Ecos del pasado en la Hoya de Huesca

Hoya de Huesca

Las dos últimas rutas que componen la iniciativa Ecos en el paisaje resuenan, precisamente, como un eco del pasado. Al fin y al cabo, Hoya de Huesca es una comarca antigua, algo que ya ha podido advertirse en rutas precedentes, con ese conjunto de monumentos que pueblan la zona. Siempre con una cultura propia por bandera y haciendo evolucionar, nunca abandonando, formas de vida auténticas. Todo esto se comprende mejor atendiendo a estas narraciones que, ya se ha dicho, constituyen una forma diferente y estimulante de viajar.

Regresando a la infancia

La memoria de la infancia
La memoria de la infancia. | Turismo Hoya de Huesca

El sexto relato propuesto en Ecos del paisaje recorre los pueblos de Almudévar, Tormos y Montmesa. Lo hace de la mano de una mujer que, al alcanzar los setenta años de edad, tiene la oportunidad de regresar y redescubrir los rincones en los que transcurrió su infancia. El título ya anuncia lo que vendrá: La memoria de la infancia. Es un relato emocional y nostálgico que acompaña bien la sensación que tiene el viajero al recorrer esta zona particular de la Hoya de Huesca. En cualquier caso, no solo es una narración literaria con la que entretenerse. Es también una fuente de conocimiento y cultura, pues la voz que guía a quien la atiende encuentra las palabras exactas para explicar cómo se vivía a mediados del siglo pasado en la comarca.

Almudevar, años 60
Almudevar, años 60. | Turismo Hoya de Huesca

La primera parada es Almudévar, que hunde sus raíces en los tiempos romanos. Con esta mujer que viaja acompañada de su hija descubrimos cómo los niños dejaban pasar el tiempo en estas calles, con celebraciones como la fiesta de San Roque o pasatiempos como el descubrimiento del castillo. Hoy en ruinas, conserva lo suficiente de su estructura como para adivinar las partes que le robó el paso del tiempo.

“Agarrada del brazo paseo con mi hija sin prisa”, cuenta la protagonista, y así suben hasta la Virgen de la Corona, desde donde se obtienen unas espectaculares vistas de la comarca. Esta buena mujer tuvo que dejar Almudévar en plena infancia, por necesidades laborales de su progenitor, un detalle que habla con efectividad de la situación del lugar en esos años cincuenta descritos. En torno a esta localidad se despliega una colina que reúne 450 bodegas particulares, algunas medievales y la mayoría del siglo XIX, con una gran tradición vinícola. Otro detalle importante para terminar de conocer el lugar.

Embalse de la Sotonera
Embalse de la Sotonera. | Shutterstock

Tras Almudévar, el viajero puede desplazarse hasta Tormos. Este poblado se levantó en los años 20, diseñado para acoger a los trabajadores de la presa y el embalse de la Sotonera. Visitarlo genera una sensación casi fantasmagórica, pero no deja de ser interesante. Para los amantes de este ambiente y también para aquellos que quieran disfrutar, simplemente, de la arquitectura modernista que puebla sus calles. Tanto la iglesia como su torre siguen exhibiendo un precioso color blanco. La presa mencionada, por cierto, fue entonces la del pantano más grande de Europa. No hay que dejar de visitar este lugar que, por el color de sus aguas y su oleaje, se presenta como un mar del interior, con las sierras prepirenaicas completando un espectacular paisaje.

Cerca de este embalse se sitúa la última parada del itinerario, aunque antes de llegar hay que detenerse a observar la Atalaya, una torre defensiva del siglo IX que vigilaba el cruce de dos viejas calzadas que conectaban Zaragoza con Bearn y Pamplona con Barcelona. De nuevo, las vistas desde la cima de esta tierra de castillos son impresionantes.

Montmesa, esa última parada, está enclavada en un paisaje impresionante en el llano de la Hoya de Huesca. Se puede disfrutar de la iglesia de San Miguel Arcángel, un templo de origen románico del siglo XII que fue modificado posteriormente. Su bella torre mudéjar es el único ejemplo de este estilo en toda la zona. En Montmesa se debe visitar además el Centro de Interpretación Albera de Alboré, dedicado a entender la importancia de un humedal de origen árabe. “Por las tardes corríamos por el pueblo, bajábamos hasta la alberca de Alboré a buscar nidos, huellas de bichos y mil aventuras…”, narran en el relato. Frecuentado por grullas en temporada de invierno y de una gran relevancia ornitológica, puede convertirse en el mejor epílogo de esta ruta.

Explorando otro siglo

A la sombra de los Mallos
A la sombra de los Mallos. | Turismo Hoya de Huesca

Realmente eso de explorar otro siglo es una sensación que se obtiene prácticamente en cada paso que se da en la Hoya de Huesca. Como se ha dicho en tantas otras ocasiones, es una comarca histórica que tiene monumentos, artísticos y naturales, que trasladan de inmediato a otra época. Pero en esta séptima y última ruta propuesta en Ecos en el paisaje, esto se acentúa. No en vano, el relato se ambienta a comienzos del siglo XVI, con todo lo que eso supone. Y, como titula el relato, los pasos se dan A la sombra de los mallos.

Ayerbe, Riglos, Agüero, Murillo de Gállego y Santa María de la Peña son los escenarios que se visitan. Sobre todo en el primer caso, lo que traslada la narración al viajero es un conocimiento profundo de los nombres históricos que, durante aquellos años y también en siglos anteriores, condicionaron el desarrollo de la zona. Por ejemplo, la familia Urriés, a quien conocemos especialmente porque doña Greyda de Lanuza, esposa de Hugo de Urriés, es una de las protagonistas. Pero también se mencionan otros nombres: el rey García Iñíguez, Sancho Abarca o Pedro Jordán de Urriés, también conocido como el Hércules aragonés. Mucha historia aragonesa, eso es lo que incluye este relato.

Ayerbe, la primera parada, se sitúa al pie de una colina sobre la que se asienta la ermita de San Miguel y los restos de un castillo árabe, el castillo de Os Muros, que en la narración todavía está en pie. Desde la cima del cerro se obtienen unas vistas fantásticas de la zona, con el pueblo como protagonista. En sus calles destacan los palacetes, sobre todo el palacio de los Marqueses de Urriés, dominando el centro de la villa desde el siglo XV y declarado Monumento Histórico-Artístico.

Riglos
Riglos. | Turismo Hoya de Huesca

Riglos es la siguiente parada a la que se dirige la señora de Urriés junto con la joven María Gállego, su doncella y narradora del relato. Este pueblo es uno de los rincones más espectaculares de la Hoya de Huesca, con la pequeña ermita de San Martín, un templo románico del siglo XII que apuntala esa sensación histórica. Riglos no se explica sin los mallos, impresionantes formaciones rocosas cuya presencia es imposible de ignorar y suponen un nuevo encuentro con la historia, pues esa obra de la naturaleza se alzó hace millones de años. “Parecen obras de colosos”, explica doña Greyda, “pero en realidad es el viento, la lluvia y el río quienes los han hecho”.

Agüero
Agüero. | Shutterstock

Abandonando Riglos y tomando el camino hasta Agüero se disfrutará de uno de los mejores recorridos que puede realizarse en la Hoya de Huesca, pues la misma carretera hasta el pueblo va generando sorpresas hasta llegar a este. Sobre todo al tomar la última curva para hacerle frente y descubrir los mallos propios de Agüero, semejantes pero diferentes a los de Riglos. “No son tan imponentes ni rojizos”, explica la joven narradora, pero “están presentes todo el tiempo”, aunque de una manera “más sutil y menos invasiva”. La imagen en la distancia, en cualquier caso, es espectacular.

En Agüero, que es un pueblo que se pasea sin prisa y sin mapa, puede destacarse la iglesia de El Salvador. Y no hay que dejar de visitar, en las afueras, la iglesia de Santiago, otro impresionante templo románico que, situado en pleno monte y a pesar de estar inacabado, fue declarado Monumento Nacional.

Río Gállego
Río Gállego. | Turismo Hoya de Huesca

Más caminos espectaculares: el que conduce hasta Murillo de Gállego. En esta parte del relato se profundiza de nuevo en el modo de vida de siglos pasados, cuando los nabateros conducían sus maderos por el río Gállego, maderos que llegarían a ser parte de embarcaciones reales. En Murillo, un pueblo con bastante pendiente, hay que disfrutar de sus construcciones antiguas, dominadas por la iglesia de San Salvador y la ermita de la Virgen de la Liena, situada en la parte más alta.

También en esta última etapa espera, en un altozano, el pueblo de Santa María de la Peña, un “precioso pueblo colocado en un altozano, vigilante de la unión de dos ríos y amable con su campanario y sus chimeneas humeantes”, como narran en el relato. La ruta concluye en este punto y es fantástico que sea así, pues desde su cima las vistas son espectaculares. Hoy en día, Santa María de la Peña domina el paisaje protagonizado por el embalse de la Peña, cuyas aguas de color turquesa, encajonadas en un abrupto valle, se hacen con todas las miradas.

La Hoya de Huesca es todo esto: una combinación de montañas y llanuras que no ha dejado atrás su historia, ni su cultura, ni sus costumbres. Ahora recibe al viajero con la calidez de siempre pero también con un estímulo nuevo: los relatos de Ecos en el paisaje, que constituyen una manera novedosa y diferente de conocer esta bella comarca. Escuchando a medida que se descubren, o leyendo para descubrir descubrir, una Hoya de Huesca que siempre tiene algo que ofrecer.

Artículo creado en colaboración con Turismo Hoya de Huesca.