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Navarra en otoño, un embrujo de colores

Otoño en Navarra

Comienza a silbar el viento entre los bosques que se extienden por el norte de Navarra. Una brisa que anuncia la llegada del otoño. Se trata de una estación de comienzos, de cambios y, también, una de colores. Comienza a silbar el viento. Pero, en realidad, no se mueve ninguna hoja. ¿Será el aire en movimiento o es quizás el silbido del Basajaun, esa figura de la mitología vasco-navarra que protege el bosque? En estas arboledas la belleza del otoño se mezcla con las viejas historias que han traspasado el tiempo. El viento sigue silbando y pasa por el pueblo de las Brujas, el desierto de Bardenas, el valle del Baztán, infinidad de parajes y pueblos que parecen no tener fin… Navarra es tierra de contrastes y el otoño le saca los colores como ninguna otra estación.

Los bosques de Navarra en otoño

Los fines de semana de otoño incitan a liarse la manta a la cabeza y a hacer una maratón de cine o lecturas. Si es junto a una chimenea la cosa alcanza ya tintes de ensueño. Sin embargo, una ruta mañanera seguida de un plan casero puede apetecer aún más ¿no? Porque el otoño es también para vivirlo, y no hay mejor sitio para eso en España que Navarra. Para empezar esta ruta a través de esta estación de embrujo, hay que saber que si Navarra destaca por algo es por sus bosques. Hay tantos y de tantos tipos que la elección resulta hasta difícil.

La selva de Irati, meca del otoño en España

Selva de Irati
Selva de Irati. | Shutterstock

Sin embargo, sí resulta fácil escoger el lugar por el que empezar esta numeración otoñal. En Navarra la selva de Irati se lleva la palma como meca de estos meses que preceden al invierno. Como ya es sabido, la selva de Irati se constituye como el segundo hayedo-abetal más extenso de Europa. En él, las hayas se mezclan con los abetos blancos en una amalgama de tonos que se combinan con robles, acebos, tejos y abedules, entre otras especies. Sus árboles, asimismo, se reparten no solo en tierra navarra, sino también en suelo francés.

Se dice que es en estos bosques donde, además de encontrarse especies tan variopintas como el quebrantahuesos, la nutria, el corzo o el oso pardo, el Basajaun tiene escondida su casa. Este ser, de terrorífico aspecto, poco tiene que ver con su forma. De hecho, es conocido como protector de los bosques y, en ocasiones, ayuda a los viajeros perdidos a encontrar el camino de regreso, así como a los pastores y lugareños en algunas de sus tareas.

Como no podía ser de otra forma, la frondosidad de Irati está surcada por diversas y numerosas rutas que hacen las delicias del senderista. Rutas como el sendero de Anbulolatz, el camino de Paraísos-Erlan o el recorrido de Azalegi-Ermita de San Esteban pueden ser una buena forma de conocer este bellísimo bosque.

El Nacedero de Urederra, espectáculo turquesa

Nacedero de Urederra
Nacedero de Urederra. | Shutterstock

Si se le añade a la ecuación ocre un tono de intenso turquesa, la paleta de colores coincidirá con la del Nacedero de Urederra. Esta reserva natural se corresponde con la salida natural de un acuífero formado en el macizo kárstico de la sierra de Urbasa. Situado a las faldas de esta sierra, este enclave destaca por el color de sus aguas. Salpicado de cascadas, pozas, hayas y olmos, el Nacedero de Urederra es además un ecosistema muy frágil, por lo que su acceso está limitado y es necesario reservar antes de ir. Eso sí, el paseo no será nada difícil y es apto para todos los públicos.

El cañón del otoño y otros bosques

Cañón de Foz de Arbayún
Cañón de Foz de Arbayún. | Shutterstock

Aunque la selva de Irati es el hayedo más conocido, los bosques que pueblan las tierras de Navarra son infinitos. La Foz de Arbayún resulta un espectacular paisaje que se puede observar desde el cielo, concretamente desde el mirador del mismo. Se trata de un cañón de roca caliza excavado por el río Salazar. Morada de buitres leonados, la Foz de Arbayún resplandece en los meses de octubre y noviembre, cuando los árboles pierden sus hojas como prendas de vestir ya gastadas. El bosque de Basajaunberro, el bosque de Orgi, el Señorío de Bertiz, el bosque de Quinto Real o el robledal de Altsasu son también algunas de las arboledas que muestran su mejor cara en esta colorida estación. En Navarra no será por bosques…

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Lugares encantados de Navarra en otoño

Cueva de las brujas en Zugarramurdi
Cueva de las brujas en Zugarramurdi. | Shutterstock

El otoño no es solo hojas caídas de árboles y paisajes de infarto. Durante estos meses también una especie de embrujo recorre los lugares y los sitios. ¿Será por qué se acerca el día de Todos los Santos? ¿Por el aumento imparable de las horas de oscuridad? ¿Por la llegada del frío? Sea por lo que sea, lo cierto es que a Navarra no le faltan los sitios encantados, esos que provocan una extraña sensación a quien va a visitarlos.

El lugar de esta comunidad foral que sobresale en este ámbito es, claro está, Zugarramurdi. En este municipio tuvo lugar un célebre caso de brujería en el que varias personas terminaron siendo quemadas por orden de la Inquisición. La cueva conocida como de las brujas o de los Aquelarres se puede visitar. Es, de hecho, uno de los lugares que más visitas recibe en toda la Comunidad Foral. Pero, aparte de las historias del Basajaun o de Zugarramurdi, Navarra guarda muchas otras leyendas, como aquellas en torno a las que gira la famosa Trilogía del Baztán de la escritora Dolores Redondo.

Parque de Los Desvelados
Parque de Los Desvelados | Shutterstock

También resulta curioso el parque de Los Desvelados o de Las Calaveras, situado en en municipio de Estella. Este lugar, más que un sitio embrujado, es un enclave que invita a quien lo visita a reflexionar sobre la muerte. El artista Luis García Vidal construyó aquí tres enormes calaveras a las que adhirió algunos coches destrozados. A este extraño parque se puede acceder a través de distintas rutas de variada dificultad.

Pueblos con encanto, puertas al otoño

Son muchos, muchísimos los pueblos que salpican los paisajes de esta comunidad del norte de España. Uno de ellos, que se suele incluir entre los más bonitos, es Ochagavía. A orillas del río Anduña y enclavado en el Pirineo navarro, esta villa es puerta de entrada a la selva de Irati. Así, los colores del otoño tiznan también de color este pueblo. La iglesia de San Juan Evangelista o la ermita de Nuestra Señora de Muskilda son algunos de los monumentos que visitar en este pueblo de calles empedradas y tejados de pizarra.

Ochagavía
Ochagavía | Shutterstock

Junto al segundo enclave natural que se ha indicado antes, el Nacedero de Urederra, hay también un pequeño pueblo a tan solo media hora del paraíso otoñal. Se trata de Zudaire , situado en la sierra de Urbasa y en el margen derecho del río Urederra. Su legado histórico y su gastronomía son los atractivos principales de este pueblo, aparte de, claro está, su privilegiada localización. Más grande es la ciudad de Sangüesa, a media hora de la impresionante Foz de Arbayún. En este bonito municipio sobran los planes y también los palacios.

Navarra es, en fin, un destino ideal para disfrutar del otoño, ya sea a través de las leyendas que recorren sus pueblos o de las decenas de enclaves naturales en los que esta estación despliega su máximo esplendor.

Artículo realizado en colaboración con Turismo de Navarra.