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Maravillas de Asturias que hay que ver al menos una vez en la vida

Maravillas de Asturias que ver una vez en la vida

Entre lugares de montaña y rincones de costa, entre rutas de senderismo y descensos en piragua por un río mítico, entre santuarios sagrados y templos históricos, se cuentan por decenas las maravillas que hay que ver y vivir en Asturias. Es prácticamente imposible resumir toda la grandeza de la tierra asturiana, riquísima en todos los aspectos, por eso hay que tomarse este texto como una aproximación a ello. El resto, los grandes secretos y los pequeños rincones, pueden quedar en manos del viajero, que fácilmente se quedará con ganas de más una vez que pise esta comunidad histórica.

La relación con el mar

Pueblos de costa

La preciosa postal de Cudillero
La preciosa postal de Cudillero. | Shutterstock

La costa asturiana está salpicada de pueblos de gran belleza, historia y tradición marinera, porque Asturias no se explica sin su relación con el mar. Así, pueblos de pescadores como Llanes o Cudillero no solo ofrecen postales de ensueño que hay que intentar capturar al menos una vez en la vida: también son memoria viva de lo que ha sido este territorio desde hace siglos. Puerto de Vega exhibe con elegancia los palacios de indianos que hablan de la emigración asturiana a América, mientras que las casas en las colinas de Lastres son el ejemplo de cómo este pueblo supo adaptarse a la geografía para sobrevivir y prosperar. Viavélez, por último, es un pequeño pueblo de 20 habitantes que mira a los ojos al viajero y le dice que todavía quedan rincones en la costa asturiana a los que no ha llegado el turismo masivo.

Entornos de postal

Cabo de San Agustín
Cabo de San Agustín, uno de los mejores rincones de Asturias para disfrutar del Cantábrico. | Shutterstock

Cuando el viajero se asoma al mar que gobierna la costa asturiana, lo que encuentra son preciosos paisajes naturales. Entre Gijón y Avilés, el cabo Peñas es el territorio más septentrional de Asturias, por lo que constituye un perfecto balcón hacia el Cantábrico, que resulta desde aquí infinito. Desde el cabo Vidío, que forma un acantilado de casi 100 metros sobre el mar, puede verse este cabo Peñas y también disfrutarse de un rincón peculiar como es la Iglesiona de Vidío, una cueva formada por la erosión del mar. Este mar se ve cristalino desde los miradores del cabo Busto y se siente aún más infinito bajo los veinte metros que mide el faro de Ortiguera, en el cabo de San Agustín. Todos estos enclaves de Asturias son una maravilla que hay que ver al menos una vez en la vida.

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La relación con la montaña

Los pueblos del Urriellu

Sotres, uno de los pueblos más aislados de Asturias
Sotres, uno de los pueblos más aislados de Asturias. | Shutterstock

El Urriellu, conocido también como el Naranjo de Bulnes, es el pico de montaña por excelencia de Asturias y hay que observarlo, sobre todo, desde el mirador del Pozo de la Oración. Después hay que disfrutar de los pueblos dispersados bajo su sombra y protección. Bulnes, por ejemplo, una de las aldeas más remotas de España, a la que ni siquiera es posible acceder en coche. O Sotres, el pueblo más alto de Asturias, situado a más de 1000 metros, con sus pequeñas casas de piedra habitadas por personas que siguen dedicándose a la ganadería, como se ha hecho siempre. También Tielve, o Camarmeña, son dos localidades que sirven para entender la relación de Asturias con la montaña, que es tan importante como la que tiene con las aguas del Cantábrico.

Rutas de senderismo para disfrutar de la montaña

Ruta del Cares
Ruta del Cares. | Shutterstock

La montaña no solo hay que entenderla, también hay que disfrutarla. Para eso cuenta Asturias con varias de las rutas de senderismo más satisfactorias, por la relación entre esfuerzo y recompensa, de toda la geografía española. Por ejemplo, la ruta del Cares. Completar esta ruta supone transitar un sendero que atraviesa la misma roca de la montaña, que adentra al caminante en la profundidad de un valle verde y también azul, por las aguas del río que la da nombre. Con el Urriellu como guía, los 22 kilómetros de ida y vuelta son un viaje hacia el corazón de la montaña de Asturias. Hay que hacerla al menos una vez en la vida. También la ruta de las Xanas, otro desfiladero que parte la montaña en dos, o la senda del Oso, que aprovecha una antigua vía de ferrocarril minero, son dos caminos que ofrecen vistas espectaculares. 

Asturias, paraíso natural

Los lagos

Lago de Somiedo
Lago de Somiedo y su precioso entorno. | Shutterstock

Si los lagos de Asturias han pasado a ser conocidos en toda la geografía es porque son verdaderamente una joya natural. A pesar de que esta comunidad cuenta con más de un centenar de ejemplos, vamos a remitirnos a dos conjuntos para ilustrar esto. Por un lado, los lagos de Somiedo, uno de los cinco Parques Naturales de Asturias. Los lagos más grandes y más profundos de la Cordillera Cantábrica se ocultan aquí. Aunque los más populares, claro, son los lagos de Covadonga. En parte por el misticismo que siempre los ha rodeado, pero también porque se encuentran en un entorno espectacular, los Picos de Europa, que es una gozada explorar. Llegar a verlos cubiertos de una capa de nieve es una experiencia que no se olvida.

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El bosque de Muniellos en otoño

Bosque de Muniellos, una de las maravillas que ver en Asturias
Los colores del bosque de Muniellos, una de las maravillas que ver en Asturias. | Shutterstock

Uno puede llegar a imaginarse los colores que estallan en Asturias cuando llega el otoño, pero ni siquiera una poderosa imaginación puede llegar a recrear la belleza del bosque de Muniellos en esta época del año. Sus casi 2 700 hectáreas, declaradas Reserva Integral de la Biosfera por la UNESCO, se reparten entre las faldas de una montaña que se reviste de todos los colores de la tierra hasta formar una estampa que, de lejos y de cerca, sobrecoge por su colorida belleza. Quizá uno de los lugares más desconocidos y sin embargo uno de los imprescindibles que ver en Asturias.

Agua y más agua

El río Sella en su paso por Cangas de Onís
El río Sella en su paso por Cangas de Onís. | Shutterstock

La ruta del Alba persigue también el encanto de la montaña y los valles, pero en este caso el elemento fundamental es el agua. Discurre en todo momento junto al río Alba o Llaímo, que va formando saltos y dejando a su paso una vegetación poderosa. Por su parte, la ruta de las cascadas de Oneta lo dice todo con su mismo nombre: se trata de un paso por un frondoso bosque con el sonido del agua como banda sonora.

Esta nunca es tan importante como lo es en uno de los elementos que han hecho de Asturias lo que es: el descenso del Sella. Como actividad deportiva y como encuentro social, con personas, además, de todo el mundo, es fantástica. Pero, además, los rincones que se van dejando a un lado y otro son también una maravilla. Y si uno quiere terminar de entender esta relación de Asturias con el agua, entonces tiene que visitar Taramundi, una aldea que ha sabido aprovechar su condición de vivir entre arroyos y ríos. Hoy es casi un museo al aire libre donde se entiende cómo y por qué el agua es fuente de energía y de vida.

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Las huellas de la historia

El casco histórico de Avilés

El casco histórico de Avilés es uno de los más bonitos del Norte
El casco histórico de Avilés es uno de los más bonitos del Norte. | Shutterstock

Declarado Conjunto Histórico-Artístico, el casco antiguo de Avilés cuenta con casi un milenio de historia. Durante mucho tiempo, su puerto fue el más importante de la región, lo que explica que Avilés se convirtiera en la segunda ciudad más importante de Asturias y, con esta consideración, proliferaran en el casco histórico numerosas construcciones. Hoy pueden disfrutarse de monumentos como la iglesia de San Nicolás de Bari, del siglo XIII, la casa del indiano García Pumarino, del XVII, o la impresionante iglesia de Santo Tomás de Canterbury, del siglo XIX. El patrimonio de Avilés es mucho más grande del que el viajero puede imaginar en un principio, y es sin duda uno de los rincones que hay que ver en Asturias.

El pre-románico de Oviedo

Iglesia de Santa María del Naranco
Iglesia de Santa María del Naranco. | Shutterstock

La UNESCO declaró, hace casi cuarenta años, que las muestras de arte pre-románico asturiano eran lo suficientemente valiosas como para estar consideradas Patrimonio de la Humanidad. La mayoría de los 14 edificios se localizan en los alrededores de Oviedo, siendo especialmente conocidos los templos del monte del Naranco. Santa María del Naranco es una iglesia del siglo IX que en su origen, sin embargo, tomó forma de residencia del real. San Miguel de Lillo, por su parte, fue concebida como palacio del monarca. Ha sufrido alteraciones con el paso del tiempo, pero sigue siendo un viaje al pasado.

El santuario de Covadonga

La basílica de Covadonga entre la naturaleza
La basílica de Covadonga entre la naturaleza. | Shutterstock

La última maravilla de Asturias es una de las primeras, en realidad. La Santa Cueva de Covadonga tiene un aura único, con leyendas asociadas a varios de sus rincones y enclavada como está en un entorno insuperable, escondida entre las montañas. Está respaldada, además, por la impresionante basílica de Santa María la Real, cuyos colores ocres crean el contraste perfecto con el verde natural de la montaña. Es uno de esos lugares de Asturias que hay que ver al menos una vez en la vida, teniendo presente, además, que todo el que la visite una vez querrá volver.