a la gran multitud de personas que lo visitaron después y que deseaban ver cómo el mar se tragaba el sol.
Finisterre, el fin del mundo
Historia de Finisterre
Según una tradición local, en el monte del cabo Finisterre los romanos encontraron un altar. Este estaba dedicado al sol y, posiblemente, fue levantado por la tribu de los Nerios allí asentada. A finales del siglo I, el historiador Lucio Anneo Floro relató que el general romano Décimo Junio Bruto, después de haber conquistado toda la costa, decidió acercarse temerosamente al cabo de Finisterre. Quería, desde allí, poder contemplar cómo el sol se caía dentro del mar lanzando sus últimas llamaradas.
Fisterra es uno de los lugares del mundo que más historias puede contar. Estas van desde el tráfico constante del comercio celta con el Mediterráneo hasta grandes catástrofes marinas y naufragios de diversas índoles, pasando por los horribles monstruos que moraban en el Mare Tenebrosum y las célticas expediciones en busca del paraíso, hasta el fascinante culto al sol y las más violentas y temibles tempestades.
Qué ver en Finisterre, el pueblo con uno de los faros más emblemáticos de España
En la Antigüedad, el Cabo Finisterre fue considerado el punto más occidental de Europa y, por lo tanto, el fin del mundo. Fue distinguido en el año 2007 con el sello de Patrimonio Europeo, pero lo perdió años después. Por su significación geográfica e histórica, el viaje hasta allí es un rito para todos los que visitan Galicia, lleno de sorpresas paisajísticas y monumentales. De hecho, el municipio está considerado también el final definitivo del Camino de Santiago. Cada año, más y más peregrinos acaban aquí su camino, consiguiendo así la Fisterrana (documento que se entrega en el albergue municipal).
El pueblo de Finisterre está formado por un núcleo antiguo sobre el puerto. Es una típica villa marinera de estrechas callejuelas que descienden hacia el mar. Sus casas y calles estrechas están llenas de originalidad. Como primera parada, está la Plaza de Arasolis (en el centro) y la Capilla del Buen Suceso, que es de estilo barroco y data del siglo XVIII. Está formada por una sola nave. Destaca en su fachada rectangular el frontón y el atrio cerrado con un crucero en el centro. En su interior llama la atención la capilla mayor, de planta cuadrada, con un retablo barroco con la imagen de la Virgen del Socorro.
En las afueras, de camino al faro (un imprescindible que ver en Finisterre), encontramos el monumento más interesante de la villa: la Iglesia de Nosa Señora das Areas. Está relacionada con el Camino de Santiago y en ella se hace efectiva la finalización del mismo. Se construyó a finales del XII, aunque sufrió modificaciones durante varios siglos. Así, su estilo es ecléctico: románico, gótico y barroco.
El interior posee un ingente patrimonio. Destacan una estatua sepulcral yacente, del siglo XV, y los retablos de Nuestra Señora de Fisterra, de Francisco de Antas, maestro de obras de la Catedral de Santiago en el siglo XVI. Pero lo que más llama la atención es la imagen del Santo Cristo de Finisterra. Es de estilo similar al Santo Cristo de Burgos y de Orense y a ella llegan miles de peregrinos para finalizar el Camino de Santiago después de haber visitado la tumba del Apóstol en la ciudad compostelana.
Allí, según la tradición, los peregrinos debían quemar sus ropas, bañarse en el mar, coger la concha de vieira y retornar a sus lugares de origen como hombres nuevos. Enfrente de esta iglesia se encontraba el Hospital de Peregrinos, fundado por el párroco Alonso García en 1469, para recibir al gran número de personas que concluían su camino allí.
Dentro del conjunto de la villa destaca también el Castillo de San Carlos, una fortificación defensiva mandada construir en época del rey Carlos III. Fue vendido en 1892 por el Estado y adquirido en subasta pública por Plácido Castro Rivas, un industrial muy importante en la comarca. En 1948, su hijo lo donó al pueblo de Fisterra para darle uso de museo. Finalmente, en el año 2006 la Cofradía de Pescadores y la Consejería de Pesca habilitaron el local en el actual Museo de la Pesca. El recinto muestra la evolución de la pesca a través del tiempo, así como las costumbres de la gente marinera y los naufragios que se han producido en esta costa a lo largo de la historia.
El Cabo Fisterra es un hermoso enclave natural. Está envuelto en leyendas y vinculado al culto celta al Sol, los ritos de fecundidad y la litolatría (el culto religioso rendido a las piedras). En el extremo del cabo, se encuentra su famoso faro, de mediados del siglo XIX, que vela por la seguridad de los navegantes. Es el lugar más visitado de Galicia después de la Catedral de Santiago de Compostela. Desde el ayuntamiento, se promocionan varias rutas de senderismo y una de ellas tiene su meta aquí.
En el municipio también se encuentra el Cementerio del Fin de la Tierra (1998). Fue diseñado por el arquitecto pontevedrés César Portela y ha recibido varios premios de arquitectura. En él se mezclan espiritualidad y diseño, en un conjunto compuesto por una serie de enormes cajas de granito que persiguen conseguir la sensación de que los cubos que albergan los nichos han llegado allí por azar, intentando así imitar el modo en que la naturaleza produce sus propias arquitecturas.
Su puerto es el mayor lugar de actividad del pueblo y su lonja, la primera lonja turística de Galicia. La flota portuaria está formada por pequeños barcos de bajura que utilizan diversas artes de pesca. El sector pesquero es uno de los más tradicionales del pueblo. La buena calidad del pescado y marisco que hay en esta zona hace que los productos tengan una gran demanda en los mercados.
Por último, el pueblo también tiene playas excelentes. Algunas, a mar abierto y fuerte oleaje, apropiadas para la práctica del surf. Otras, de aguas tranquilas y cristalinas, óptimas para el baño si uno es capaz de resistir las frías aguas del Atlántico.
Entre todas, la más turística es la Playa de Langosteira. También están la Playa de Talón, la Playa de la Ribeira (la más accesible porque está pegada al puerto) y la Playa de Corveiro. Esta última es un auténtico paraíso natural, sobre todo para los amantes del buceo.
Datos prácticos para visitar Finisterre
Coordenadas
42° 54’ 31’’ N, 9° 15’ 46’’ W
Distancias
A Coruña 108 km, Santiago de Compostela 98 km, Madrid 691 km.
Aparcamiento
Varias áreas en los puntos turísticos.
Altitud
14 m.
Habitantes
4704 (2024).




